València: capital española del robo de bicicletas

El último barómetro de la Red de Ciudades por la Bicicleta arrojó datos preocupantes: uno de cada tres valencianos han sido víctimas del robo de su bici. La ciudad parece haber aceptado esta práctica generalizada y muchas acaban en el mercado negro sin ningún tipo de control 

Una bici abandonada en Valencia a la que le han robado las ruedas

Una bici abandonada en Valencia a la que le han robado las ruedas / Francisco Calabuig

Claudio Moreno

Claudio Moreno

Una de las noticias llamativas de la semana en València ha sido el robo de la bicicleta de Papi Robles, portavoz de Compromís. Quizás parezca anecdótica, pero es el reflejo de un problema grave y generalizado. La capital del Turia es, con Barcelona, la ciudad de España donde más bicis se birlan. Cada dos años el Barómetro de la bicicleta en España encuesta a los usuarios de todo el país para preguntarles, entre otras cosas, si les habían robado su vehículo en el último lustro. Y en la última encuesta de 2022 uno de cada tres valencianos respondieron afirmativamente. Las dos capitales del Mediterráneo empataron con un 32% de ciclistas saqueados. 

La plataforma Red de Ciudades por la Bicicleta cuenta con más de 150 instituciones adscritas, mayoritariamente ayuntamientos. Es la encargada de realizar el barómetro bianual. Este año publicará los datos actualizados después del verano. Hasta entonces, el ránking de robos seguirá liderado por Barcelona y València —que empatan incluso en las décimas, un 34,2%—, a las que siguen: Sevilla (27%). Málaga (25%), Zaragoza (24%), Murcia (24%) y Madrid (16%), la mitad de robos por usuario que en las metrópolis del litoral. 

La única herramienta de la que disponen los usuarios que respondieron al barómetro —la muestra era de 3.200 personas— es BiciRegistro.es, una iniciativa de la misma plataforma integrada por consistorios, policías locales y DGT. El sistema permite registrar gratuitamente la bicicleta de tal forma que si los agentes la encuentran pueda ser devuelta a su propietario. Y una segunda modalidad de pago simbólico con pegatinas identificativas y un código para cada vehículo. 

Tampoco existe en el seno de la Red de Ciudades por la Bicicleta la percepción de que la Policía Local de cada capital haga mucho más que tramitar la denuncia e incluir al denunciante en una base de datos. «Se quitan muchas y se dan por perdidas, como los móviles», respalda José Ferri, de Valencia Bikes, una longeva empresa con 400 bicicletas en alquiler. De su firma roban entre una y dos bicicletas al mes. Y Ferri ha identificado algunos patrones: «Más del 90% de bicicletas se roban a holandeses, en su país no hay tanta costumbre de sustraerlas así que se confían y solo ponen un candado, no los dos que les pedimos que pongan. Muchas de ellas desaparecen junto a la playa. Por ejemplo al inicio de la Malva-rosa hay centenares de bicicletas apelotonadas sin aparcamiento suficiente». 

El empresario cree que implantar un sistema de matriculas sería buena idea entre otras cosas para facilitar que se puedan asegurarse —las bicicletas cuentan con un número de bastidor, el cual no termina de tener mucha función— y explica que la diferencia entre el volumen de bicis robadas en València y Madrid es puramente matemática: la capital del Turia lleva años viviendo una explosión de usuario, alentada por el buen tiempo, la construcción de carriles específicos y la adopción de hábitos más sostenibles. Se robaría a manos llenas porque hay más oferta a la vista de los cacos. Puede ser una explicación intuitiva pero el barómetro establece una relación de robos por usuarios, sean los que sean, de modo que la razón probablemente sea más cultural.

Sobre cómo atajar este problema también habla Jaume Portet, miembro activo de la asociación Valencia en Bici, que propone considerar la prevención por otros medios distintos al registro de la matrícula en una plataforma. Para empezar, habría que reforzar la pedagogía antirrobo. Por muy normalizada que esté la práctica en la ciudad, no es de recibo que a una persona le desaparezca su medio de transporte. Causa un trastorno, más aún cuando se le tiene cierto cariño. En este sentido, Portet propone que el ayuntamiento haga campaña para que la gente no compre bicicletas sin conocer su procedencia. «Se roban porque se venden fácilmente. Muchas acaban en el mercado negro. Para poder vender una bici uno tendría que identificarse de alguna manera». 

También reclama el activista de Valencia en Bici aparcamientos públicos con cierta vigilancia, por ejemplo en parques. Que dejar una pertenencia a la vista de cualquier transeúnte no suponga vivir en un ay. Y en este sentido, dado que la calle no garantiza seguridad, sería interesante habilitar aparcabicis bajo llave en los puntos de salida y destino. La Ley de Movilidad de la Comunitat Valenciana de 2011 obliga a disponer de estacionamiento en las fincas residenciales de nueva construcción. Pero hay mucho edificio antiguo sin esas plazas, fincas viejas sin ascensor o con un ascensor donde apenas caben dos personas. La pregunta ahí es: ¿me compro una bici para dejarla dormir en la calle? A lo que le sigue el temor: ¿cuánto me durará? Es decir, el robo generalizado y socialmente aceptado termina disuadiendo del uso de la bicicleta. O dicho de otro modo: fomentar esos espacios seguros en residencias y lugares de trabajo significa fomentar la movilidad sostenible 

Porque al final la pérdida es importante. Lo cuenta la propia Papi Robles: «A mí me dio mucha rabia y aunque vas con mil precauciones en el fondo ni me sorprende. Yo lo que plantearía en este tema es que tengamos más Policía de Barrio, porque si estuvieran más por las calles tendríamos menos robos de bicicleta. Podemos buscar zonas y sistemas más seguros para candarlas, pero esto me parece clave: somos unas de las ciudades europeas con más agentes por habitante, ¿dónde están?», se pregunta Robles. 

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