Okupan varias alquerías de Benicalap y los dueños urgen a expropiarlas

El conjunto de viviendas de la Alquería del Moro está protegido como Bien de Interés Cultural y se encuentra dentro de un proyecto de ampliación de parque que el ayuntamiento no termina de ejecutar

Una de las alquerías protegidas de Benicalap que según su dueño habría sido okupada en los últimos meses

Una de las alquerías protegidas de Benicalap que según su dueño habría sido okupada en los últimos meses / Miguel Angel Montesinos

Claudio Moreno

Claudio Moreno

Los propietarios de cuatro de las cinco alquerías que conforman el conjunto de la Alquería del Moro no saben cómo deshacerse de sus inmuebles. Según explican, el Ayuntamiento de València ha renunciado a expropiar los históricos edificios contenidos en el proyecto de ampliación del Parque de Benicalap, y el rechazo les deja en una posición complicada.

Aunque la Alquería del Moro está protegida como Bien de Interés Cultural desde 2004, sólo uno de sus inmuebles, la Casa del Senyor, ha sido restaurado por el ayuntamiento. El resto se encaminan inexorablemente a la ruina tras décadas de abandono y lo que parece un callejón sin salida para propietarios, instituciones y el barrio. 

Francisco Lluna heredó una de las casas de su padre, que nació allí en 1911. La familia vivió en el complejo del Moro hasta finales de los 80 y hasta hace unos meses la vivienda —en buen estado— había estado desocupada. «Pero ahora tenemos unos okupas. Van pasando de alquería en alquería porque están todas conectadas. Una vecina con visión desde su piso ha contado al menos ocho okupas. Han echado silicona en las cerraduras y han puesto sus propios candados». 

Y añade: «Hemos denunciado a la Policía y en teoría la denuncia ha llegado al juzgado de guardia. Los agentes dicen que los tienen identificados, pero también nos han dicho que en una ocasión los okupas les instaron a hablar con su abogado». 

Por su parte, varios representantes de la asociación vecinal de Benicalap visitaron este lunes las alquerías con algunos de sus propietarios para evaluar su estado y explorar alternativas de desbloqueo. Les interesa el lugar por su valor patrimonial devenido en foco de degradación, como ya ha ocurrido en el barrio con el Casino del Americano o la fábrica de lozas de la Ceramo. 

«Lo que no tiene sentido es que declaren un edificio Bien de Interés Cultural y luego no lo expropien como dotación para el vecindario ni ayuden a los propietarios de dicho edificio», señalan en la asociación vecinal. «Hay que hacer algo ahí porque se nos va a caer el complejo encima y luego ya será tarde para todo», argumentan las mismas fuentes. 

La alquería restaurada y colindantes

La alquería restaurada y colindantes / Miguel Angel Montesinos

Lo cierto es que una de las casas ya cedió en 2018 y hubo que apuntalar la estructura con vigas metálicas. El ayuntamiento pasó la factura de 20.000 al propietario. Y el sablazo metió el miedo en el cuerpo del resto de dueños: «Al final solo nos da problemas sin ningún beneficio y lo único que queremos es que nuestro nombre no figure en la titularidad de estos edificios», afirma Francisco Lluna, quien también habla de herencia envenenada para sus descendientes.

La solución óptima para los propietarios pasa por que el ayuntamiento ejecute la ampliación del parque de Benicalap —largamente postergada— y en el proceso expropie los inmuebles por el justiprecio acordado, los cuales pasarían a ser dotaciones públicas complementarias con el estudio de grabación musical ya previsto en el único edificio rehabilitado. Ganarían los propietarios y ganaría Benicalap. Pero no es tan sencillo. 

Abandono corresponsable

Según explica César Guardeño, responsable del Círculo por la Defensa y Difusión del Patrimonio Cultural, los dueños de estas alquerías protegidas habrían desatendido durante décadas la responsabilidad de conservarlas en buen estado, y la administración debería haber hecho cumplir la ley de ordenación del territorio con inspecciones y requerimientos a los propietarios. «La degradación es como un cáncer y en estas alquerías ya hay metástasis. Están en una cuenta atrás», ilustra el experto. 

Pero la cuenta atrás no es hacia la ruina definitiva, pues los edificios, al ser BIC, tendrían que ser reconstruidos. «Llegados a este punto lo más recomendable es que los dueños donen los edificios urgentemente y el ayuntamiento intente frenar el deterioro con la vista puesta en un futuro uso público», cierra Guardeño.