El dilema de la plaza del Ayuntamiento: dos años sin parar o seis en obras
Hacerla de una sola vez obligaría a cambiar el aforo de las mascletaes, actividades de Navidad y 9 d'Octubre

La plaza del Ayuntamiento, en la actualidad. / Claudio Moreno

La reforma de la Plaza del Ayuntamiento de València es la obra más importante de la historia moderna de la ciudad. Ya se han desvelado los bocetos y el Ayuntamiento ya ha dejado claro que son figuraciones provisionales, pendientes de más consultas para acabar pintando lo más parecido al proyecto final, aunque su esencia parece clara: una plaza que será aún más peatonal que hasta ahora y que estará formado por varias unidades dentro del todo.
Una vez esbozado el qué, queda por decidir el cuándo y el cómo. La burocracia se llevará mucho tiempo todavía y no se prevé que las máquinas entren por primera vez hasta que empiece la próxima legislatura.
Y queda una de las decisiones más importantes: cómo afrontar una obra de gran calado en el corazón de la ciudad. No está tan lejos en el tiempo el ejemplo de la Plaza de la Reina, un espacio que estuvo completamente cerrado durante un año y tres meses y en el que apenas se pudieron utilizar unos pasos laterales para acceder a los comercios y a la zona monumental.
Armarse de paciencia
Toda reforma a gran escala obliga, cuando no condena, a armarse de paciencia durante un tiempo más que respetable. La plaza del Ayuntamiento, por sus dimensiones, requiere un trabajo de calle mucho mayor y, en estos momentos, el Ayuntamiento se debate entre dos alternativas: hacer la reforma integralmente, sin interrupción, o espaciando las fases.
Si la plaza de la Reina podía permitirse el lujo de estar parada durante algo más de un año, la municipal tiene un problema añadido: es el centro neurálgico de la ciudad. En su superficie se celebra el 9 d'Octubre, las Fallas, la Navidad, además de todo tipo de actos y celebraciones durante el año.
Por eso, en el equipo municipal se tiene planteada la duda de cómo acometerlo: si de un tirón, lo que puede llegar a suponer dos años de parón total o parcial, o acomodar las fases al tiempo de menos actividad. Es decir, completar un módulo de la reforma desde el momento que acaban las Fallas y hasta las vísperas del 9 octubre, parar la obra, reabrir la plaza y continuar nuevamente tras la "cremà" del año siguiente. Esto serían prácticamente seis meses y medio de obras y cinco meses y medio de inactividad para que el pueblo la recuperara para las tres fiestas grandes.
La alternativa de hacerla toda de un tirón llevaría a otra disyuntiva. El proceso está previsto por fases, pero si se hacen de forma consecutiva, resulta evidente que siempre habría una parte de la plaza parcialmente inhabilitada durante ese periodo. Dicho de otra forma, la "mascletà" siempre tendría su zona de fuego disponible (eso se ha asegurado desde el principio), pero no todo el aforo. Serían un par de años con los disparos no a pleno rendimiento, con zonas de la obra en las que no podría haber público.
Y la otra opcion sería llevarlas provisionalmente a otro lugar -por ejemplo, la Alameda o, directamente, descentralizarlas-, un exilio temporal al estilo del que hacen algunos clubes de fútbol cuando tienen que remodelar sus estadios.
Aplicado a los otros eventos, la procesión del 9 d'Octubre tendría o que restringir el espacio habilitado o hacer un recorrido alternativo -aunque se perdería en gran medida la solemnidad de la baixà de la Senyera ante la multitud- y la Navidad también tendría que buscar un espacio alternativo para el árbol, la pista de hielo y el resto de amenidades o, como la "mascletà", conformarse con un aforo más reducido.
Para el equipo de gobierno, la cuestión de los plazos, ahora mismo, ni se toca y las formas, tampoco. Tal como ha asegurado María José Catalá, "el mejor plazo es acertar", por lo que mientras no se termine de madurar el proyecto y entre a concurso, no se quieren establecer plazos, sea a dos o a seis años vista.
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