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Años de resignación y paciencia en el Bulevar Sur

El Bulevar Sur, y más concretamente, la calle destinada a los vecinos como acceso y aparcamiento, estará levantado durante varios años. Aquellos que adquirieron viviendas y negocios tienen que armarse de paciencia. Además, es para un servicio que ni siquiera les va a lucir: la construcción del nuevo desvío del Colector Sur. Un mal necesario.

Las fincas frente a la Nueva Fe contemplan ya el inicio de sus obras

Las fincas frente a la Nueva Fe contemplan ya el inicio de sus obras / Moisés Domínguez

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Moisés Domínguez

Moisés Domínguez

València

«Resignación y paciencia» aseguran en un establecimiento de farmacia que está, ahora mismo, literalmente encajonado. Tanto como todos los negocios y tanto como todos los residentes que, en su momento, decidieron adquirir una vivienda en una zona nueva y pujante de la ciudad: el Bulevar Sur, en el «Nuevo Malilla». Ahora van a necesitar de mucha resignación y mucha paciencia porque, a sus pies, esperan cuatro años de trabajo. De calles cortadas, máquinas, ruido y polvo.

Todo ello es necesario para dar un servicio que luce más bien poco, pero que es esencial. Son las obras para desviar el gran Colector Sur, uno de los dos que se crearon tras la riada de 1957, y que está siendo sometido a una profunda reforma y readecuación porque las obras de soterramiento de las vías del tren invaden su trazado.

De grandes dimensiones

El colector es de grandes dimensiones y actualmente cruza por debajo las actuales vías en superficie. El túnel proyectado para soterrarlas es «incompatible con el colector actual, que impide el cruce de ambas infraestructuras se pueda resolver en esta zona», refleja el proyecto constructivo del nuevo canal de acceso ferroviario. Dicho de otra forma, al gran río subterráneo de la ciudad había que cambiarle el cauce. No fue fácil completar un diseño de reposición del colector «uno de los más importantes de la red de aguas residuales y pluviales de la ciudad», según el informe de seguimiento de València Parc Central. 

El cronograma previsto dice que en mayo de 2026 debería arrancar la sexta fase de todo el proyecto de soterramiento de las vías, que incluiría la demolición el actual colector sur, que discurre bajo la calle Ingeniero Joaquín Benlloch. Pero para llegar a ese momento ha habido que rediseñarlo todo y esto pasa por levantar lo que lleva muy poco tiempo construido y lo que anuncia una sinfonía de vallas, maquinaria y trajín para los vecinos.

La avenida de Fernando Abril Martorell es el nombre que tiene el Bulevar Sur entre la rotonda de los Anzuelos y el puente que salva las vías del tren. Está formada por los cuatro carriles rápidos y por una vía de servicio que discurre paralela. Un servicio absolutamente necesario que permitía hasta hace unos días a los vecinos separarse del resto del tráfico y acceder o a las calles del barrio de Malilla o a los inmuebles -todos ellos nuevos, todos ellos con aparcamientos subterráneos-. Ahora, esa vía secundaria va a estar inutilizada durante ese periodo olímpico, que es el previsto para completar la obra.

Edificios encajonados en la primera fase de las obras

Edificios encajonados en la primera fase de las obras / Moisés Domínguez

La primera fase, en acción

Todos van a pasar por lo mismo. Los que llevan más tiempo sufriéndolo -también, teóricamente, los que acabarán antes- son los residentes más pegados a las vías del tren. Allá donde termina la Carrera Malilla. Son pocas fincas -hay mucho descampado, que ahora se emplea como zona de trabajo- y la gran zanja ya está abierta. Emergen de ella los vehículos pesados. Un taller mecánico, una tienda de pinturas y dos fincas que se las ve ya con unas décadas de vida son las que, ahora mismo, están casi aisladas y las que tienen vistas a la nada. Enfrente, en el jardín intermedio, la vida se ha esfumado. El parque infantil está infrautilizado -no invita- y hasta la escalera que subía hacia el puente está sellada. A medias, porque una botella de ginebra aún medio llena indica que es zonas que se presta al botellón cuando llega la noche.

El tramo entre la Carrera de Malilla y Vicent Miguel Carceller queda a la espera. Es una zona poco urbanizada. Es milagroso que queden aún algunas casa de campo donde serpentea el Camino Viejo de Malilla. A éstos ya les llegará su turno. 

Empieza frente a la Nueva Fe

Donde empiezan a hacerse una idea es el siguiente y largo tramo de 200 metros, hasta el cruce con Marco Miranda. Justo enfrente de la Nueva Fe. Ahí el partido acaba de empezar con los muros previos para afianzar el futuro gran agujero que se escarbará doce metros tierra adentro -porque además, el colector ha de tener pendiente para que el líquido se decante-. Y el -necesario- caos se ha instalado: la antigua acera se ha convertido en un camino a 20 kilómetros por hora para acceder a los garajes, que se comparte con un pequeño carril peatonal -todo a base de pintura-. Por allí tienen que transitar los coches y los taxis para prestar su servicio. «Lo peor de todo, ahora mismo, es el calor. Porque las obras las han cercado con una valla de chapa metálica y eso hace subir la temperatura muchísimo».

La acera se ha transformado en vía de servicio

La acera se ha transformado en vía de servicio / Moisés Domínguez

Árboles fuera... pero estaban secos

De momento, los ruidos y el polvo que levantan es poco, porque son pocos los operarios. Que también sudan a chorros por el mismo motivo. Excavando se encuentran con lo que fue el bulevar en su tiempo: un campo de labor. Nada más pasar la capa de asfalto, el terreno es arcilla pura llena de raíces de antiguos cultivos y de otros más modernos. «Talaron los árboles, tanto a un lado como otro de la vía de servicio». No se arrancaron. «No, no: se cortaron» asegura una vecina. Pero no parece echarlo mucho de menos: «algunos estaban ya totalmente secos». Y basta recordar las imágenes recientes para llegar a la conclusión de que había algunos que, efectivamente, no iban a llegar a viejos. Los operarios se han encontrado, pese a ello, con su indómita fuerza. Con tuberías reventadas por las raíces. El corte a cuchillo del asfalto ha sacado a la luz los desagües, las tomas de luz y fibra óptica de reciente instalación.

"Que se cumplan los plazos"

El barrio es muy nuevo. Algunas fincas están aún en construcción. Con muchos matrimonios jóvenes. Es el sitio que quedaba libre en la ciudad, al precio de dilapidar miles de hectáreas de huerta. «Vinimos aquí porque era donde estaba creciendo la ciudad. Ahora toca aguantarse y lo más que podemos esperar es que se cumplan los plazos». Que hablan de un año en este tramo. Después llegará la última fase, en dirección a los anzuelos. Es la eterna contradicción: obras que se hicieron sabiendo lo que iba a pasar. «Lo ideal habría sido no haberse pensado tanto lo de soterrar las vías». La ciudad apretaba y el afán por construir también. Ahora toca «esperar que dure lo menos posible».

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