El Mercado de Jerusalén reclama tener una mayor visibilidad: “Que se enteren en la calle que aquí estamos”
Los comerciantes llevan años exigiendo una mejor señalización que les permita aumentar la clientela

Esteban San Canuto
Salimos de la redacción con dirección a Matemático Marzal. Nada más llegar, nos damos de bruces con el casal de la falla Convento de Jerusalén. Llama la atención y es lo primero que se ve. El mercado, pese a tenerlo al lado, cuesta encontrarlo. Al entrar y empezar a charlar con los comerciantes, rápidamente lamentan este hecho. “Si tú tienes un buen marketing en la calle, la gente entra”, comenta Toñi. Ella es la presidenta de un mercado que se encuentra dentro de un bloque de viviendas. “Me parece muy bien que esté el Central, el de Jesús, pero tienen más visibilidad que nosotros”, explica. El letrero, sin iluminación ni una mejor señalización, provoca que muchos transeúntes pasen de largo, ignorando su presencia. “Llevamos así 25 años”, sentencia Toñi.
El Mercado de Jerusalén nació en la calle. Los puestos ambulantes eran sus paradas. No fue hasta 1998 cuando el Ayuntamiento de València compró unos bajos comerciales entre las calles Matemático Marzal y Estrella. A partir de ahí, más de 600 metros cuadrados le dieron continuidad.
En sus inicios, fueron hasta 30 comerciantes los que cohabitaban en su interior. Pero esa cifra fue menguando de forma progresiva. A día de hoy, son nueve los que mantienen el mercado. Los puestos cerrados llaman la atención. Las rejas no pasan desapercibidas para nadie. Pero, entre tanta persiana bajada, también queda hueco para la esperanza.
Encarni la representa a la perfección. Hace tres semanas que abrió su negocio. De hecho, la tuvieron que convencer para que se quedara. “Finalmente decidí estar yo sola; como es tan chiquitín y tan acogedor, pues para mí perfecto”, explica mientras trabaja.
‘Pasión en cada corte, sabor en cada bocado’, reza su eslogan. Un entusiasmo y una declaración de intenciones que se reflejan en su mirada y en sus palabras. “Estuve trabajando casi dos años en otro puesto del mercado como carnicera hasta que me lancé”. Busca hacerse un “huequecito” y el acogimiento del resto de compañeros la anima a continuar.
El puesto de Encarni colinda con el de Emilio y su mujer. Son de los más veteranos, junto con Toñi. Representan un ejemplo de relevo generacional. Sus suegros estuvieron casi 60 años. De momento, la pareja lleva 20. “Seguimos la tradición que tenían ellos y a funcionar. Gracias a Dios tenían una muy buena clientela y nosotros la hemos conservado”, explica Emilio. Aunque el relevo termina con ellos, ni sus hijos ni sus nietos seguirán con el negocio. “No creo que las siguientes generaciones estén pensando en vender; son muchas horas, es muy pesado, complicado y poco rentable”, comenta.
Sobre esto y la competitividad con las grandes superficies, nos desvela su principal baza, la suya y la de sus compañeros, la gran calidad de sus productos y el trato con el cliente. “En el género y en la atención es la única manera en que podemos defendernos”.
Su futuro, ligado a la juventud
Con una clientela cada vez más envejecida, pero fiel, el Mercado de Jerusalén ya trabaja para atraer a un público más joven. “Los tienes que convencer, preparar el género y ponerlo todo a mano”, explica Toñi. Buscan que sean conscientes de la calidad y el servicio que ofrecen. Ella, a diferencia de las grandes superficies, no cobra por desplazarse y llevar el género a casa. Unos productos que, cuando los prueban, repiten. Emilio, con los de su charcutería, da buena cuenta de ello. “Yo sé que mucha gente joven, cuando ha venido y ha probado nuestro género, ha notado la diferencia”, nos cuenta con gran orgullo.
Lejos quedaron los tiempos de bonanza, en los que el mercado pasó de la calle al actual bajo comercial con todos sus puestos llenos. Hoy conviven con las persianas bajadas de aquellos que se jubilaron, a la espera de que el ayuntamiento atienda sus reivindicaciones y de que el público más joven se interese por ellos.
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