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Las correcciones del puerto retrasan el esperado Parque de Desembocadura

El remate verde del Jardín del Turia se demora más de lo previsto por detalles de poco calado como el ancho de los pasos, pero el ayuntamiento ya busca fecha para presentar el proyecto de ejecución

Figuración del proyecto (Con)fluir con una especie de anfiteatro verde y el barco pirata de fondo

Figuración del proyecto (Con)fluir con una especie de anfiteatro verde y el barco pirata de fondo / Inventario de Arquitectura

València

El remate del Jardín del Turia sigue atascado en los despachos. A finales de 2025, la alcaldesa María José Catalá deslizó que no terminaría el año sin desbloquear el proyecto de ejecución del primer tramo del parque de Desembocadura, del puente de Astilleros a la futura ciudad deportiva del Levante, pero el año concluyó sin novedades y en el equipo del gobierno municipal explicaron que aún quedaban algunos flecos por resolver desde la Autoridad Portuaria.

Una de las grandes aspiraciones de Catalá como alcaldesa de València pasa por culminar este ajardinamiento del lecho fluvial -en la misma zona también están pendientes el soterramiento de Serrería o el PAI del Grao-, con un coste estimado de 35 millones de euros, de los que la Autoridad Portuaria aportará 13,5 en el marco de colaboración puerto-ciudad y la cesión de suelo al Cap i Casal por un plazo de 25 años.

Preguntados por los trámites, desde el organismo estatal precisan que se están acabando de cerrar detalles técnicos del proyecto como el ajuste del ancho de algunos pasos, el tipo de vallado y otros aspectos necesarios -sin entrar más al detalle- para poder licitar la obra, algo que se hará de la mano del ayuntamiento en los próximos días. De hecho ya se está buscando fecha para su presentación. El objetivo sigue siendo arrancar en 2026 y ver ya algún avance en 2027, año electoral.

El proceso viene de lejos. El ayuntamiento aprobó en abril de 2024 el contrato para la redacción del proyecto con un plazo de ocho meses y la dirección facultativa de obras con el equipo de los arquitectos Carmel Gradolí y Arturo Sanz (Inventario de Arquitectura), para posteriormente sacarlo a licitación, el documento no termina de ver la luz y los vecinos de Natzaret se impacientan... aún más.

«En 1986, el alcalde Pérez Casado, que en paz descanse, firmó un convenio por el cual se pactaba la ampliación del sur del puerto, algo que eliminaría la playa de Natzaret», recuerda Julio Moltó, presidente de la asociación vecinal. «En compensación al barrio se pusieron dos cosas sobre la mesa. Unas zonas verdes en los terrenos que albergarán la ciudad deportiva del Levante, y una solución hidráulica para el viejo cauce», añade sobre un proyecto doble que esbozaba el actual Parque de Desembocadura.

La reparación también será simbólica porque el remate verde del viejo cauce -que será completo cuando el jardín del PAI del Grao conecte el puente de Astilleros con el Oceanogràfic- se ejecutará en los terrenos de la fábrica de aceite de soja transgénica, cuyo derribo, en 2014, fue una conquista vecinal. Pero la deuda histórica es importante y a la desembocadura del antiguo Turia le piden más. Tras los efectos de la dana, los vecinos han planteado a la alcaldesa la necesidad de rebajar la cota del parque para que funcione como un jardín inundable que proteja al barrio de la entrada de agua.

En realidad, tal como explicó el exalcalde Joan Ribó en su día, el proyecto (Con)fluir recuperará la morfología original de un río trenzado hasta el puente de Drassanes, favoreciendo la fitoreparación y previniendo inundaciones frente a lluvias intensas mediante tanques de tormenta. El equipo ganador del concurso planteado por el gobierno del Rialto -el actual gobierno municipal paralizó inicialmente el plan para revisarlo, pero finalmente decidió seguir adelante con el diseño- plantea un bosque urbano que culmina en el Espai Natzaret, incluye distintas áreas para uso de la ciudadanía, un barco del naufragio de Gulliver y una lámina de agua que evoca la antigua playa de Natzaret.

La otra gran petición del barrio es la desembocadura abierta al mar para el cauce histórico del Turia. Según explica Moltó, ante las reticencias de la Autoridad Portuaria, que afirmaba que esto era «prácticamente imposible» desde el punto de vista técnico, los vecinos argumentaron que se trataba de construir un puente y recuperar el viejo trazado fluvial. Y propusieron, además, un sistema de compuertas para regular posibles subidas del nivel del mar y gestionar el desagüe en caso de inundaciones. Finalmente, se llegó a un punto de acuerdo al dejarlo como una posibilidad para el futuro, bajo la premisa de que «no se puede negar a las generaciones venideras el derecho a esa salida al mar a cielo abierto en función de cómo evolucione el cambio climático», recuerda Moltó.

Es la solución hidráulica que prometió hace 40 años Ricard Pérez Casado para el final del antiguo Turia con el objetivo de evitar la contaminación por aguas de muy baja calidad provenientes del colector norte. Por el momento, el ayuntamiento ha pedido al equipo redactor incluir la prolongación de dicho colector y de este modo dar salida a los excedentes acumulados al final del viejo cauce, donde tras episodios de intensas lluvias se suelen producir vertidos de aguas fecales mezcladas con pluviales. El proyecto del Parque de Desembocadura se ve como la oportunidad definitiva para resolver los algunos de los problemas de históricos de Natzaret.

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