València inaugura una Navidad con lleno absoluto
El encendido en la plaza del Ayuntamiento anuncia lo que puede ser una constante en los próximos fines de semana con una ciudad literalmente colapsada

Germán Caballero

La ciudad de València ya celebra la Navidad. Desde que, diez minutos antes de las ocho de la tarde, se encendiera la decoración de Navidad ante un lleno absoluto, de "mascletà", en la Plaza del Ayuntamiento. El árbol ya luce sus colores dorados, con estelas de estrellas blancas como principal adorno de una ciudad que tendrá ahora mucho tiempo por delante para cambiar el registro desde la rutina. Una fiesta que lo ha sido con un poder de convocatoria abrumador.
El tiempo cierra heridas, sobre todo si están a algunos kilómetros de distancia. El año pasado, la inauguración de la Navidad en la ciudad de València se hizo con cierto tiento. Había que hacerla, porque enconcharse en el dolor solo traería más negatividad. De hecho, esta parte final de año es, sobre todo, una excusa para salir a la calle, disfrutar y, sobre todo, consumir. Y eso le interesaba a todo el mundo, incluyendo a personas y empresas afectadas por la dana. Eso sí, el encendido de la plaza se hizo bastante más tarde de lo habitual, ya en la primera semana de diciembre. Por respeto.
Para el curso 2025-2026 ya se ha vuelto a la normalidad. Y, de hecho, el acto inaugural ha sido especialmente temprano. Una referencia importante para este evento, como es el Maratón, queda muy atrás. Los miles de visitantes que acudirán dentro de dos fines de semana procedentes de toda Europa y medio mundo se encontrarán ya con la decoración y el ambiente a pleno rendimiento.
Para la ciudad, el acto de encendido es el inicio de lo que van a ser un mes y medio de actividad redoblada. Y de mucha tensión organizativa, que se verá reflejado en seguida. Si València da ya el aspecto de ciudad llena de forma permanente, la Navidad es, después de Fallas, su momento de mayor aglomeración. Y se verá, sin ir más lejos, este sábado. Con el árbol encendido, la pista de hielo, el carrusel, los belenes, las guirnaldas, los comercios... todo es como una gran invitación a salir a la calle. Siendo sábado, el cierre por lleno absoluto puede ocurrir en cualquier momento. Por si acaso, lo más prudente será estar al tanto por si acaso, como tantas veces últimamente, acudir con vehículo propio se convierte en una ratonera. Los aparcamientos pudieron asumir la afluencia, pero llegr con el tiempo justo era grantía de ver y escuchar en la centésima fila.
Para que eso suceda, antes tenía que quedar inaugurada la Navidad. Ya se hizo la pre-ceremonia 24 horas antes con el encendido en Nuevo Centro. Y ahora sí que era el momento de la plaza grande. Y sí: todo ha cambiado. En esta ocasión la música es el hilo conductor en el árbol. Donde hace doce meses se señalaban los pueblos afectados, en un acto de fe y solidaridad, ahora hay corcheas y semicorcheas.

València inaugura una Navidad con lleno absoluto /
A las siete y media empezó la ceremonia. Media hora de concierto con l participación de la Coral Juan Bautista Comes, desde el balcón municipal. Con su toque Disney y el típico relato de un lugar donde no hay alegría y ésta llega de repente. Con su toque Disney ("When You Wish upon a Star", la canción de Pinocho asimilada como hit navideño desde hace tiempo) seguida de dos piezs navideñas, Chistmas Canon e Immanuel para posteriormente tomar el micro la cantante Melani con un medley nuevamente de Disney. Yaimar Peña, solista del coro infantil, cerró como previo a la cuenta atrás. La coordinación funcionó perfectamente y la activación de la palanca -que no activa nada, pero que queda muy plástica- convirtió la penumbra en luz, acompañada de pirotecnia, papelitos de colores y música a todo volúmen.
A partir de ahí, la plaza se convirtió en una discoteca navideña, con los grandes hits al uso. En la que moverse era poco menos que una proeza. Gigantismo absoluto porque en su momento se podía más o menos transitar y hacerse una foto con el árbol. A la gente le costó muchísimo poder transitar cuanto apenas. Teniendo en cuenta, además, que la plaza no se podía transitar hasta que no se retiraron las vallas de la zona de autoridades y ni aún así.
En los últimos años, y por proceso acumulativo de las diferentes legislaturas, València ha pasado de ser una ciudad ramplona en lo tocante a la ambientación navideña, a ponerse en un lugar, por lo menos, equilibrado. No es su fiesta mayor, como en Vigo, no precisa de un derroche propio de ciudad grande, como Madrid, pero tampoco es una ciudad en la que se adornaba poco y mal. Y, de hecho, se ha aprendido de lo que han hecho otros. Como València ya lleva la aglomeración de serie, hay que prepararse para la Navidad más larga y tumultuosa. Y seguramente, gastosa.
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