La Generalitat trabajará en un nuevo plan estratégico para solventar el caos de Metrovalencia
Pérez Llorca y Catalá abordan la crisis del transporte público valenciano, con averías recurrentes, durante la visita institucional del president al Ayuntamiento de València

Los trenes de Metrovalencia circulan esta mañana a rebosar de viajeros y los andenes están llenos. Imagen de la estación de Alameda, en València. / C. Moreno
València y su área metropolitana han amanecido hoy con el enésimo caos en su red de metro. Problemas viejos para el año nuevo. El desprendimiento de la cubierta que ha caído sobre la catenaria en la estación de Ángel Guimerá, en València, ha generado una especie de embudo para el paso de trenes provocando numerosos retrasos y cancelaciones en las líneas 3, 5, 7 y 9, además de dejar también muchos afectados en las líneas 1 y 2, con las que enlazan en ese punto.
La incidencia ha obligado a cortar el servicio en una de las dos vías de la estación y a emplear únicamente un solo trazado, lo que ha dinamitado los horarios de paso de los metros en la primera mañana de vuelta a la rutina tras las vacaciones de Navidad. Andenes y trenes han estado a reventar durante las primeras horas, en plena hora punta.
La avería ha generado trastornos entre cientos de vecinos de la zona que se desplazaban a sus lugares de trabajo o incluso al aeropuerto. "El metro no venía y estábamos nerviosos porque teníamos prisa. Perder un avión son palabras mayores y mi marido tenía que viajar a Italia por motivos de trabajo así que era importante llegar a tiempo. Mi marido no ha perdido el vuelo de milagro”, lamentaba Guadalupe en conversación con Levante-EMV.
Consultados por este escenario recurrente, tras la visita institucional de Juanfran Pérez Llorca al Ayuntamiento de València, el president ha señalado que durante la reunión con la alcaldesa María José Catalá han hablado de la movilidad y las posibles soluciones al problema de comunicaciones. “A nadie le gusta que haya incidencias como han ocurrido esta mañana en el metro. Hemos hablado del tema, hay que hacer un nuevo plan estratégico que mejore la comunicación especialmente en el tema ferroviario, así lo hemos acordado la alcaldesa y yo. Lo hablaremos a través del Conseller de Infraestructuras para gestionarlo a través del consorcio o de cualquier otra entidad que se decida y podamos seguir trabajando en la mejora de las infraestructuras”, ha avanzado Pérez Llorca.
Una crisis multifactorial
Los viajes de Metrovalencia se cuentan por averías y sus usuarios urgen a tomar soluciones. Entre los factores que hacen que este medio de transporte viva en crisis constante aparecen algunos estructurales y otros políticos. La red completa tiene unos 165 kilómetros, de los cuales 135 kilómetros son en superficie y el resto subterráneos –sólo la línea 5 y buena parte de la línea 7 discurren bajo tierra–. Los primeros están expuestos a las inclemencias del tiempo, no es raro que se acumule agua o caigan ramas en la catenaria. Muchas de las incidencias en ese sentido, también cuando hay choques con otros vehículos, se las apunta el tranvía. Los factores externos condicionan la circulación.
Por otra parte, el uso del transporte público está experimentando un crecimiento exponencial debido al incremento de población –València ha aumentado su población en casi 20.000 personas y ya alcanza los 844.424 habitantes–, pero también al prolongado cambio en la cultura de movilidad, o la proyección turística del Cap i Casal, la pérdida de vehículos en la dana, las dificultades para atravesar la ciudad en coche con decenas de obras en marcha y los permanentes atascos en accesos y vías principales como Pío XII o Fernando el Católico. Eso tensiona el servicio y agrava los hacinamientos, cosa que podría disuadir de utilizarlo, sin embargo, Metrovalencia cerró 2024 con un récord histórico de 91,1 millones de usuarios.
Hasta ahí los factores estructurales, demográficos o ajenos a la empresa pública. Pero hay otros ingredientes. La red se ha quedado anticuada y necesita renovaciones urgentes además de las emprendidas tras la dana –el servicio sigue saliendo de ese impacto–. Más allá de anuncios, la inversión en Metrovalencia está lejos de ir acompasada a la demanda. Hay impuntualidad y abarrotamiento porque la frecuencia –es decir, los trenes y la plantilla– es insuficiente. En el centro un tren puede pasar cada 7 minutos cuando hay suerte, pero en Llíria puede tardar entre 30 y 40 minutos.
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