La segunda vida de la Casa de los Payasos y el Horno Aguilar
Dos emblemáticas viviendas del Cabanyal avanzan en su rehabilitación para formar parte del parque de alquiler aseguible

La Casa de los Payasos ya está en plenas obras / Moisés Domínguez

Máquinas y operarios trabajan de firme y el interior empieza a mostrar los primeros signos si no de habitabilidad, sí de promesa de que lo serán. Dos de los inmuebles más emblemáticos del Cabanyal, están ya en plena vorágine para sacarlos del olvido, la degradación, la ocupación y el peligro de derrumbe y, con el paso de los meses, pasarán a formar parte de la bolsa de inmuebles municipales destinados a alquiler asequible. Son aquellos que, con máxima protección patrimonial, forman parte de la propiedad municipal, tras aquella nonata prolongación de Blasco Ibáñez. Se pondrá así el punto y final a un largo proceso de recuperación de ambos espacios, ubicados en las calles Barraca y Padre Luis Navarro, que disfrutarán de una vida extra.
Se trata de la actuación conjunta en el Horno Aguilar y la Casa de los Payasos, y que se encuentra en plena actividad. Dos edificios que llevaban ya años dentro del proceso de regeneración y que acumulaban historia detrás. No solo por, en el caso del horno, las relaciones humanas que se desarrollaran en su mostrador. También forma parte de la historia negra reciente: la Casa de los Payasos fue protagonista de uno de los incidentes más recordados dentro del movimiento okupa en esta zona de la ciudad.

Fachada del Horno Aguilar, en pleno proceso de recuperación / Moisés Domínguez / D
El "Hotel Okupa"
Hace ahora ya casi ocho años, un violento incendio propició el desalojo de los allí hacinados -se le conocía como el «Hotel Okupa»-, al precio del enfrentamiento de uno de ellos con la Policía, tres de cuyos agentes resultaron heridos después de que le prendiera fuego al inmueble, que había sido fuente de conflicto permanente en estas calles, en plena zona cero.
El incendio propició el desalojo y, por extensión, el tapiado general del edificio. Tanto esta vivienda como el horno fueron finalmente desprecintados y aún hubo que sacar todo tipo de detrito de su interior para empezar el saneamiento y el milagro urbanístico que supondrá darles esa segunda oportunidad.

Retirada de basura del hotel okupa del Cabanyal / R.L.V.
De la Casa de los Payasos quedan, a pesar de todo, sus elementos artísticos: paneles cerámicos, un balcón de celosía, puertas con molduras artísticos... vestigios de la peculiar arquitectura de la zona de hace cien años, tiempo del que están datados. El horno ha perdido su rótulo, que no tenía valor artístico, pero no su típico balcón de hierro, que podrá ser restaurado, tal como ha sucedido en rehabilitaciones similares.
Fuera hay todo tipo de señales de la ocupación: pintadas, pasteup, mensajes. Hasta una vieja percha que sobrevive al paso de los años y al paso de los coches de GoogleMaps. Será retirada indolentemente en cualquier momento después de sobrevivir años en el balcón de la casa-horno.

Interior de los dos inmuebles, / Moisés Domínguez
Conservación de elementos
Dentro también quedan vestigios de un inmueble arrasado. Ahora mismo, ambos están comunicados. Son un gran tubo vacío en plena reforma a la espera de ser reconvertidos en cuatro viviendas -que se materializan con todas las calidades-: dos en la planta baja y dos en el piso de arriba, a través de un distribuidor. Tendrá buhardillas y hasta una pequeña terraza interior. Paredes, suelos y techos se han arrancado y conservado los azulejos, tejas y baldosas de valor histórico. Dentro aún hay pintadas, como una cara de payaso en la parte de la casa del mismo nombre.
Las obras las está llevando a cabo el despacho de Hidalgo Mora. Celebran que esta obra «contribuye a tejer ciudad desde la memoria, dignificando el patrimonio construido y apostando por la regeneración: reconstruir el pasado proyectando hacia el futuro».

La terraza del Horno Aguilar / Hidalgo Arquitectos
Llama la atención que las estructuras del horno son de madera y los de la casa de los payasos, de metal. La vieja panadería ha sido excavada más de medio metro de profundidad para darle una nueva consistencia. Una de las primeras acciones fue retirar el viejo horno, que ocupaba una parte importante de la planta, y que tuvo que ser desmontado a piezas para que pudiera salir por la puerta principal, aún a pesar de ser de doble hoja.
Son dos piezas dentro del paisaje de viviendas que alternan agradables rehabilitaciones con degradación absoluta, solares completamente vaciados y algún edificio de nueva planta, feo como él mismo. Todavía queda mucho por hacer hasta que se el barrio vuelva a tener una completa razón de ser. Al lado mismo del horno está la casa verde cuya rehabilitación acaba de ser adjudicada. La siguiente pieza del puzzle.
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