Movilidad
Las obras de València estrangulan a la EMT: "Esto es una gincana"
Los trabajos en la arteria Pérez Galdós-Giorgeta tensionan el servicio y obligan a crear carriles bus de urgencia en las zonas más congestionadas. La construcción de nuevos carriles bici también entorpece la circulación de los autobuses. Los chóferes de la empresa municipal sienten que se mueven en un laberinto y los usuarios llaman a apostar más decididamente por el transporte público

Un autobús de la EMT accede a la zona de obras de Pérez Galdós / Fernando Bustamante / Fernando Bustamante

"Esto es una gincana". El lamento de un conductor de la EMT en la rotonda de Giorgeta con Tres Forques evidencia el sentimiento con el que trabaja buena parte de la plantilla de la empresa municipal. Los conductores se han acostumbrado a sortear zanjas, vallas y barreras viales del más de centenar de obras que se mantienen activas en València.
Lo decía este fin de semana el presidente del Comité de Empresa en un reportaje de Levante-EMV. Los retrasos acumulados por las diferentes rutas de la EMT están relacionados con el déficit de vehículos, los problemas mecánicos de los vehículos (un día normal se quedan más de 15 convoyes en el taller sin poder salir) o el absentismo laboral, pero también pueden explicarse por la coincidencia de trabajos en las calzadas del Cap i Casal. "Hay un embudo", resumía.
El principal escollo es Pérez Galdós-Giorgeta, probablemente la mayor intervención urbana en la ciudad en más de 20 años. Esta intervención para renaturalizar una de las principales arterias de València obliga a desviar unos 56.000 coches diarios saturando el tráfico en puntos como Campanar, Pío XII, Fernando el Católico o el Puente 9 d’Octubre, siempre al borde del atasco. Estas obras no solo impactan en líneas con parada en estas avenidas –67, 71, C3–, sino que también afectan a la puntualidad de las rutas que atraviesan el oeste o el sur de la ciudad. Toca armarse de paciencia; es una incomodidad temporal. Los trabajos deberían concluir en agosto de 2026.

Tránsito de buses junto a las obras de Pérez Galdós / Fernando Bustamante / Fernando Bustamante
Con Pérez Galdós, la otra gran obra que se está acometiendo en València es el canal de acceso ferroviario, con mínima afectación al tráfico rodado. Mientras tanto, los chóferes van encontrando obstáculos inesperados en otros puntos, que se suman a la acostumbrada invasión de carril por parte de los vehículos privados. Muchas zanjas son de canalizaciones pero también se está ampliando la red ciclista. Por ejemplo, a la construcción del carril bici de Tres Forques le seguirá el carril bici de la calle Campos Crespo mientras se ejecuta el proyecto de carril bici en San Vicente Mártir, 1.600 metros que conectarán los barrios de Sant Marcel·lí, La Creu Coberta, La Raïosa y Arrancapins.
“Las colas llegan hasta la Gran Vía. Hay muchos compañeros estresados. Las horas puntas son bestiales y encima los coches hacen lo quieren sin que la policía les multe. Además de las obras nos encontramos muchos coches aparcados, invadiendo el carril bus”, lamenta un conductor de la EMT. “Los conductores están asfixiados en algunos momentos del día. La afectación de las obras es tremenda”, dice otro trabajador de la empresa municipal.
"Un cuello de botella constante"
"Es un cuello de botella constante. El gran problema es Pérez Galdós, pero te encuentras obritas por toda la ciudad", añade un tercer chófer consultado por este diario. Y añade: "La ciudad es un caos. Deberían priorizar el transporte público y limitar el acceso al coche privado. En la plantilla tenemos un absentismo de un 14% y está relacionado con la ansiedad. Los conductores tenemos estipulado un 15% de descanso por línea, pero la empresa lo utiliza para regular: como la frecuencia es imposible cumplirla, nos quitan el tiempo de descanso para ponerte en hora", denuncia. El estrés de los trabajadores guarda relación con la tensión a la que está sometido el servicio, cada vez más demandado. En el primer semestre del año la EMT registró más de 61 millones de usuarios, marcando un nuevo hito histórico.
Conscientes del problema, el ayuntamiento trata de atajar la situación desde diferentes frentes a corto y largo plazo. Por un lado, ha lanzado un "plan de choque" señalizando carriles EMT-Taxi exclusivos en algunas de las vías más congestionadas por donde circulan también líneas que tienen mayor afluencia de pasajeros. Estos liberarán el paso de los buses en zonas como las citadas Pío XII o el puente Nou d’Octubre. Por otro lado, el consistorio acaba de inyectar 18 millones a la EMT destinados a incrementar frecuencias con la compra de más autobuses y a ampliar las conexiones entre los barrios.
Falta de frecuencia
La falta de frecuencia conduce al hacinamiento, especialmente en las líneas circulares y aquellas que discurren hasta la fachada litoral, muy utilizadas por los turistas. Los vecinos de la Malvarrosa reclaman mejorar las líneas 31 y 32 –"si te llaman no puedes coger el móvil de lo apretado que vas", dice un portavoz vecinal– y trazar sinergias con la línea 81, que circula hasta el centro de la ciudad. “Necesitamos una apuesta decidida por el transporte público y la política de movilidad sostenible. El Plan Director de la EMT indica que quiere llegar a más gente, pero dejar caer la Zona de Bajas Emisiones implica tener que pagar un 60% más por el bonobús. Es incoherente", valoran.

