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La parte olvidada del bulevar García Lorca

El gran debate urbanístico de la ciudad tiene como protagonista el soterramiento de las vías y su conversión en bulevar, llamado García Lorca, como la calle que las bordea. Sin embargo, deja fuera dos fragmentos de la misma avenida, un disparate olvidado en la línea recta.

Los últimos metros de la avenida, en la parte trasera de La Torre

Los últimos metros de la avenida, en la parte trasera de La Torre / Moisés Domínguez

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Moisés Domínguez

Moisés Domínguez

València

A mediados de septiembre de 1979, la Comisión de Cultura del Ayuntamiento de València, ya democratizado, rotuló una calle a nombre de Federico García Lorca. Cuarenta años hubo que esperar para homenajear al poeta en el nomenclator de la ciudad. Demasiado rojo y demasiado homosexual como para rendirle honores en los años anteriores. Ese mismo día también se incorporó al callejero a Max Aub. A Salvador Allende no. Tuvo que esperar más tiempo y su vial previsto, hasta entonces Alférez Provisional, pasó a ser Avenida de Campanar.

Al poeta, más que una avenida, se le dedicó una rareza urbanística. Un pequeño gran disparate o una inversión de futuro. Le dio nombre a la trama urbana que corría, irregular, en paralelo a las vías del tren. Tanto en la zona industrial de la izquierda como en la trasera de Malilla. Es decir, trozos inconexos de calle. En un lado se topaba con la avenida de César Giorgeta y por la derecha, con Amparo Iturbi, otra calle-rompecabezas. Para acabar de complicar la existencia, la primera referencia -y así sigue en estos momentos- señala como primer número el 85.

Después de 40 años de olvido, el poeta se incorporó al callejero en 1979. La «avenida» es, desde entonces, un callejón que corre paralelo a los dos lados de las vías

Y empieza en el 85

Ahora, toda esa zona lleva ya varios años en el ojo del huracán urbanístico. Con diferentes alternativas -la presentada por el anterior equipo de gobierno y la revisión que está llevando a cabo el actual- el espacio quedará, por lo menos, reordenado. Algo que pasa por el soterramiento de las vías y la caída de los muros, obras ya en marcha. Con más o menos verde y con más o menos carretera, todo quedará, después de toda una vida, convertido de verdad en una trama urbana. Y la avenida Federico García Lorca tendrá, ahora sí, una identidad como vía de la ciudad. Un gran Bulevar. Pero no toda. Porque el poeta de Fuente Vaqueros protagoniza la mayor anomalía del nomenclator de la ciudad. Dos fragmentos de la calle-avenida se reparten por una imaginaria línea recta que continúa hasta el término municipal de Sedaví, muy lejos del Parque Central.

Puede ser normal, pero...

Es normal, suele pasar, que una calle esté partida en dos trozos a causa de una construcción que le quiebra el espinazo. Ocurre, muy cerca, con la calle Amparo Iturbi, que está a los dos lados de esa vía del tren. O la Avenida de Francia, que tiene su parte ancha y distinguida y finaliza, pasadas las vías de Serrería, al otro lado, en la Estación del Grao como apenas una callejuela -a la espera de la reordenación del PAI del Grao-. O la calle Málaga, que está interrumpida por el colegio Doctor Olóriz.

En este caso, la lejanía es más grosera. Alguien debió pensar que, en algún momento, habría un todo que trazaría una larga linea recta. La realidad es que, con el Bulevar Sur y el nuevo cauce, se han quedado unos cientos de metros en el olvido.

Separados del resto del mundo por todo tipo de obstáculos: vías del tren, descampados con asentamientos, un río artificial, huerta...

La avenida, en un sector sin rotular junto a Valturia

La avenida, en un sector sin rotular junto a Valturia / Moisés Domínguez

Una trasera sin nombre

El fragmento más cercano al centro está en Camí Real, rodeado de una parte segregada de San Marcelino. Es la línea recta que debería llevar desde Valturia al Bulevar Sur. Este trozo de calle no existía hasta hace unos años. Por no tener, no tiene ni rotulación y tampoco números asociados. De norte a sur nace en los descampados de las obras del tren, pasa por detrás del colegio Sebastián Burgos y da acceso a aparcamientos de Valturia. Y se acabó. De repente, desaparece, se topa con un jardín y con los paneles antisonido que separan esta urbanización del tráfico de la V30.

La avenida muere como pequeño trozo de calle a medio asfaltar en La Torre, muy lejos del centro

Pero aún hay un García Lorca más loco. «Dicen que el túnel llegaría hasta aquí. Incluso que se trazaría un tranvía para dar servicio a todas las fincas nuevas y que por aquí se llegaría hasta el centro». José Morilla no oculta su acento andaluz de Cádiz, pero lleva toda la vida en València, viviendo en la avenida de García Lorca. «Si, siempre se ha llamado así», aunque algunas de las viviendas mantienen la placa de Protección Oficial del antiguo Ministerio de la Vivienda, con su yugo y sus flechas y delatan que son más antiguas que aquel 1979, por lo que fue calle sin nombre. Ahora luce en las placas bien claro: «Avenida del Poeta Federico García Lorca». Pero no lo busquen ni en Malilla, ni en la Creu Coberta. Es mucho más lejos, en La Torre, bordeando el límite con Sedaví. Allí, una pequeña calle es el final del camino.

El último número de García Lorca se encuentra en La Torre: el 266

El último número de García Lorca se encuentra en La Torre: el 266 / Moisés Domínguez

Acaba en el 266

Llamarlo avenida queda un poco pretencioso. Es una calle de firme irregular, con pequeñas parcelas de «carxoferas», la vía de tren a un lado y los últimos números a la derecha. Llega hasta el 266. No hay comercios.

«Las plantas bajas son todo almacenes». Suministros de hostelería, pintura de fachadas… pero poco más. Aunque parezca increíble, tiene su lado turístico: las vías, donde pasan lánguidos los mercancías. «La vía traza una curva y se ve hasta muy lejos». Aquí viene gente con cámaras, se suben al terraplén y captan imágenes para subirlas en vídeo. Los friki ferroviarios. La gente tiene huertos cerca e incluso para llegar hay que recorrer comercios en La Torre en los que parece haberse parado el tiempo. Casi tanto como para la avenida más olvidada de la ciudad.

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