Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Okupas

El infierno de vivir en el barrio de Morvedre de València: "Están esperando a que haya un incendio o muera alguien para actuar"

Vecinos de la calle Visitación de València llevan ocho años sufriendo amenazas, ruidos y problemas de convivencia a causa de la okupación del edificio contiguo, donde se acumula la suciedad y se sospecha que es un punto de venta de droga

El infierno que viven los vecinos de la calle Visitación, 33 de València

Redacción Levante-EMV

Marina Falcó

Marina Falcó

València

Amenazas de muerte, ruidos a cualquier hora, maltrato animal, incendios, excrementos en zonas comunes y plagas de ratas. No falta ni un detalle en esta especie de película de terror que llevan sufriendo los vecinos de la calle Visitación número 33 de València desde hace, nada más ni nada menos, que ocho años. Ese fue el momento en el que unos okupas se apoderaron del edificio contiguo, el del número 35, con el que comparten medianera y patios traseros, y su vida se convirtió en una auténtica pesadilla.

"Y lo peor es que no vemos el fin", explicaba a Levante-EMV uno de los vecinos que no quiere dar su nombre por temor a represalias. Y no se le puede acusar de ser exagerado porque ya ha sido amenazado de muerte hasta en dos ocasiones: "me han dicho que me van a pegar un tiro y a cortarme el cuello, una vez lo hicieron delante de un agente de la Policía Local". Por supuesto este hombre presentó la pertinente denuncia ante la Policía Nacional.

Trastos apilados en una de las terrazas del edificio okupado

Trastos apilados en una de las terrazas del edificio okupado / J.M. López

Pocos dirían que detrás de unas preciosas fachadas de los años 30 se está viviendo un infierno. "Porque ya no es un problema de okupación, que también, sino de convivencia", cuenta a este periódico otro de los vecinos del edificio.

Visitación 33 pertenece a un bloque común de cuatro edificios que hace chaflán y se extienden en los números 35 y 33 de esta misma calle y en los 42 y 44 de la calle Ruaya. Cada una de las fincas tiene 10 viviendas y resulta que los inmuebles de los extremos, Visitación 35 y Ruaya 44 están okupados. Pero vayamos por partes.

Los bloques del chaflán de la calles Visitación y Ruaya con graves problemas de okupación y convivencia

Los bloques del chaflán de la calles Visitación y Ruaya con graves problemas de okupación y convivencia / J.M. López

Grietas y enganches ilegales

El edificio del número 35 tiene sus diez viviendas okupadas. Y eso que la propiedad de los edificios los dejó completamente diáfanos, solo las paredes, los techos y los suelos, pero aún así todos los pisos tienen gente muy problemática dentro.

No hay ni agua ni electricidad pero eso no supone un problema. "Hemos visto cómo a las cinco de la mañana engancharon una manguera desde una trapa de agua potable de la calle hasta el segundo piso", explican los vecinos. Este agua que utilizan para ducharse, como no hay pavimento en los suelos, acaba filtrándose con los consiguientes daños en la estructura. Que no son los únicos. Enormes grietas plagan la pared medianera a las que han tenido que aplicar unas grapas de construcción "por nuestra cuenta", para intentar reforzar aunque sea un poco, la pared.

Esta falta de saneamiento también se traduce en una insalubridad extrema. No hay baños así que "acumulan sus necesidades en cubos que tiran por los patios traseros", explican los afectados. La suciedad y los apestosos olores se perciben enseguida, porque además de los orines y las heces "también hemos visto que tiran restos de comida por las ventanas, así que tenemos ratas, moscas y todo tipo de bichos". "Yo no abro nunca las ventanas", lamenta un tercer vecino de Visitación, 33.

Pero este no es el único enganche que tienen, también han hecho empalmes ilegales a la luz. "Un vecino se dio cuenta de que se habían intentado enganchar a su electricidad", cuentan.

Las visitas de la Policía Local y de los Bomberos son constantes, "somos viejos conocidos", declaran tirando de ironía. Tras una constante lluvia de denuncias, escritos a instituciones y llamadas a la propiedad de los edificios, no pueden más y necesitan que alguien tome cartas en el asunto. "Nadie va a hacer nada hasta que ocurra una desgracia, un incendio o que se derrumbe la finca y muera alguien", claman desesperados. Ambas situaciones no resultarían descabelladas puesto que dentro de las viviendas encienden fuegos que "son un verdadero peligro".

Agentes de la Policía Local de València intentan localizar a los okupas pero no abren la puerta

Agentes de la Policía Local de València intentan localizar a los okupas pero no abren la puerta / J.M. López

Han llamado incluso a los servicios de protección animal porque esa es otra, "tienen varios perros, de todos los tamaños, que dejan todo el día encerrados y ladran constantemente. Día y noche. Incluso pensamos que detrás de los alaridos que sueltan los animales puede haber maltrato". También perciben que como método de amedrentamiento azuzan a los canes para que ladren desesperadamente contra la pared que da a sus viviendas. "La terraza superior la utilizan como una especie de pipican de donde salen unos olores insoportables", añaden.

Fiestas con guitarras, niños llorando y correteando a la una de la mañana, discusiones a voces ("hemos llamado alguna vez a la policía porque parecía que era un caso de violencia de género") y música sin importar la hora. "Hay bebés viviendo en nuestro edificio, es insoportable y no podemos más", explican desesperados los vecinos a este periódico. Pero ¿y los propietarios de las fincas ocupadas? Este periódico también ha hablado con ellos.

Un problema atascado en los juzgados

La propiedad de los edificios también se sienten atados de pies y manos. Silvia Díaz, abogada de los propietarios, afirma que han presentado infinidad de demandas y denuncias pero "en cuanto logramos que desalojen a los okupas de una vivienda, tapiamos la puerta del piso pero la tiran abajo y se meten otros", de esta forma el edificio nunca ha estado vacío del todo.

Los patios traseros que unen a los edificios son un almacén de excrementos, basura y bichos

Los patios traseros que unen a los edificios son un almacén de excrementos, basura y bichos / J.M. López

Porque el problema, según explica la abogada es que cada procedimiento por el delito de usurpación lo lleva un juzgado diferente. "Aunque presentemos una demanda conjunta por todo el edificio okupado, esta se acaba gestionando en varios juzgados, así que nunca ven el problema global que es el peligro de incendios, los graves choques de convivencia y que todo el barrio está afectado". A esto hay que sumar la lentitud de los juzgados, "hay algún caso que lleva tres años en los tribunales", explica, "parece que esperan a que muera alguien para hacer alguna cosa".

Díaz asegura que les consta que alguno de los pisos okupados han sido subarredandados por los propios intrusos, "sabemos que hay una mafia que trafica con los pisos", incluso hay sospechas de que no es lo único con lo que se comercia entre las paredes de Visitación, 35. Un constante devenir de personas entrando y saliendo del edificio podría ser una señal de que es un punto de venta de droga.

Ante la posible presencia de menores en esta finca ocupada, cuyas voces han escuchado los vecinos, los servicios sociales municipales han visitado el enclave para ofrecer su asistencia. Según fuentes del ayuntamiento la única menor que podría encontrarse en el edificio "no pernocta allí puesto que el padre de la niña de dos años asegura que la tutela la tienen los abuelos y que únicamente va de visita. Porque además -añaden-se ha confirmado que el edificio no cuenta con las condiciones de salubridad óptima, entre otros motivos porque no tienen servicio de agua y electricidad".

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents