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La nueva normalidad se abre paso en Castellar-l'Oliveral

Los servicios de limpieza terminan hoy su labor y vuelven a abrir tiendas, bares, colegios y servicios públicos

Castellar recupera la normalidad poco a poco.

Castellar recupera la normalidad poco a poco. / Miguel Ángel Montesinos

José Parrilla

José Parrilla

València

Castellar-l'Oliveral es la primera de las tres pedanías de València que empieza a recuperar cierta normalidad tras la Dana. La terraza de un bar, la frutería, la farmacia, uno de los colegios o el regreso del autobús al corazón del pueblo son síntomas evidentes de una difícil recuperación, puesto que muchas calles siguen mostrando las heridas de la batalla. Pero los servicios de limpieza, compuesto por una legión de camisolas naranjas, son también muy optimistas en esto. "Quedan algunos rincones por limpiar. Mañana terminaremos y nos iremos a otro sitio", calculan.

Servicios de limpieza cargando enseres de las calles en Castellar.

Servicios de limpieza cargando enseres de las calles en Castellar. / Miguel Ángel Montesinos

"Ha sido un milagro"

Empar Puchades, presidenta de la asociación vecinal de Castellar l’Oliveral, verbaliza sus sensaciones una semana después de la tragedia: “Castellar ha estado muy afectada pero mucho menos que los pueblos de arriba de la Pista de Silla. Ha habido muchos daños en casas, pero, por ejemplo, yo vivo en medio de la huerta entre la pista y el pueblo y ha sido un milagro, porque la propia huerta ha cumplido su función absorbiendo el agua. No obstante, insisto, es cierto que Castellar l’Oliveral ha estado un poco menos dañada, ha podido estar más comunicada y ya va saliendo de la tragedia. Toda la calle principal está transitable y se ha hecho recogida de todos los enseres. Además, se está canalizando desde aquí mucha ayuda y recursos para distribuir a los pueblos. Vamos recuperando cierta normalidad dentro de las circunstancias”.

Trabajos para despejar las calles de Castellar.

Trabajos para despejar las calles de Castellar. / Miguel Ángel Montesinos

Calles despejadas

Basta pasear por el pueblo para ver las calles casi despejadas, los coches más afectados apartados a las aceras, la mayoría de los garajes mostrando ya únicamente las marcas que dejó el agua en sus paredes y muchos de los locales comerciales abriendo sus puertas. Una de las mujeres que aún se afanaban en limpiar su planta baja resumía la situación. "Los coches están destrozados y ha sido muy duro, porque un vecino de aquí abajo se lo llevó el agua. Pero parece que esto empieza a despejarse y tenemos que seguir...".

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