LGTBIQ+
Los espacios lésbicos (y seguros) renacen en València
La comunidad lésbica, que fue testigo de cómo sus puntos de encuentro desaparecían de la ciudad, reivindica su lugar y crea eventos y lugares en los que reunirse de nuevo y sentirse seguras

Trini Agost y Rita Motto organizan la fiesta Tía, vente y pronto algo en Glop i llandes / Fernando Bustamante

No hace tantísimos años vivir la propia sexualidad no era nada sencillo. Y no estamos hablando de lo que ocurre en el dormitorio de cada cual, sino de pequeños gestos tan naturales como darse la mano con la pareja, un beso más bien púdico o simplemente hablarse sin respetar el espacio íntimo, esos 30 o 40 centímetros alrededor de una misma persona reservados para con quienes se mantiene una relación muy cercana.
Si uno pertenecía al colectivo heterosexual, no había problema, pero si era del homosexual, eso ya era harina de otro costal. La aventura de compartir experiencias sexo-afectivas con personas de tu mismo sexo resultaba bastante arriesgado por aquello del señalamiento y no digamos si se pretendía hacer en localidades pequeñas. Así que la solución pasaba por peregrinar a la ciudad para frecuentar los antiguamente denominados "locales de ambiente".

Un escaparate para artistas locales, por ejemplo, del tatuaje / María Carbonell
La historia de Miriam (nombre ficticio) es muy representativo. Ella, natural de Sant Joan d'Alacant, recuerda los viajes en tren a València para poder disfrutar de los pubs para el colectivo lésbico. "Viajaba con una amiga algunos fines de semana. Era finales de los 90 y entre que en Alicante no había mucho sitio para escoger y que nos conocíamos todas, optábamos por irnos a la ciudad bajo cualquier excusa". Era una época vibrante para el colectivo LGTB (las siglas IQ+ aún tardarían unos años en añadirse) que disfrutaba de un amplio abanico de locales para hacer de València una capital lgtbifriendly con todas las letras.
Un stop repentino para las mujeres
El Mos d'Eva, Monalisa, Donna Donna, Mogambo o el Som com Som representaron la época de esplendor de los locales para chicas. Poco a poco fueron cerrando todos hasta que la única opción de la ciudad fue el Planet, un 'garito' de Russafa que acabó bajando la persiana hace un año y dejando medio huérfanas de espacios exclusivos a las mujeres lesbianas de la ciudad.
Ante semejante panorama, varias chicas decidieron dar un paso adelante y crear de nuevo puntos de encuentro para el colectivo. "Nosotras resurgimos debido al vacío que dejó la desaparición de estos sitios. Lo único con lo que contábamos eran garitos de 'bolleras' con una estética súper descuidada y en la que entraba todo tipo de público", explica Rita Motto, una de las impulsoras de Tía, vente, la fiesta para chicas que ha revolucionado el panorama para mujeres lesbianas, bisexuales y transexuales de València.
Con la organización de estas veladas además de "crear un espacio seguro" para las miembros del colectivo se pretende dar visibilidad a las mujeres artistas y creadoras del panorama valenciano. Dj's, ilustradoras o tatuadoras todas ellas forman parte del universo Tía, vente que les proporciona el escaparate que un sector dirigido por hombres se resiste a darles. "El mundo cultural tiene un machismo intrínseco que obvia a las mujeres y las relega a los márgenes, nosotras les damos un lugar preferente", cuenta Trini Agost, la otra mitad de la organización de las fiestas para chicas.

Tía, vente es una fiesta y un punto de reencuentro para chicas / María Carbonell
La suma de la racha de cierres de locales sáficos y que los dirigidos al colectivo LGTBIQ+ están ocupados mayoritariamente por hombres gais, terminó por 'arrinconar' al colectivo lésbico en cuestiones de ocio y convivencia. Porque lo que más echaban de menos es "un espacio de reunión. Tras perder nuestro último bastión en la ciudad no habíamos vuelto a coincidir todas en un evento. Es muy agradable reencontrarte con las chicas", cuenta Rita Motto.
Luces en el mundo lésbico
Por iniciativas como las de Motto y Agost ya se aprecian aires nuevos para una de las letras del colectivo más invisibilizado. Tía, vente cumple dos años de celebraciones en la discoteca Tulum (aunque para verano prevén organizar eventos en Spook y pool parties en Cala Blava, en Pobla Farnals), el pub Hannya en Russafa ha abierto sus puertas solo a entidades femeninas y otro local del mismo barrio organiza la fiesta 'Rollo Bollo' cuyo nombre no da lugar a equívoco. Viendo que el ambiente había despegado de nuevo en València, ha aterrizado en la ciudad Mírales una fiesta especializada en público femenino que lleva años celebrándose en Madrid y que ha dado el salto a la ciudad.
El páramo por el que ha atravesado el colectivo no se debe a razones sociopolíticas, sino más bien de mercado. "Existían locales solo de chicas que acabaron abriendo el aforo a otros colectivos porque, no podemos olvidar, al final era el modo de ganarse la vida de las propietarias. El caldo de cultivo para que se haya producido este impulso fue el cierre de Planet", razona Trini.
Pero no sólo en el ámbito de la fiesta se perciben estos resurgimientos. Aunque no sean espacios exclusivos, las librerías La Rossa, especializada en autoras y ubicada en Benimaclet, y Contexto Queer en la avenida Primado Reig de València, son lugares lgtbifriendly en los que las lesbianas hallan lugares de confort, no solo en la temática de los libros, sino en las actividades que se organizan en ellas, por ejemplo, en Contexto Queer se celebra el Club de lectura Voces sáficas, al igual que las excursiones y actividades paralelas entorno al arte, el deporte y la cultura generadas en la variedad de grupos de la comunidad de whatsapp de Tía, vente.

La librería Contexto Queer organiza el Club de Lectura Voces Sáficas / J.M. López
En el deporte también hay movimiento. En un área tan masculinizada surgen iniciativas creadas por lesbianas como la Copa Lenders, de fútbol femenino, el Open Bollo Padel Girls y el Lesbian Garros que cuenta con sedes en València, Madrid y Barcelona.
Como toda luz, esta también tiene su sombra. En este caso se trata, ni más ni menos, de la falta de apoyo por parte de instituciones y empresas. "Nuestro sueño sería que al igual que las grandes marcas se involucran en eventos y garitos gais, que lo hicieran con propuestas como la nuestra. Lo ideal sería que la visibilización alcanzara también a los eventos femeninos y apostaran por este movimiento", reflexiona Motto. Al fin y al cabo, las chicas también llenan salas.
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