La Catedral anuncia la eliminación de los grafitis que ensucian el “icónico” Micalet

El gobierno de la Seo evalúa la fórmula adecuada para limpiar sin impacto los garabatos acumulados durante años en la terraza de la torre

Los religiosos piden colaboración ciudadana contra el vandalismo

El vértice grafiteado durante años es un punto geográfico que forma un triángulo con otros dos

El vértice grafiteado durante años es un punto geográfico que forma un triángulo con otros dos / Loyola Pérez de Villegas

Claudio Moreno

Claudio Moreno

La detención de dos personas por vandalizar el Micalet llamó la atención sobre el estado de conservación del que probablemente sea el monumento más emblemático de València. Los presuntos autores, un hombre de 33 años y una mujer de 30 años, dejaron sus firmas garabateadas en la pared de la subida al campanario, en la puerta metálica de la sala de campanas, en el vértice geodésico del Instituto Geográfico Nacional y en la valla de la terraza. En total, cinco grafitis. Sin embargo, las fotos realizadas por Levante-EMV destaparon decenas de borrones antiguos que parecen serigrafiados en el vértice y su soporte. Firmas sobre más firmas desgastadas pero resistentes al transcurrir de los años. 

¿Hay un problema grave de vandalismo en la Catedral de València? Lo cierto es que no lo hay, o al menos no a ese nivel. En el Arzobispado explican que los grafitis supuestamente realizados por estas dos personas son un hecho excepcional en el día a día de la Seo, donde el comportamiento de los y las visitantes se caracteriza por el civismo. La gente respeta el valor histórico y el simbolismo de la catedral en general y del Micalet en particular, con lo que este tipo de garabatos se consideran “sucesos muy extraños”. 

No obstante, la visita a la torre lleva abierta muchos años y el aparente abandono de la señal geodésica, que goza de una protección especial, responde a un efecto acumulativo de borrones y vandalismo. Aunque el civismo es la normal, siempre ha habido y siempre habrá quien se salga del patrón llenando de tinta la piedra o el metal. Esta tinta resulta un incordio. Y es ahora cuando el Arzobispado anuncia medidas. En concreto, el cabildo de la Catedral –su órgano de gobierno– está valorando la fórmula más adecuada para eliminar todas las pintadas con el menor impacto posible. El Micalet está catalogado como BIC, de modo que toda actuación debe ser escrupulosa con el patrimonio. Será un restaurador quién diga qué producto y qué técnica debe emplearse en el monumento. 

Por lo demás, la Catedral de València ya dispone de control y vigilancia distribuida entre el personal de atención al visitante y el personal de seguridad, contratado a una empresa privada. La icónica torre campanario construida entre los siglos XIV y XVI –a la que se accede previo pago de 2.5 euros– dispone además de cámaras de seguridad en diferentes tramos de la escalera y la terraza. Están para dos cosas: por un lado, controlan el tránsito en la propia escalera, pues a diferencia de otros campanarios de España, el acceso al mirador del Micalet es de sentido único, solo se puede subir o bajar, nunca las dos cosas a la vez. La segunda función consiste en llamar la atención por megafonía a quienes se comportan de manera inadecuada. 

Quienes actúan como los dos detenidos el miércoles. Sus garabatos en naranja nuclear no pasaron desapercibidos para José Verdeguer, delegado de Patrimonio del Cabildo, que respondió llamando a la responsabilidad de todos: “La Catedral de Valencia se esfuerza diariamente en preservar su patrimonio, de casi 800 años de antigüedad, y pedimos para ello la colaboración y sensibilización de toda la sociedad para evitar que actos vandálicos como estos se produzcan, ya que daña un legado histórico que pertenece a toda la ciudadanía".

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