La València sucia: contenedores llenos y calles sin baldear enfadan a los vecinos
El ayuntamiento adjudicó en 2023 el llamado "contrato del siglo" por 1.300 millones con el compromiso de las tres adjudicatarias de mejorar la limpieza de la ciudad, algo que los barrios dicen no haber notado

Basura acumulada en una de las calles del barrio de Benimaclet / Ana de los Ángeles
En los rankings de las ciudades más limpias se cuelan capitales asiáticas (Singapur, Tokio), algunas de Oceanía (Wellington, Adelaida) y unas cuantas europeas (Copenhague, Oslo, Reykjavik, Zurich). Ninguna española. Ninguna mediterránea. Las capitales de las regiones más desarrolladas lo son en cierta medida por su alto concepto del orden y la limpieza, porque aspiran a sublimar la recogida de residuos, algo que en este rincón del mundo está lejos de alcanzar la perfección. València juega en una liga más humilde. Compite consigo misma. Y de momento va perdiendo.
A principios de año, el barómetro de la ciudad reveló que la segunda preocupación de los vecinos era la falta de limpieza de sus calles, solo superada por los precios de la vivienda. En la misma encuesta, un tercio de los residentes de València opinaba que la limpieza de la ciudad ha empeorado, frente al 14% que considera que ha mejorado y el 54% que lo ve todo igual. Una preocupación que ha vuelto a quedar de manifiesto en los presupuestos participativos, donde muchas peticiones inciden en la suciedad de los barrios.

Un sofá abandonado en el barrio de Orriols / Levante-EMV
Todo ello pese a que el Ayuntamiento de València adjudicó en 2023 el llamado «contrato del siglo» por 1.300 millones y 15 años de duración a las empresas Sociedad de Agricultores de la Vega, Fovasa y FCC. El mayor contrato jamás adjudicado en el 'Cap i Casal' se materializaba en un batallón de 1.192 operarios y 508 vehículos, buena parte de ellos eléctricos, que se desplegarían por la capital, los barrios y las pedanías con el reto de dejarla impoluta. Más tarde, la barrancada del 29 de octubre mermó los recursos de dos adjudicatarias con maquinaria en la zona cero y la alcaldesa María José Catalá les exigió recuperar la dotación acordada por contrato.
El resultado es que València sigue teniendo un problema con la suciedad. Levante-EMV ha consultado a una docena de asociaciones vecinales de diferentes barrios y prácticamente todas consideran que sus calles deberían estar más limpias y los contenedores mucho más atendidos. Algunas entidades señalan que el incremento de presupuesto no se está notando; otras directamente aseguran que sus barrios están ahora más sucios. Todas coinciden en señalar que las quejas formales se atienden con diligencia.

Basura acumulada en la Raïosa / Levante-EMV
«Aquí tenemos zonas especialmente sucias y otras que se limpian pero parecen sucias porque la conducta asocial impide que luzcan», introducen en la asociación vecinal de la Malva-rosa. «Tenemos puntos negros como la Plaza María Carbonell y muchos descampados donde el follaje ayuda a ocultar basura. En general en el barrio hay una imagen de descuido que se incrementa en verano y contrasta con el cuidado de la zona de playa, a solo cinco minutos. Faltan limpiezas más intensivas, retirada de residuos más frecuentes y campañas de concienciación para que el espacio público sea la continuidad del domicilio», señalan en el barrio marítimo.
«Aquí tenemos un problema de incivismo», dicen sobre su barrio en la plataforma vecinal Orriols en Lucha. «Limpiar se limpia, pero la gente deja todos los trastos en la calle y hay muchísima suciedad», cuentan los vecinos de Orriols. «Les pedimos que pongan multas. Que sancionen para acabar con estas prácticas, porque hay quien es capaz de sacar el piso entero a la calle y dejarlo ahí tirado sin llamar al 010. En el ayuntamiento prometen cosas pero luego no cumplen. Queremos que las buenas actitudes se transformen en hechos», reclaman en el barrio del norte. «Las aceras están pegajosas y huelen mal. Tendrían que baldear más», añaden.

