Colón, la calle que nunca pensó en los peatones
La calle Colón, que surgió tras la demolición de las murallas, conserva de origen una calzada amplia con escaso espacio para las aceras a pesar de la evolución de la misma como gran espacio urbano y comercial

Dos perspectivas de la calle Colón / RLV

El proyecto de reforma de la calle Colón supone un nuevo cambio para una calle en la que nada cambia. La modernización y unificación de las aceras y mobiliarios urbanos promovida por el Ayuntamiento es un cambio que, seguramente, hacía falta sobre unas veredas que llevaban décadas sin tocarse, pero que dejarán la fisonomía de la vía exactamente igual que siempre: con una calzada extremadamente ancha y que, contrariamente a las tendencias imperantes en los centros, no va a verse estrechada para ganar espacio al peatón. Así ha sido y así continuará, viendo pasar monarquías, dictablandas, repúblicas, dictaduras, transiciones, democracias, restauraciones, frentes populares, tardofranquismos, gobiernos conservadores o de progreso.
La calle Colón es un invento decimonónico. Surgió a partir de la demolición de las murallas, en el último tercio del siglo romántico. El vacío que dejó el muro de piedra y su espacio anterior y posterior dejó un inmenso vial en forma de collar que sirvió para circunvalar los límites naturales de la ciudad histórica y se estableció como límite a partir del cual empezaron a crecer primero los ensanches y después los procesos de urbanización de huerta para absorber los antiguos pueblos -como Patraix o Russafa- y, finalmente, los barrios en expansión, ya en el Siglo XX. Es decir, la valencia moderna.
Este cordón urbanístico estuvo inicialmente solo interrumpido por las vías del tren, cuando la primera estación se construyó en lo que ahora es la plaza del Ayuntamiento y que por entonces tampoco existía.

Una de las postales más conocidas de la primera calle Colón / Ediciones LC
Carros y calesas
Las primeras imágenes de la calle Colón ya son toda una declaración de intenciones: una calzada muy amplia. Primero, de tierra; después, de adoquín y finalmente, de asfalto. En los daguerrotipos iniciales esa amplitud contrastaba con la escasa circulación en un tiempo en el que los vehículos a motor eran anecdóticos.
Una de las postales más conocidas es la de una calle inmensa, sobre la que transitan o estacionan carros y alguna calesa que se intuye muy al fondo, sobre unos edificios que ya empezaban a mostrar distinción, a la espera de que llegaran joyerías, tiendas de ropa, de saneamiento o de café instantáneo, bordeados por minúsculas aceras, a la espera de que transitaran por ella ciudadanos con sombrero y copa y levita.
La calzada sumó caminos de hierro -que fueron emergiendo del suelo en las diferentes labores de reforma y reasfaltado- para tranvías, primero tirados por caballos, y hasta hileras de árboles. Pero siempre dispuso de una generosa porción de terreno para los vehículos con ruedas, primero de caucho vulcanizado y después de goma sintética.

Calle colón con tranvía en el centro y la misma escasez de aceras / RLV
Por si los peatones no tuvieran estrecheces, la aparición de las motocicletas aún les complicó más el tránsito, especialmente cuando su uso de masificó. Colón, que a finales de siglo tenía tres vias para coches y una para servicios públicos, invitaba a los moteros a dejar sus Vespinos, Guzzis y Suzukis en la mismísima acera.
La tendencia a reducir la carga circulatoria en los centros urbanos también ha afectado a la ciudad de València, pero, en la práctica, la calle Colón se ha quedado como estaba. Mientras en la plaza del Ayuntamiento se llevaba a cabo la peatonalización -aún provisional, pero efectiva- y se pacificaban algunas de las calles de acceso -como las que cruzan Cirilo Amorós- tanto Colón como gran parte de la calle de la Paz ven pasar las décadas inmutables.

Motos aparcadas en la acera / Fernando Bustamante

Calle Colón a finales del pasado siglo, por y para los vehículos a motor / RLV
La milla de oro, pero apretada
Colón es la milla de oro de la ciudad, por mucho que hayan surgido alternativas que no fraguaron. El asentamiento de los dos grandes centros comerciales del desarrollismo, El Corte Inglés y Galerías Preciados, activó la vida de una calle a la que, con el paso de los años, se fueron sumando tiendas y franquicias que, aunque vayan cambiando, la convierten en la gran vía comercial. Sobreviviendo a inconvenientes, como la apertura de la misma por las obras del metro. Lo cierto es que la calle creció y creció pero sin dar un metro de más a los viandantes, que nunca han dejado de tranisitar con apreturas.
Un cambio menor y revertido
Los ocho años de gobierno progresista aportaron unos cambios a la circunvalación: quitar un carril de automóviles para dárselo a los servicios públicos, completar el carril bici y cambiar el sentido de la circulación en el inicio de la misma. Dos medidas que se revirtieron durante la primera parte de la actual legislatura. Pero ni una ni otra incluyeron la ampliación de aceras.

La propuesta de Ciudadanos, nunca desarrollada / RLV
La revolución de Ciudadanos
La única propuesta verdaderamente no ya ambiciosa, sino revolucionaria, llegó de la mano del partido Ciudadanos, cuando su portavoz Fernando Giner presentó unas figuraciones que cambiaban completamente la fisonomía de colón, con un único carril -además, para taxi y EMT, un carril bici y unas enormes aceras -pasando de seis a nueve metros a ambos lados-. Se quedó en eso: en una figuración.
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