Relaciones
Hartos de las apps de citas: cómo y dónde se liga en València
Ante el hartazgo de las aplicaciones de citas, los solteros valencianos apuestan por el contacto cara a cara, explorando alternativas como las citas rápidas o las fiestas para singles

Marina Falcó / Esteban San Canuto

Como sucede con la ropa, nunca hay que tirar esa pieza de fondo de armario a la basura. Todo vuelve. Y es que hay prendas que jamás pasarán de moda y seguirán siendo un clásico que funciona. Un suéter de cachemir jamás quedará desfasado algo que no puede decirse de un pantalón 'barrel'. Y esto es sólo un ejemplo más de cómo el old style puede permanecer oculto, pero siempre estará dispuesto a salvarnos el pellejo. Algo que también ocurre en el noble arte de ligar.
Las apps de citas se han convertido en todo un fenómeno sociológico que han cambiado los usos y costumbres de las personas a la hora de relacionarse afectivamente. Cuatro fotos, dos datos básicos y a jugar. Rápido y preciso para que el descarte (o el match) se produzca lo más inmediatamente posible y podamos hacerlo desde el sofá de casa o mientras viajamos en el metro. Que el algoritmo trabaje por nosotros.

Marina Falcó / Esteban San Canuto
Sin embargo, estas herramientas de socialización han sufrido un desgaste importante en los últimos años. Según la revista The Economist, las apps de citas perdieron 17 millones de suscriptores y las descargas bajaron un 20 % en el segundo trimestre de 2024. No es raro. Tras saltar de una app a otra, la gente acaba harta de la tríada tóxica de nuestro tiempo: el ghosting (cuando alguien desaparece repentinamente sin explicación), el breadcrumbing (enviar señales intermitentes de interés -migajas emocionales- sin intención real de comprometerse) y el benching (mantener a una persona como un "plan B" mientras se explora otras opciones sentimentales).
Como no podía ser de otra forma, los valencianos y valencianas también están hartos de que el algoritmo decida hacia dónde deben dirigir su interés afectivo y han apostado por darle una segunda oportunidad al método tradicional: el cara a cara.
Qué pasa con los de más de 40
Pero cuidado, porque a partir de determinada edad ya no es tan fácil. "Los grupos son más cerrados, las obligaciones familiares y laborales son más absorbentes y la disponibilidad de los amigos disminuye", explica a Levante-EMV la psicóloga clínica Consuelo Tomás. En los 20 somos más expansivos y a los 40 más exigentes (y quizás a la fuerza, más reservados) así que a veces toca ponerse un tanto creativo.
Las personas más adultas buscan, por lo general y según expresa Tomás, conexiones más profundas y mayor estabilidad en estas plataformas digitales para ligar. Aunque siempre hay excepciones: "los hay que salen de relaciones largas y tras un desengaño, buscan validación externa o algo casual", sin embargo, quienes se muestran predispuestos a encontrar pareja ya empiezan a migrar del mundo digital al 'analógico' o presencial.
Si bien las aplicaciones como Tinder o Bumble funcionan con algoritmos "que identifican lo que no queremos" y en principio deberían ser el camino más corto para ponernos en contacto con quien sí queremos, presentan algunos inconvenientes que pueden provocar un importante desgaste emocional entre los usuarios, la conocida como dating fatigue.
"Nos hemos encontrado con pacientes que se han sentido mal por el uso de estas plataformas. Las apps son catálogos visuales con atributos simples: edad, hijos, nivel de estudios y poco más, por eso el hecho de que un mensaje se quede sin contestar puede llevar a sufrir una baja autoestima y sentirse irritado. Uno puede llegar a preguntarse: 'No me conoce de nada y ¿me rechaza por cuatro rasgos básicos?", reflexiona la psicóloga.

