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Las Rocas superan la prueba del Traslado y fascinan al visitante

La Festa Grossa cumple el rito de llevar carros y elementos procesionales a brazo ante una sorprendida multitud

El ayuntamiento espera sacar por lo menos dos rocas más el próximo año para acompañar a las tres actuales

Traslado de las Rocas del Corpus

Miguel Angel Montesinos

Moisés Domínguez

Moisés Domínguez

València

El Corpus de València ya está en la calle. Lo estaba desde primera hora de la mañana, pero ahora ya ha tenido su particular baño de multitudes. Uno de esos que, cada año que pasa, es una oportunidad perdida. Porque algo que parece una normalidad, porque "se lleva haciendo toda la vida" es, en una ciudad nueva, con un público diferente, un espectáculo excepcional. 

Lo tiene todo: un desfile de figuras movidas a brazo. Incluyendo unas figuras de fauna fantástica y tres carros. Por calles antiguas y al son de la música. Es el ritual de llevar los elementos procesionales desde las Alameditas de Serranos hasta la Plaza de la Virgen. Allí se quedan para observación general desde el primer minuto y hasta el domingo. 

Es un espectáculo fascinante, pero primero hay que volver a la realidad doméstica: prueba superada. La Roca del Patriarca hizo el camino sin incidentes. Con sus neumáticos duros puestos en el "pit lane" y reluciente con su color marrón oscuro y su espectacular tamaño. La figura de Juan de Ribera fue la primera de los tres carros que enfiló la calle Serranos. No hay que negarlo: cualquier gemido era sinónimo de "que no le pase nada". Y no, no le pasó nada. Bajó valientemente la rampa y fue estacionado, junto con La Virgen y el Santo Cáliz, frente a la Basílica, mediante los trabajadores de la empresa municipal. A partir de ahí, carne de foto, vídeo y selfi. 

El aparcamiento es espectacular, pero para quien lo ha visto en otra época, con hasta once carros estacionados, resulta decepcionante. El fallo multiorgánico que sufrieron ha reducido a una raquítica expresión su exhibición. En el ayuntamiento se cuenta que para el próximo año, el del centenario, se pueda contar con dos más. La concejala de Fiestas Mónica Gil se apuntó a empujar uno de los tiros, precisamente el del Patriarca.

Volviendo a la perspectiva del visitante, nuevamente la gran demostración de desconocimiento. Como tantas otras de València, es una fiesta desconocida. A ojos forasteros es una especie de cabalgata de cosas raras. Que se intuye religioso por la iconografía, pero que es, como tantas otras, una fiesta "que te encuentras". A pesar de que, en su simplicidad, sea un acto fascinante. Y eso que es sólo el de trasladar rocas, dragones y tortugas. El domingo, con danzas, personajes bíblicos, gigantes, pirotecnia, balcones y música, es un cóctel de primer orden. 

El programa anuncia para este sábado una jornada completa de exhibición. Amics del Corpus despliega una cuadrilla de "explicadores". A las 18 horas se interpretarán los "misteris" y a las 23 horas habrá un concierto de la Banda Municipal. La Procesión, el domingo, pero el viernes por la tarde, la calle Avellanas ya estaba llena de sillas espontáneas para coger sitio. 

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