Casas que vuelven a la vida en el Cabanyal
Las subastas de viviendas y solares municipales en el Cabanyal han traído al barrio nuevos vecinos que coinciden en señalar la odisea que han pasado para volver a hacer habitables las casas, auque ninguno se ve ya viviendo en otro lugar

Alicia, cabanyalera de toda la vida, con su perra Niza en la puerta de su casa restaurada en la calle Progreso / Fernando Bustamante
Las subastas de viviendas y solares propiedad del Ayuntamiento de València en el Cabanyal, comprados en su día para derribar y conectar la avenida de Blasco Ibáñez con el mar, han sido una oportunidad para parejas, familias y pequeños inversores, locales y muchos extranjeros, de instalarse en el antiguo barrio de pescadores, de ubicación privilegiada frente al mar. Un pueblo dentro de la ciudad, donde la vida parece tener otro ritmo. Levante-EMV ha tenido ocasión de hablar con algunos de estos nuevos vecinos.
Sus testimonios dejan ver la cara y cruz de estas operaciones, con no pocas vicisitudes a la hora de volver a hacer habitables unas viviendas ruinosas, castigadas por el abandono y la ocupación, que pese a todo mantienen el encanto de los techos altos con vigas de madera, los suelos de Nolla y los patios interiores, pequeños oasis domésticos con espacio incluso para pequeñas piscinas o albercas.
Alicia, aparejadora de formación y oficial de bombero de profesión, vive con sus dos hijas y sus dos hermanas en una de las viviendas del Cabanyal rehabilitadas. Compraron en la calle Progreso una casa con salida a dos calles, que han reconvertido en tres casas independientes. Todas las hermanas tienen hijos, algunos en camino. «Somos como una tribu», apunta Alicia, que explica que su familia ha vivido toda la vida en el barrio. Tenían un restaurante en la playa y han vivido desde pequeñas la situación de un barrio que el proyecto de la prolongación de Blasco Ibáñez convirtió en territorio comanche, con problemas de ocupación ilegal, degradación urbanística y droga.
"Rehabiitar la casa fue una odisea"
Tras la derogación del plan de la prolongación en 2015, el barrio «se ha recuperado mucho», aunque tampoco es igual que antes. Alicia y sus hermanas han apostado por vivir en el Cabanyal. Compraron por 150.000 entre las tres la casa de Progreso en la subasta de 2016, una puja a la que solo se presentaron ellas. «Rehabilitar la casa ha sido un inversión muy importante, y toda una odisea, el constructor nos dejó tiradas, pero pudimos resolverlo; al final, ha merecido la pena». «No me iría del barrio por nada del mundo, pero me da pena pensar que mis hijas no van a poder vivir aquí porque los precios se han disparado y no se puede comprar nada. Están pidiendo medio millón por un solar».

Vivienda nueva construida en la esquina de Los Ángeles con Carlos Ros, en uno de los primeros solares subastados en el Cabanyal. / F.BUSTAMANTE
Los cabanyaleros de toda la vida «tenemos un apego especial al barrio». El boom del barrio no lo vieron venir. «Hemos pasado de la degradación total a la locura, no ha habido término medio». La convivencia en la calle Progreso, la que fue zona cero de los derribos y la degradación del Cabanyal, «es muy buena, aunque hay contraste». Pared con pared vive una familia gitana, enfrente Alicia tiene un vecino alemán y otro italiano, pero «entre todos nos ayudamos». «El barrio está muy animado, han abierto muchos restaurantes y cafeterías, aunque es verdad que falta comercio».
«Me da pena pensar que mis hijas no van a poder vivir aquí ya porque los precios están disparados»
La experiencia no le ha ido tan bien a otros compradores como Pablo (nombre ficticio). Tras un largo periodo viviendo en Londres decidió volver a València hace cuatro años. Sus abuelos eran del barrio, aunque el se crió en Benicalap. Accedió a la subasta de 2021-2022. «Los precios eran todavía razonables». Compró un piso pequeño en Vidal de Canelles, de unos 60 metros cuadrados, por 50.000 euros para rehabilitar. Con el tiempo han descubierto que el edificio tenía aluminosis y problemas estructurales. Ahora han conseguido optar a las ayudas del programa de rehabilitación ARRU y empiezan a ver más cercano el día de poder empezar a rehabilitar el piso.
Contando la derrama para reparar el edificio y la reforma de su casa calcula que la aventura le saldrá como si comprara un piso nuevo, aunque casi sale rentable porque los precios en el barrio han subido exponencialmente en pocos años. Aconsejan a quienes se metan en una subasta que comprueben las condiciones de los edificios. Plan Cabanyal siempre ofrece la posibilidad de visitar los inmuebles antes de pujar por ellos.
El de Pablo es un caso que avala aquello que se suele decir en el gremio de la construcción de que es más fácil y barato construir de nuevas que rehabilitar. La experiencia de quienes compraron suelo para edificar también lo acredita con buenos ejemplos de integración de lo nuevo y lo antiguo en la calle San Pedro, en los números 82-84 o en la calle de los Ángeles esquina con Carlos Ros. Los propietarios son en ambos casos jóvenes arquitectos que vieron la oportunidad de comprar en el Cabanyal y diseñar su propia casa.

