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La vida después de un desahucio en València: ¿qué ocurre cuando un fondo compra tu casa?

Aunque la vida le sonríe a Pedro, lamenta la transformación de su antiguo hogar en el Botànic en un hotel, un cambio que le obligó a abandonar el barrio donde residía y tiene su negocio

Algunos de los vecinos que habitaban los edificios centenarios de la calle Turia y que fueron desahuciados.

Algunos de los vecinos que habitaban los edificios centenarios de la calle Turia y que fueron desahuciados. / Francisco Calabuig

Marina Falcó

Marina Falcó

València

Hace tres semanas se supo que el Ayuntamiento de València había concedido las licencias ambiental y de obras para la construcción de un hotel en dos bloques de viviendas de la calle Turia. Levante-EMV se dio eco de la expulsión de las 16 familias que residían en estos edificios después de que los pisos fueran adquiridos a la familia propietaria por un fondo de inversión francés. Esta es una historia que, por desgracia, no es raro leer en los medios.

Por las informaciones sabemos del shock que produce en los inquilinos conocer que su casa pasa a otras manos, de la lucha a la desesperada para intentar revertir la situación, la presión por intentar aguantar los envites de los poderosos fondos e incluso la sensación de derrota que debe embargarle a uno mientras empaca toda su existencia en unos bultos que, a veces, no tienen destino. Pero ¿sabemos qué ocurre cuando los focos se apagan y hay que sobrevivir fuera de casa?

Para conocer qué sucede después de que la puerta de tu hogar se cierre para siempre, este periódico ha contactado con Pedro Giménez, uno de los inquilinos de estas viviendas del barrio del Botànic que tuvo que abandonar la que fue su casa durante 22 años.

"A mí me echaron", incide Pedro con la rabia aún muy presente. Él, vecino de toda la vida del barrio ("mi madre aún vive allí"), comenzó a construir su hogar con su pareja en lo que entonces era "un cuchitril". Con el permiso del propietario, hizo varias reformas en el inmueble que acabó siendo una de las más bonitas del barrio "me lo reconocían las visitas que venían a casa", cuenta con un punto de orgullo. Unió dos viviendas en las que nacieron y crecieron sus cinco hijos y cuya fachada trasera asomaba directamente al jardín Botánico.

Giménez es un empresario del mundo del teatro. Puso en marcha una escuela en la misma calle hace ya 25 años y lo hizo porque era su barrio y vio una oportunidad de invertir en las calles que lo vieron crecer, "imagínate, de pequeño jugaba en el Botánico". Un arraigo total que heredaron sus hijos quienes fueron primero al colegio Cervantes, "en la acera de enfrente", luego pasaron al instituto Lluís Vives, "al que iban andando" y apenas sacaban el coche familiar del garaje "lo teníamos por si acaso y para desplazamientos largos", explica, ahora que ha tenido que salir de la ciudad "tenemos dos vehículos porque mi mujer trabaja, yo también, hay que desplazarse y hay franjas horarias en las que el metro ya no funciona".

Buscar casa con alquileres por las nubes

Claro, porque tuvo que irse de València porque "todo lo que había era carísimo. Ten en cuenta que necesitábamos al menos cuatro habitaciones" y la búsqueda de casa comenzó en un momento en el que se produjo la tormenta perfecta: la subida exponencial de los precios después de la pandemia. El regreso del turismo y el aterrizaje en masa de expatriados (personas que se mudan de país generalmente por motivos laborales) tensionaron el mercado inmobiliario y se lo puso más difícil a los vecinos de los números 49 y 51 de la calle Turia.

Una de las protestas en el barrio cuando se anunció la intención de vaciar las casas de la calle Turia

Una de las protestas en el barrio cuando se anunció la intención de vaciar las casas de la calle Turia / Eduardo Ripoll

"Yo no me puedo quejar porque el trabajo me va bien, mi familia está bien y al final encontramos una casa pero no todos lo han tenido tan fácil", reconoce Pedro. Se acuerda de Miguel y Paquita, la pareja de octogenarios que vivía en uno de los pisos "el abuelo murió tres meses después de los echaran de casa y tras mendigar algún espacio donde vivir", lamenta. Otros tuvieron que salir al área metropolitana, l'Horta Sud principalmente, que años más tarde se vería azotada por la dana.

Los vecinos lo intentaron prácticamente todo "incluso nos planteamos comprar el edificio cuando supimos a cuánto lo vendían los herederos de la familia", pero la oferta no prosperó.

Impacto emocional

Porque aunque a Pedro la vida le ha ido bien después de salir del barrio reconoce que necesitó ayuda profesional para digerir el trago. "No entendía por qué si el negocio funcionaba, había encontrado una buena casa y mi familia me quería, me sentía deprimido. El psicólogo me habló del impacto emocional que tuvo este proceso en mí. Eso y que al final te obligan a hacer algo que no quieres", reflexiona.

"A mí lo que me jode es que se le haya cambiado el uso. Entiendo que si eres el dueño y quieres vender la casa o directamente no me quieres de inquilino, hagas lo que consideres oportuno, me parece perfecto porque estás en tu derecho, pero ¡oye! es que van a hacer 82 habitaciones, van a añadir una planta y van a modificar los bajos, que ya me dirás qué van a hacer con dos palmeras que hay ahí y están protegidas. Si yo no podía modificar la casa a lo loco ¿ellos pueden hacer lo que quieran?", se pregunta.

La historia de Turia 49 y 51

En 2021, los edificios 49 y 51 de la calle Turia, en el barrio del Botànic, saltaron a los medios porque un fondo expulsó a las 16 familias que vivían allí. Los herederos de la antigua propietaria vendieron el inmueble y el fondo envió cartas a los inquilinos con el siguiente mensaje: conforme vayan venciendo los contratos de alquiler tienen que irse. En los edificios vivían niños y personas mayores. Algunos vecinos llevaban residiendo allí 50 años.

Tras desalojar el inmueble, el fondo inició los trámites para abrir el citado hotel boutique en uno de los barrios que más crece en alojamientos turísticos de la ciudad, pero la Comisión de Patrimonio rechazó la licencia de actividad a principios de 2025 exponiendo defectos de fondo. Finalmente, la comisión resolvió favorablemente el cambio de uso a terciario hotelero en un dictamen emitido el 9 de junio de 2025.

Según consta en el expediente de las licencias, el nuevo hotel tendrá 82 habitaciones y 168 plazas de alojamiento repartidas en cinco plantas, una cafetería/restaurante en la planta baja, y una piscina en el patio exterior trasero colindante con el Jardín Botánico de València. La actuación ampliará la profundidad de la edificación y dotará a los edificios de una nueva fachada posterior. El acceso se mantendrá a través de los dos zaguanes que recaen a la calle Turia. Además, se creará una planta ático que albergará 12 habitaciones.

Según las condiciones impuestas por la licencia, las obras deben comenzar en un periodo de 6 meses desde la notificación y deben terminarse en un plazo de 24 meses, con lo que en no más de dos años el nuevo alojamiento se sumará al Easy Hotel que ya última su apertura y varios bloques de nuevos apartamentos turísticos, todo en el mismo barrio.

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