Comienza la 'plantà' de los nuevos chiringuitos modulares en la Malva-rosa
El paseo marítimo de València empieza a renovar su imagen con la llegada de 'El Bobo', la primera arrocería prefabricada y construida en vidrio y metal. El chiringuito de más de 200 metros ha sido trasladado desde una fábrica en Almussafes.

Germán Caballero
Como una falla monumental pero (más) a lo bestia. Las grúas están depositando en el paseo de la Malva-rosa los módulos del primer chiringuito prefabricado que lucirá la playa valenciana en sustitución de los viejos merenderos y los restaurantes de hormigón, desacompasados con las nuevas exigencias de sostenibilidad. Tras los derribos de octubre, la primera arrocería en recuperar su posición ha sido ‘El Bobo’ y luego llegará el turno de La Murciana y Casa Isabel. En total, en esta primera fase serán reemplazados cinco restaurantes y el año que viene otros cinco.
La nueva estructura ha salido de la fábrica de Inhaus en Almussafes ya casi completa y ha necesitado un complejo operativo de traslado que la marca detallará a lo largo de la mañana. El chiringuito modular tendrá 229 metros cuadrados de superficie —144 metros de terraza cubierta y 85 más al aire libre— y sustituye el hormigón por una composición de cristal y aluminio. En la fachada interior se colocará una imagen con la evolución de este mítico restaurante.

Así ha sido la instalación chiringuitos modulares de la Malva-rosa / Germán Caballero
El proyecto para renovar esta primera línea y homogeneizar las arrocerías –por mandato de Costas y con el plácet del ayuntamiento– también servirá para adaptarse a posibles subidas del nivel del mar derivadas del cambio climático, pues estas construcciones modulares estarán sobreelevadas medio metro. La altura permitirá evitar inundaciones en la época de temporales marítimos o de grandes tormentas.
La previsión era que la empresa especializada en arquitectura industrial tardara un mínimo de tres meses en instalar los primeros chiringuitos, pero los plazos se han agilizado: cuando las máquinas estaban derribando las construcciones antiguas, esta fábrica especializada en la construcción de viviendas modulares de alta gama ya estaba trabajando en su primer encargo procedente del mundo de la hostelería, una decena de chiringuitos con una vida útil estimada de entre 50 y 75 años y un precio por unidad que ronda los 800.000 euros.
Pese al montaje de hoy, la intención de los propietarios del Bobo es comenzar a funcionar en Fallas de 2026 como el resto de chiringuitos derribados en esta primera fase. Los otros cinco, que seguirán funcionando mientras se hace esta primera operación, se llevarán a derribo en octubre de 2026. La Asociación de Hosteleros de la Malva-rosa prevé que la fachada marítima esté íntegramente renovada con sus construcciones modulares a mediados de 2027.
Hosteleros con arraigo en el barrio
Los hosteleros de la Malva-rosa entregaron el proyecto de reforma en Madrid hace una década y en todos estos años han necesitado emplearse a fondo para contener el empuje de franquicias e inversores, que han hecho ofertas de compra millonarias. "Somos familias que solo sabemos hacer esto, estamos muy arraigados en el Cabanyal y en la Malva-rosa, y hay segundas y terceras generaciones que van a mantener el negocio", contaba a este periódico José Miralles, presidente de la Asociación de Restaurantes de la Playa de la Malvarrosa.
Esa vocación ha salvado la identidad de sus negocios, algo que no ha ocurrido con otros locales de restauración tradicional del Paseo Neptuno donde apenas quedan dos de las antiguas arrocerías que dieron fama al paseo marítimo de València y durante muchos años atrajeron a personajes del mundo de la farándula, intelectuales y artistas. Hoy estos locales han cambiado de manos y se han acabado convirtiendo en franquicias, hamburgueserías y tiendas regalos pensadas para el turismo.
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