Alacena antigua de una casa rehabilitada en el Cabanyal donde se han conservado los suelos de mosaico de Nolla / F.B.
Este diario ha podido hablar con familias que decidieron arriesgar, comprar y restaurar antes incluso de que se aprobara el nuevo plan especial del Cabanyal. Es el caso de un profesor de la Universidad Politécnica de València que compró una vivienda en Luis Despuig un edificio que estaba justo en la línea de (derogada) prolongación de Blasco Ibáñez. El y su pareja buscaban una casa antigua con espacio para sus hijos. Se mudaron de una zona bien en la Alameda al Cabanyal. «Todos nos decían que estábamos locos», pero se enamoraron de la casa de estilo modernista popular.
"Todos nos decían que estabamos locos"
El primer arquitecto les propuso hacer algo más diáfano, pero los propietarios querían mantener la esencia de la casa, incluido el ligero desnivel del suelo, decorado con diferentes pavimentos de mosaico de Nolla, «auténtico», puntualiza el dueño. El preferido de la propietaria es el de la entrada que reproduce un naranjo. También han conservado una alacena antigua y objetos que había en la casa. «Es casi una casa museo», apuntan. El amplio salón con chimenea y cocina integrada da acceso al lugar más disfrutado en verano, el patio interior. Aunque tuvieron problemas con el contratista y los arquitectos finalmente tienen la casa que querían. “No me imagino viviendo en otro sitio. Nos conocemos todos, vivir a pie de calle es un lujo”. En la reforma invirtieron el triple de lo que les costó la casa, que llevaba cerrada 40 años. Creen que “ahora sería imposible hacer algo así”.
En las siete pujas que se hecho desde 206 se han vendido 70 inmuebles, muchos aún por rehabilitar
El arquitecto David Estal da fe de que la rehabilitación de casas en el Cabanyal puede ser una aventurada arriesgada. Su despacho ha restaurado más de 14 viviendas de particulares en el Cabanyal (también es el responsable de la cuidada restauración de l’Escorxador, en la calle San Pedro, un edificio municipal recuperado como dotación del barrio).
Explica que la mayoría de casas en las que ha intervenido son de clientes que eran el barrio, también de fuera. «Suelen ser obras complicadas, porque las casas tienen muchas patologías, como termitas, uralitas y humedades porque se construyeron directamente sobre la arena». «Son viviendas protegidas que tienen que pasar por la comisión de patrimonio, el tema se alarga hasta la concesión de la licencia. Adaptarlas a la normativa de eficiencia energética, requisito imprescindible para poder optar a las ayudas públicas, todavía complica más todo. Requiere mucho papeleo».
"Son obras muy complejas"
Aparte está el problema del encarecimiento, no solo de los precios de las casas y solares, que se ha quintuplicado, también el del metro cuadrado de obra. Si hace unos años estaba en 900 euros/m2 ahora está en 2.000 euros. «Puedes comprar una casa barata en las subastas de plan Cabanyal pero al final sale cara por las patologías y va a ser como si tuvieras que hacerla de nuevas». Eso si «si te sale bien, vas a tener una casa singular en un sitio privilegiado”. “Nada que ver con los edificios cebra que se están construyendo por toda la ciudad”.
Problemas en suma que, junto con la subida de los precios de salida de las subastas, hacen que alrededor de un 20% de las viviendas vendidas por el ayuntamiento entre 2016 y 2023 esté aún por recuperar. Menor es aún el grado de ejecución de las que se enajenaron entre 2024 y 2025. En las siete pujas de inmuebles propiedad de plan Cabanyal que se han llevado a cabo en estos años se han adjudicado cerca de 70 casas, naves y solares.
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