Contenedores colapsados en el centro histórico de València / Francisco Calabuig
La falta de limpieza no solo es patrimonio de los barrios periféricos. La zona noble de València también tiene queja. En la asociación vecinal del Pla del Remei hablan de la teoría de las ventanas rotas para ilustrar el problema de la capital valenciana. Dicha teoría vinculada a la criminología defiende que la delincuencia y el comportamiento antisocial crean un entorno urbano que fomenta el delito y el desorden. La ventana rota en un edificio implica cierto abandono y, por tanto, reduce la responsabilidad sobre lo que le ocurre. ¿Qué supone una bolsa de basura junto a un contenedor anegado? «Los contenedores están a reventar de plástico y cartón. Falta paso de recogida y que los servicios públicos sean más ágiles. En verano el olor del contenedor orgánico es fuerte. Conde Altea y Císcar suelen estar bastante sucias porque los bares tienen obligación de limpiar sus terrazas pero algunos no lo hacen», explican en el céntrico barrio.
Hablan en esta y otras zonas concurridas de València de tendencias más complejas con impacto. Por un lado, el creciente sinhogarismo y la gente abandonada a su suerte en las calles de la ciudadd. Por otro, el creciente turismo, en ocasiones descontrolado. «Nosotros somos un parque de atracciones», dicen en la asociación vecinal del Cabanyal. «Mucha gente hace botellón en la Marina y luego te encuentras en el barrio cubatas a medio hacer, carros de la compra, botellas, latas de cerveza. El Cabanyal paga la resaca de la fiesta. Además, el barrio se ha llenado de apartamentos turísticos y muchas obras ilegales vierten los escombros aquí. Desde la asociación vecinal presionamos al ayuntamiento con registros de entradas, pero no podemos ser un escuadrón ciudadano dando parte diario de las conductas incívicas», dicen las mismas fuentes.

Acumulación de cartón en el centro de la ciudad / Miguel Angel Montesinos
Palomas y trastos
Las mismas críticas se suceden en gran parte de los barrios, aunque el malestar crece en círculos concéntricos del centro (más cuidado) a la periferia (más desatendida). Aceras llenas de colillas. Papeleras a reventar. Latas de cervezas ensuciando el Patrimonio Histórico. Jardines regados de plásticos y otros materiales de dudosa procedencia. En Patraix maldicen los excrementos de las palomas y la falta de poda. En la Saidïa hablan de solares convertidos en vertederos. En Malilla han observado plagas de cucarachas y contenedores rotos. En San Marcelino y Benicalap valoran que «hay una clara falta de limpieza». En la Raïsa hablan de «barrio-pocilga». En Tres Forques se quejan de los «regalos» de las mascotas. En Benimaclet redundan en la idea del incivismo y aportan una reflexión: «De nada sirve que haya recogida gratuita de enseres si después la gente deja el sofá tirado en el contenedor. Un servicio público como éste debería estar gestionado de manera directa y no por empresas privadas, puesto que eso empeora su calidad».

Sillas y trastos en medio de la calle en el Cabanyal / Germán Caballero
El dictamen vecinal apunta en dos direcciones. En el capítulo de la autocrítica, existe la sensación generalizada de que parte de la ciudadanía en la tercera ciudad de España -el último censo es de 844.424 habitantes- hace poco por convivir con el resto. Tal vez sea una cuestión cultural y por ello se piden campañas de sensibilización que eduquen en el civismo. O quizás sea pura desidia con efecto contagio y entonces reclaman campañas de sanciones que metan en vereda a quienes siguen dejando frigoríficos de casi dos metros en cualquier esquina. Merece la pena recordar que el ecoparque de València tiene en la puerta un vertedero ilegal.

Suciedad acumulada junto a la estación del Cabanyal / Germán Caballero
En lo que atañe al consistorio, sus contratas prometieron invertir más de 100 millones en mejorar el baldeo, la frecuencia de paso y renovar los contenedores, algo que los barrios aseguran no haber notado. «No podemos estar detrás con la app, llamando al 010 y metiendo registros de entrada diarios. El ayuntamiento debe coger las riendas», reclaman.
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