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El verano de todos los diciembres

València se está acostumbrando a despedir el año con temperaturas por encima de los 20 grados. Abrigos y bañadores se han dado la mano hoy en el paseo marítimo de la ciudad, abarrotado de vecinos y los últimos turistas del puente

València

El calor de siempre, como nunca. València pulverizó hace dos años la temperatura máxima preinvernal al registrar 27,5 ºC en el puente de diciembre, medio grado más que el penúltimo dato histórico de 1938. Han pasado 80 años entre un récord y otro, pero el escenario ha dado un vuelco por la recurrencia de los episodios anómalos, cuando no extremos. El calor se come cada vez más porción de calendario y los termómetros acostumbran a rebasar los 20 grados todos los meses de diciembre. Obligando a deshacer el armario. Obligando a veranear en contradirección. El año pasado, el último mes se estrenó en la provincia de València con una máxima de 24,8 °C, lo cual supuso alcanzar la temperatura más alta de toda la España peninsular según la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet).

Este año, ayer, València alcanzó los 24 grados y el buen clima se ha prolongado hoy para solaz de locales y turistas que han llenado el paseo marítimo y los arenales del Cap i Casal. La estampa es de abrigos y bañadores. Las playas de la Malvarrosa y el Cabanyal son el gran polideportivo a cielo abierto de la ciudad y hoy han vuelto a dar muestra de ello, con decenas de personas jugando al voleibol, nadando o corriendo en este Día de la Inmaculada Concepción. El agua está fría pero sigue sin ser el Atlántico.

Es el último día de un fin de semana largo donde València ha rozado el lleno, con una ocupación hotelera del 90%. El Maratón y el ambiente prenavideño han contribuido a abarrotar la ciudad. El ayuntamiento se vio obligado a cerrar los accesos al coche privado hacia la plaza del Ayuntamiento o las calles de Colón y Xátiva para evitar sustos en el kilómetro cero de la ciudad. Como los veranos otoñales, también los cortes de tráfico por estas fechas empiezan a ser tradición.

Juan Carlos Caballero, portavoz del gobierno municipal, sacaba pecho hace días comparando la plaza del PP, abarrotada, frente a la plaza de Compromís, sin un alma. Hacía trampa, porque la segunda imagen ilustraba la postpandemia, cuando la población todavía se preguntaba cuántas dosis hacían falta para salir de la crisis. En todo caso las imágenes de estos días en plazas y playas sirven para ampliar dos de los debates más relevantes actualmente en València: su modelo turístico y su exposición al cambio climático.

Muchas de las personas que recorren hoy el centro o los puntos de interés –véase el paseo marítimo– son extranjeros que acuden a descubrir o tienen querencia por una de las capitales del Mediterráneo. València dice apostar por el visitante de calidad, preferentemente de países como Estados Unidos o Canadá, en detrimento de un turismo “low cost” masivo y de escaso impacto económico. Cosa distinta es la realidad y la opinión de los barrios, tensos ante el creciente éxito de la ciudad.

El segundo debate cabe en una declaración. “Si algo bueno trae el cambio climático es precisamente la extensión de la temporada turística”. La dijo una exconsellera y denota la preocupación que este problema global ocasiona en algunos dirigentes. En València, Vox ha tumbado la Zona de Bajas Emisiones tachándola de “fanatismo climático”. También en València, la UPV ha publicado un estudio donde se analiza la evolución histórica y futura de los fenómenos climáticos, relacionados con el calor, en el 'cap i casal' entre 1979 y 2100. El informe concluye que la ciudad podría afrontar "veranos casi permanentes" a finales del siglo XXI debido a los efectos del cambio climático, con más de 300 días de "calor extremo" y temperaturas por encima de los 32 o 34 grados de forma persistente.

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