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Ni el frío ni la lluvia impide reservar los asientos de la Cabalgata de Reyes

A pesar del mal tiempo, numerosas personas reservan sillas para la Cabalgata de Reyes, con el objetivo de asegurar un buen lugar para los niños en las calles de la Paz y San Vicente

La Cabalgata empieza con la batalla por las sillas

Moisés Domínguez

Moisés Domínguez

Moisés Domínguez

València

El mal tiempo no ha impedido que numerosas personas hayan cumplido con el ritual de reservar y adquirir las sillas de la Cabalgata de Reyes. Tienen por delante por lo menos seis horas de espera antes de que empiece a llegar el cortejo por las calles de la Paz y San Vicente, a cambio de que los hijos y nietos dispongan de primera línea.

La fórmula de adquisición de sillas no es ni nominal ni numerado. De hecho, algunos de los asientos conservan pegatinas de otros eventos. La fórmula consiste en llegar, coger asientos -con prendas, cintas, papeles escritos o cualquier otro soporte- y esperar la llegada de los vendedores de las cintas-ticket. A pesar de ello, como no son localidades fijas, el adquiriente debe quedarse con los asientos cogidos y contestar afirmativamente cuando alguien recurre a la pregunta "¿Está reservado?".

El mal tiempo hace aún más incómoda la espera, aunque en general ha tenido un efecto contrario: no ha habido que madrugar tanto para estar ya preparados. Porque, además, antes incluso que reservar sillas, se reserva "territorio": el espacio, po ejemplo, entre las vallas y dos farolas, o una farola y un árbol, se marca a la espera de que, ya a mediodía, lleguen los camiones de la concesionaria y se coloquen las sillas.

En general había un sentimiento coincidente: "vale pagar más por no tener que esperar", es decir, la formación de sectores numerados o incluso palcos estilo Batalla de Flores. Aunque es verdad que, técnicamente, las dificultades son mayores que en la Alameda, al ser en pleno corazón de la ciudad. Lo cierto es que es una liturgia impagable por parte de aquellos que se quedan. "Este año, pues alguna bebida caliente y más ropa" comentaban algunos de los presentes, que, de todos modos, celebraban que los cielos se hayan apiadado respecto a las previsiones iniciales.

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