Cola para esperar al bus de la EMT en València / Levante-EMV
Todo ello, la asfixia de conductores y pasajeros ocurre a la puertas de uno de los puentes con más afluencia en València –Maratón mediante–, que actuará como antesala de las cenas de empresas y las fiestas de Navidad. El mes de diciembre será un gran test de esfuerzo para la EMT y el ayuntamiento ha preparado un plan de movilidad que incluirá modificaciones en 16 líneas de autobús para proteger la seguridad de los viandantes.
Aprobada la demanda a la Generalitat por la deuda de 40 millones
El gobierno municipal aprobó ayer en el consejo de administración de la EMT (con los votos favorables de PP y Vox y las abstenciones de Compromís y PSPV) la demanda a la Generalitat ante la TSJ por los 40 millones que la Agencia Valenciana del Transporte Metropolitano (AVTM) le adeuda de las tarjetas Suma. El litigio tiene su origen en una discrepancia sobre el cálculo de la compensación que la entidad autonómica tiene que abonar al consistorio. La Generalitat entiende que el cálculo debe hacerse sobre el precio ya rebajado, no sobre el precio íntegro, como defiende la EMT.
En referencia a esta deuda, la portavoz de Compromís per València, Papi Robles, denunció ayer que la ciudad “está pagando una factura altísima por la gestión desastrosa del concejal Jesús Carbonell”, y cifró en casi 200 millones de euros el agujero económico acumulado entre el fracaso de la Zona de Bajas Emisiones y el citado litigio. “Entre los 155 millones en riesgo por la incapacidad de aprobar la ZBE y los casi 40 millones que ahora se reclaman a la Generalitat, la incompetencia de Carbonell ya tiene un coste insostenible para la ciudad”, afirmó.
Según la valencianista, la situación económica de la EMT es “extremadamente grave”: la empresa municipal ha tenido que solicitar pólizas de crédito para pagar nóminas y combustible, debido a la falta de ingresos compensatorios por parte de la ATMV. “Un servicio esencial como el transporte público no puede depender de las peleas internas del PP. No es un conflicto institucional: es una guerra interna que están pagando los valencianos”, lamentó Robles.
Por su parte, la concejala socialista María Pérez denunció el “riesgo financiero” que existe en la EMT como consecuencia de “la nefasta gestión que está desarrollando el gobierno de María José Catalá”. Se trata, en palabras de la concejala socialista, “de una caótica gestión que está repercutiendo en el servicio con autobuses completos, retrasos y una reducción de la frecuencia de paso y que también compromete el futuro financiero de la EMT”, en alusión a los 40 millones adeudados por la Generalitat.
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