El último milagro de Navidad: la Cabalgata sortea el temporal
Los Reyes Magos llegan a València aprovechando una tregua en el mal tiempo, lo que permite llenar las calles y desfilar, aunque sin música de bandas ni identidad valenciana

Germán Caballero

Del "no se va a celebrar" del domingo se pasó al "está lloviznando y hace un frío que pela" de la mañana y de la tarde. Y después, por uno de esos procesos de magia que pasan solamente en días como éste, que para eso son profesionales del ramo, se convirtió en una jornada mucho más soportable que ni los más optimistas pudieron presagiar. Si: hacía fresco, porque estamos en enero; si, porque el piso estaba mojado, pero hasta los acróbatas pudieron hacer de las suyas. Pero sin una gota a partir de que el cortejo de los Reyes Magos de València se pusiera en marcha. Una tregua que sirvió para celebrar, pasar el rato y, ahora sí que sí, empezar a cerrar el libro de la Navidad, un mes y medio de sensaciones y actividades que finalizarán el día 6, cuando empiecen a rasgarse los papeles de celofán.
La consecuencia fue que la Cabalgata de Reyes, que empezó dubitativa, acabó siendo el espectáculo de masas habitual en la ciudad de València, esa en la que todos los espectáculos se desbordan y alcanzan un poder de convocatoria excepcional. El remate a una fiesta de enorme movimiento, que es, por su poder de convocatoria, impacto económico y visibilidad, la segunda fiesta de la ciudad
Y como consecuencia de ello, los paraguas, que se llevaron en la cantidad que obligaba la prudencia, pasaron a tener el cometido más habitual en esta fiesta: ser, boca abajo,el contenedor sobre el que se van depositando los regalos que se lanzan desde las carrozas. Y el público no pudo quejarse, porque hubo y en grandes cantidades. Los caramelos, esos que luego no se comerán y que acabarán en el fondo de abrigos -y seguirán apareciendo durante buena parte del año- se dan por hechos y hubo en cantidad. Pero es que, además, las entidades colaboradoras que sí que acudieron a la llamada se estiraron y hubo un masivo lanzamiento de balones -esos que, en un mercadillo, cuestan un euro, pero que recibirlo de gratis por un lanzamiento afortunado satisface mil veces más-. Pero es que, además, se habían anunciado peluches, y los había, y se anunciaron palitos de luz, y los hubo. Un auténtico mercadillo que hizo las delicias de su público objetivo. Porque los niños no entienden de otras cuestiones, como elementos y contenido. Quieren caramelos y bonus.

La cabalgata de Reyes Magos en València, en imágenes / Germán Caballero
Y de presentadora... Mary Poppins
¿Y el acto como tal? Pues como siempre, con elementos que pueden ser opinables o cuestionables. Es raruno que el desfile lo comente Mary Poppins, que poco tiene que ver con Oriente o con València; pero lo hizo junto con el director de pista del circo y la dama polar -esto son interpretaciones libres-. O que la carroza de la Sagrada Familia desfilara en la oscuridad; o que la Adoración, un rito recuperado porque es lo que da razón de ser al festejo, se hiciera sobre una tarima bien pensada, como el año pasado, mirando hacia el público, pero sin gracia ni adorno alguno. O que las figuraciones, que iban a ser todas bíblicas incorporaran un unicornio y una diosa de pesadilla.
Cosas buenas: que el desfile fue equilibrado en el tiempo. Y que el confeti ha desaparecido a la carrera, lo que evita aquella película de glucosa y papel que terminaba adherida a las suelas. O el previo, la llegada al puerto, que permitía que el público lo viera con más perspectiva.
Compromís se centró en algo que saltaba a la vista: "en un festejo que ha costado 350.000 euros, no se ha contratado ni una sola banda de música de València y todo ha sido música enlatada". Y la verdad es que tenían razón. "Hasta 2024 participaban nueve bandas por cabalgata y ahora, de reducirse a tres se ha quedado en cero absoluto". Para el concejal Pere Fuset, "es un veto consciente, nada de un olvido, tal como nos confirman las propias bandas". Aparte de una cuestión evidente: "la ausencia del valenciano, en una rancia censura a nuestra lengua".
Y Melchor habla de... bandas de música
Y casi como si fuera adrede, que no lo era, Melchor se refirió precisamente, a las bandas de música, que la cosa tiene su guasa. Primero se definió como un "humilde monarca de un país lejano" que le gustaría "no solo ilusionar a todos los niños y niñas de València, sino hacerle partícipe de las tradiciones de la ciudad y sus valores. Melchor está muy contento de desembarcar aquí. Me ha llegado que jugáis en las plazas y jardines de la ciudad y que sois el futuro de vuestras fiestas, que son muchas. Que dedicáis el tiempo a cuidar la vida de vuestros mayores, y que entre vuestros pasatiempos está cuidar la naturaleza y que desde pequeño aprendéis música en las sociedades musicales". Esas que no desfilaron.
Gaspar aseguró que "traemos mecanos para construir un mundo mejor, pianos, tabals i dolçaines" -más música autóctona- "para tocar himnos de paz, y colores para pintar la palabra paz y sonrisas eternas. Esta noche la magia atraviesa toda la ciudad, toca las puertas de hospitales, residencias, y casas donde hay corazones rotos y necesitan fraternidad".
Baltasar, cuya carroza se bamboleó lo suyo, leía "en vuestros rostros la esperanza. He leído vuestras cartas, vuestros deseos y, sobre todo, he visto vuestro esfuerzo por ser amables, generosos y valientes. No importa si a veces os equivocáis: lo importante es que cada día intentéis ser un poco mejores. Eso es lo que hace que la magia de los reyes siga viva. Os pido que cuidéis de vuestras familias, vuestros amigos y vuestros maestros. Y de todas las personas que os quieren. Porque los regalos más grandes no siempre caben en un paquete, sino en un corazón que sepa amar de verdad. Bondad y abrazos son tesoros que duran para siempre". Y al unísono los tres, "recordad que la magia ha conquistado València y hay magia para todos".
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