Los nuevos chiringuitos modulares llegan a la Malva-rosa en tiempo récord
El restaurante 'El Bobo' se implantará en la costa el próximo viernes 19 de diciembre y empezará a renovar la fachada marítima con una decena de locales prefabricados que sustituyen el hormigón por el vidrio y el aluminio

El chiringuito modular en la fábrica de Almussafes / Levante-EMV
El primer chiringuito modular de la Malva-rosa ya tiene fecha de implantación. El próximo viernes 19 de diciembre, a primerísima hora de la mañana, varios vehículos especiales atravesarán València desde Almussafes en dirección a la fachada litoral, aparcarán junto al gran arenal de la ciudad y aterrizarán un módulo de casi 200 metros cuadrados fabricado en vidrio y metal. Es el restaurante El Bobo, la primera arrocería en recuperar su posición en primera línea de playa tras los derribos del pasado mes de octubre.
El proyecto para renovar esta primera línea y homogeneizar las arrocerías –por mandato de Costas y con el plácet del ayuntamiento, que concede las licencias de obra– también servirá para adaptarse a posibles subidas del nivel del mar derivadas del cambio climático, pues estas construcciones modulares estarán sobreelevadas medio metro. La altura buscará además evitar inundaciones en la época de temporales marítimos o de grandes tormentas.
En cuento a las dimensiones, la ocupación máxima edificada pasará a ser de 229,30 metros cuadrados, con una terraza superior de 144 metros cuadrados cubiertos y cerrados con acristalamiento y de 85 metros cuadros descubiertos. Los locales tendrán dos plantas.
La previsión era que la empresa Almussafes Inhaus, especializada en arquitectura industrial, tardara un mínimo de tres meses en instalar los primeros chiringuitos. Pero los plazos se han acortado. Cuando las máquinas estaban derribando las construcciones antiguas, esta fábrica especializada en la construcción de viviendas modulares de alta gama ya estaba trabajando en su primer encargo procedente del mundo de la hostelería.
La arrocería modular saldrá prácticamente finiquitada de la nave y se plantará como una falla monumental. La estructura de aluminio y cristal se ensamblará in situ sobre una base de hormigón –material del que se prescidente en el resto de la estructura–. Pero el restaurante no abrirá enseguida. Según cuenta uno de los propietarios de ‘El Bobo’, aunque el exterior debe guardar la misma estética que las otras nueve arrocerías derribadas, en el interior hay vía libre para actuar al gusto del dueño. Ellos colocarán en la pared una imagen con la evolución de este mítico restaurante, primero como merendero y después en su anterior construcción.

El chiringuito modular en la fábrica de Almussafes / Levante-EMV
Tras la implantación de este restaurante llegarán al arenal de València la réplica modular de la Murciana y la Alegría de la Huerta, siguiendo el orden de derribos. En la primera fase del proyecto de modernización de los chiringuitos, que arrancó en octubre y acabará en marzo, coincidiendo con las Fallas, se desmantelarán cinco chiringuitos en total. Los otros cinco, que seguirán funcionando mientras se hacen las obras de los otros, se derribarán en octubre de 2026. La intención de la Asociación de Hosteleros de la Malva-rosa es que todo esté operativo a mediados de 2027. La renovación costará 800.000 euros a cada concesionario del local, y la vida útil de los nuevos chiringuitos se estima en un abanico de entre 50 y 75 años.
El derribo de las arrocerías de la Malva-rosa, cuyo origen se remonta cien años atrás, cuando empezaron a funcionar los primeros merendores en la arena, es un hecho histórico. "Hace nueve años que el proyecto de reforma se entregó en Madrid", contaba a este periódico José Miralles, presidente de la Asociación de Restaurantes de la Playa de la Malvarrosa. Durante esos años ha sido necesario empeñarse a fondo para mantenerse ante el empuje de las franquicias y los inversores, que han hecho ofertas de compra millonarias. "Somos familias que solo sabemos hacer esto, estamos muy arraigados en el Cabanyal y en la Malva-rosa, y hay segundas y terceras generaciones que van a mantener el negocio", explicaba Miralles.
Esto es quizás lo que las ha salvado frente a otros locales de restauración tradicional del Paseo Neptuno donde apenas quedan dos de las antiguas arrocerías que dieron fama al paseo marítimo de València y durante muchos años atrajeron a personajes del mundo de la farándula, intelectuales y artistas. Muchas han cambiado de manos y se han acabado convirtiendo en franquicias, hamburgueserías y tiendas regalos pensadas para el turismo.
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