Crece el caos en Metrovalencia al acumular 33 incidencias solo en noviembre
El servicio de metro en València y su área metropolitana se ha instalado en una tormenta perfecta: escasez de inversiones, una red anticuada, problemas derivados de la dana y una plantilla envejecida que la Generalitat no amplía. Los pasajeros están hartos de los retrasos y los hacinamientos. Mientras, los sindicatos recuerdan que llevan diez años advirtiendo sobre esta crisis

Pasajeros bajan del metro en el final de trayecto / JM López
La cuenta de X de Metrovalencia es un reguero de malas noticias. El suburbano del área metropolitana se ha instalado en la anomalía y no hay día que no se reporte una avería, un retraso, una colisión. Solo en el mes de noviembre el servicio registró hasta 33 incidencias reforzando la sensación de caos entre el pasaje, harto de la impuntualidad y el hacinamiento en los vagones de buena parte de las líneas.
El mes comenzó con la supresión del tranvía nocturno, un arrollamiento en la línea 1, una interceptación de la vía en la línea 4, averías en los trenes a la Malvarrosa o Fira València, y más averías en la línea 8 de tranvía. La siguiente semana completa se informó del mismo problema asociado a las líneas 1, 2 y 7: “Por avería eléctrica los trenes circulan con retraso”. Estos volvieron a ser generalizados, especialmente en el tranvía. En la semana del 17 al 23 se describieron nuevos retrasos, averías eléctricas e intercepciones de vía. La línea más afectada fue la que cubre a través del eje norte-sur el trayecto comprendido entre Bétera y Villanueva de Castellón. Y la última semana más de lo mismo: circulación interrumpida entre Empalme y Pont de Fusta, o entre València Sud i Torrent Avinguda. La colisión de un vehículo. Averías eléctricas. Parones. Desesperación. Y todo eso sin contar los apagones de las pantallas o de las escaleras mecánicas.
Varias pasajeras narraban este fin de semana en un reportaje de Levante-EMV cómo era su día a día viajando en una lata de sardinas, sin espacio prácticamente para respirar, no ya para sentarse. Las mañanas en el metro que entra o sale de València son incómodas pero últimamente el peor momento con diferencia es el sábado por la tarde. Lo confirman fuentes de Metrovalencia. El sábado todos los trenes que paraban en Àngel Guimerà iban llenos y quienes esperaban en el andén se veían obligados a dejarlos pasar, pese a tener que esperar otros 7 minutos. “¿Qué pasa hoy? Es desesperante”, lamentaban algunos pasajeros. Metrovalencia recogió en sus redes una incidencia insólita: “Por afluencia de viajeros, los trenes pueden circular con retraso”.
Era el Black Friday, pero no solo. También es el colapso de un medio de transporte que se ha visto en medio de la tormenta perfecta. A los problemas ya cronificados se sumó una dana devastadora también para las infraestructuras. Ferrocarrils de la Generalitat Valenciana (FGV) tuvo que trabajar a contrarreloj para restituir el servicio en el área metropolitana, que durante ocho meses dejó huérfanos de transporte público a más de 250.000 personas.

Colapso en el centro de València el pasado sábado / Levante-EMV
Así, entre los factores que hacen que este medio de transporte viva en crisis constante aparecen algunos estructurales y otros políticos. La red completa tiene unos 165 kilómetros, de los cuales 135 kilómetros son en superficie y el resto subterráneos –sólo la línea 5 y buena parte de la línea 7 discurren bajo tierra–. Los primeros están expuestos a las inclemencias del tiempo, no es raro que se acumule agua o caigan ramas en la catenaria. Muchas de las incidencias en ese sentido, también cuando hay choques con otros vehículos, se las apunta el tranvía. Los factores externos condicionan la circulación.
Por otra parte, el uso del transporte público está experimentando un crecimiento exponencial debido al incremento de población –València ha aumentado su población en casi 20.000 personas y ya alcanza los 844.424 habitantes–, pero también al prolongado cambio en la cultura de movilidad, o la proyección turística del cap i casal, la pérdida de vehículos en la dana, las dificultades para atravesar la ciudad en coche con decenas de obras en marcha y los permanentes atascos en accesos y vías principales como Pío XII o Fernando el Católico. Eso tensiona el servicio y agrava los hacinamientos, cosa que podría disuadir de utilizarlo, sin embargo, Metrovalencia cerró 2024 con un récord histórico de 91,1 millones de usuarios.
Hasta aquí los factores estructurales, demográficos o ajenos a la empresa pública. Pero hay otros ingredientes. Mazón presentó el pasado 30 de octubre, cuando aún era president, un plan de 840 millones de euros para modernizar, mejorar y ampliar la red de Ferrocarrils de la Generalitat durante los próximos cinco años. La red se ha quedado anticuada y necesita renovaciones urgentes además de las emprendidas tras la dana –el servicio sigue saliendo de ese impacto–. Más allá de anuncios, la inversión en Metrovalencia está lejos de ir acompasada a la demanda. El Plan de Actuaciones FGV 2026-2030 contempla renovar túneles y pasos a nivel; la señalización y comunicaciones en tranvía y tramos en superficie de la red de metro, la actualización de las instalaciones eléctricas y la ampliación y mejora de los talleres. Estas actuaciones tendrán un presupuesto de 275 millones de euros.
Falta de frecuencia
Otro de los ejes del plan diseña una nueva oferta comercial en base a replantear los trayectos de Líneas 1,3 y 9 para que sean más cortos, generando una mayor regularidad en el servicio. Se establecerá como frecuencia base 12 minutos en gran parte de la red en superficie. Y precisamente esa es la otra gran crítica que se le hace a FGV. Hay impuntualidad y abarrotamiento porque la frecuencia es insuficiente. En el centro un tren puede pasar cada 7 minutos cuando hay suerte –con tantas incidencias los horarios casi no están vigentes–, pero en Llíria puede tardar entre 30 y 40 minutos.
Esto tiene relación con la falta de personal. Una vez más, de inversión. En 2023 la plantilla era de 1.840 trabajadores –más de un 30% personal eventual–. Pese a la demanda, un año más tarde la plantilla descendió a 1.763 trabajadores. Faltan maquinistas y mecánicos. “El problema ha sido que la Conselleria en estos últimos años no facilitaba ni autorizaba contrataciones”, resumen en el Sindicato Independiente Ferroviario, la fuerza mayoritaria, donde además recuerdan que llevan unos 10 años alertando sobre la crisis del sistema. “Si las vacantes o las bajas no se cubren o tardan meses en poder reponerse, tenemos un problema. Y si encima cada año con la tasa de reposición vas menguando la plantilla al mismo tiempo que ganas viajeros pues te encuentras con la tormenta perfecta. En la campaña electoral que hizo el PP ya utilizaban un eufemismo de los recortes: hablaban de optimización de recursos”, añaden.
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