A los 20 somos más expansivos, pero a los 40 más herméticos quizás a la fuerza. / Germán Caballero
"Además, añade Tomás, el dedo se desliza por la pantalla sin parar porque, mientras se ven las fotos de los posibles pretendientes se segrega dopamina y puede llevar a pensarse que siempre habrá alguien mejor". La gratificación instantánea del bucle de dopamina convierte el ligue en un consumo infinito "priorizando la búsqueda de una opción mejor sobre la conexión auténtica y genuina", explica.
Las personas de entorno a la cuarentena que dejan de utilizar las aplicaciones son aquellas que "creen en una comunicación directa y profunda" -cuando la única distancia en una cita era la mesa de un bar-, han sufrido desplantes como el goshting y se han topado con personas con una importante falta de madurez.
Bueno, pues una vez se ha caído en el desencanto ¿qué alternativas hay? Si las bazas de pasear al perro, los compañeros de trabajo y los amigos de amigos no funcionan, en València han surgido algunas opciones que pueden ayudar en la misión.
Citas rápidas y fiestas de solteros
Las speed dating -o citas rápidas- son un formato de encuentro en el que (en el caso heterosexual) un grupo de hombres y mujeres que no se conocen de nada, entablan conversación durante unos minutos con cada uno de los asistentes del otro sexo, antes de dar el salto al siguiente para continuar hablando.
Hace cinco años que Marián Mendoza empezó a organizar "Las Minicitas" en València. Unas veladas de speed dating que se celebran en varios locales de la ciudad, entre ellos en Radio City, y que funcionan de maravilla. "En algunos eventos hemos alcanzado entre un 50 y un 70 % de éxito", explica Marián. Ella trabaja con varios rangos de edad que van desde los 20 hasta los 60 años, y sí ha notado una desafección hacia las aplicaciones de citas.
Quienes se apuntan a sus quedadas ya tienen, al menos, la intención de encontrar a una persona con la que iniciar una relación. Y además "se interactúa con personas con las que quizás no cruzarías ni una palabra en la parada del bus y que, sin embargo, en el cara a cara bien por su forma de reír, por cómo habla e incluso por cómo huele, te llaman la atención y se produce el chispazo". No descartar a alguien por una simple imagen, en resumen.

Marián Mendoza organiza "Las Minicitas" en València donde se puede conocer el amor o nuevas amistades / Miguel Angel Montesinos
Además de las citas rápidas, Marián también organiza citas a ciegas en las que se "afina más" la selección de los candidatos teniendo en cuenta más aspectos como los propósitos, hábitos de vida, gustos, etc. Otra modalidad son las 'Minicitas con peques', para familias monoparentales y que se celebran en parques y zonas adecuadas para los menores y las 'Minicitas sociales' cuyo objetivo es encontrar personas con las que hacer planes y ampliar el círculo social. "Además, es muy habitual que después de asistir a las speed dating se creen grupos de whatsapp entre los participantes y hagan quedadas como amigos", cuenta mientras sonríe.
Otro fenómeno que ha aterrizado en la ciudad de València son las fiestas para solteros. En estas quedadas para singles, los asistentes compran una entrada y entre cócteles, música y algún juego más o menos simplón interactúan de forma natural con quien les ha llamado la atención. Lo que antes se hacía de forma instintiva en los pubs, pero sabiendo ya a lo que vas.
Diana es una vecina de València que ha asistido a alguna de estas fiestas para gente sin pareja y en su opinión "lo mejor que tienen es la forma más humana que tienen de llevarte al cara a cara y que esa 'chispa' que puede surgir no sea a través de un chat". La eficiencia es otro de los aspectos a los que le da importancia "los gestos o cómo se mueve la otra persona es algo que las apps de citas no te permiten apreciar y esto es fundamental para saber si alguien te resulta interesante".
Si bien para Diana las aplicaciones pueden ser muy útiles para las personas más tímidas o que les cuesta más la interacción directa, asistir a estas fiestas es una opción "estupenda" porque "lo mínimo que te llevas es habértelo pasado bien. Si no ligas con nadie, por lo menos has tenido un rato agradable y no tienes la sensación de haber perdido el tiempo como ocurre cuando inviertes horas de tu tiempo en chatear con alguien y que no lleva a ningún sitio", observa.
Otro de los nuevos puntos de encuentro para los solteros es el tardeo. Este nuevo tiempo de ocio que en los últimos cinco años se ha consagrado en la ciudad de València también es una de las vías para socializar en la capital. Solo hay que darse una vuelta una tarde sábado por Russafa para ver el gentío que puebla las terrazas del barrio. El plan es perfecto: quedar a la hora del aperitivo, comida con amigos y una copa para interactuar con otros grupos con la misma predisposición sandunguera. Nada puede salir mal.
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