Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Capítulo 2 de 'A pie de barrio':

El resurgir del mercado de Rojas Clemente gracias al relevo generacional y sus nuevos puestos

El mercado se ubicaba, en sus inicios, en la plaza de San Sebastián, enfrente del Jardín Botánico, pero no fue hasta 1963 cuando se trasladó hasta su actual enclave. "Aquí hemos pasado épocas buenas, regulares y malas"

Capítulo 2 de 'A pie de barrio': el resurgir del mercado de Rojas Clemente impulsado por el relevo generacional y sus nuevos puestos

Esteban San Canuto / Paula Fernández

Nada más entrar al mercado de Rojas Clemente nos recibe Pilar. Tiene 85 años y no duda en caminar desde Pérez Galdós con su andador para hacer la compra. Lleva 50 años viniendo aquí, desde sus inicios, cuando el mercado se encontraba en la calle. Sin apenas preguntarle, nos confiesa: “Vengo a esta parada porque lo tiene todo especial, no me engaña nunca”. Acompañada de su hija, que la ayuda con la compra, nos abre su carro y nos enseña orgullosa todo el género. “Me llevo conejo, pollo, mi hija hamburguesas de todas las clases y recién hechas”. Más que una clienta, Pilar parece una comercial. Sus palabras hacen que el dueño de la carnicería se emocione. Medio siglo les ha servido para crear una amistad “única”.

El mercado de Rojas Clemente se ubicaba, en sus inicios, en la plaza de San Sebastián, enfrente del Jardín Botánico, pero no fue hasta 1963 cuando se trasladó hasta su actual enclave. “Aquí hemos pasado épocas buenas, regulares y malas”, afirma Vicky. Ella es la propietaria de la única pescadería y lleva 32 años en este puesto. Ilusionada y con una sonrisa en su cara, cree que la situación actual se puede revertir. “Hay gente que se ha jubilado, pero los nuevos puestos vienen con ganas; hay una renovación generacional y estamos ilusionados”.

Palestina a València: unidas por el Mediterráneo y la ruta de las especias

Uno de los puestos que forman parte de ese relevo es el de Ibrahim y su esposa Paula. Él, palestino; ella, valenciana. Para aquellos que han sido expulsados de sus tierras, es necesario tener una conexión con sus orígenes, en este caso culinarios. Esta es la razón de ser de esta parada. “Es muy importante mantener la cultura aprendida de tus madres y abuelas”, comenta Malin, empleada de Marhaba: Palestina a la taula.

La misma palabra, utilizada tanto en valenciano como en árabe, dio nombre a la parada. “Otra conexión, como muchas otras”, comenta. Ella, de origen sueco, conoció a Ibrahim a través del activismo y el voluntariado en la organización Voces por Palestina, una entidad que nació para acompañar y amplificar la lucha de este pueblo.

Los nexos entre València y Palestina, unidos por el Mediterráneo y la ruta de las especias, motivaron la creación de este puesto. El Cap i Casal, con su puerto, se convirtió en un punto clave para la importación de productos como canela, pimienta negra, tomillo y sésamo, especias provenientes de Oriente Medio.

Antes de adentrarse en el mercado, Ibrahim y su mujer celebraban talleres de comida palestina, que siguen realizando hoy en día. Tanto tráfico en su casa les generó la necesidad de expandirse y tener un punto de encuentro cerca de su hogar, para que sus amigos y clientes pudieran adquirir productos. La casualidad hizo que un puesto en el mercado se quedara libre. Accedieron a la subasta y se quedaron con él.

Cuatro semanas después de su apertura, Malin explica que muchos clientes “vienen con curiosidad”. Aquellos que se informan y siguen el genocidio del pueblo palestino se interesan por sus productos y su cultura.

Del mundo digital al comercio local

Llevan dos semanas. Son dos parejas que se han unido para abrir un puesto que llevaba 15 años cerrado. Rosa y su novio provienen del mundo digital y del diseño web; Roberto y María, de la restauración, con una vinoteca a sus espaldas. No lo dudaron y se embarcaron en un proyecto que “busca ofrecer productos locales y artesanales que tengan sabor”, comenta Rosa, una de sus fundadoras. Una propuesta arriesgada, con embutidos “de calidad” de España, Italia y Francia, que pretende quedarse. Tanto que quieren ampliar el negocio y lanzarse al comercio digital para llegar al público más joven. “Está pensado para atender los horarios a los que el mercado no llega”.

Sin duda, el mercado de Rojas Clemente es un símbolo del Botànic: un espacio de comercio de proximidad que conecta tradición y vida social. Pero también es un fiel reflejo de la constante evolución de la ciudad y de sus retos: años de deterioro, obras y la necesidad de modernizarse para seguir siendo el corazón del barrio. Su renovación ya ha empezado, ¿hasta dónde llegará?

Tracking Pixel Contents