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Debate sobre el autobús en València: ¿merece la pena recuperar la Estación Sur de hace 60 años?

La propuesta de doble estación planteada por Martínez Mus ofrece ventajas y desventajas. Los expertos indican que podría reforzar la intermodalidad si se apuesta por incrementar las conexiones, pero al mismo tiempo desplazar las estaciones a la periferia hace que el bus pierda fuerza como opción de movilidad. Además, recuerdan que València lleva décadas enfrascada en el debate de las estaciones y que el autobús ya accedía antaño desde el sur

Antigua estación sur de autobuses, ubicada en la avenida Doctor Waksman

Antigua estación sur de autobuses, ubicada en la avenida Doctor Waksman / Archivo J.A.C.

València

La estación de autobuses de València lleva años pidiendo a gritos un lifting. El edificio situado en la avenida Menéndez Pidal está afectado por una profunda degradación y la Generalitat había anunciado un proyecto de rehabilitación integral para rejuvenecerla y, de paso, hacer más atractiva una opción de movilidad –el bus de media y larga distancia– que ofrece precios populares pero carece de cualquier tipo de comodidad. El proyecto se anunció en medios como Levante-EMV y contemplaba la puesta en valor de la fachada, la reordenación de los comercios, la creación de salas de exposiciones o la instalación de árboles de pequeño porte, pero la Conselleria ha reculado para dar un salto más grande: no invertirá fondos en la reforma porque prevé construir dos nuevas estaciones de autobuses en València, una en el norte y otra en el sur, tal como avanzó Vicente Martínez Mus.

El organismo autonómico decidirá sobre la estación o doble estación de bus después de encargar un informe de movilidad que analice todas las alternativas posibles y "se moje" sobre la mejor opción desde una perspectiva técnica. De momento se han puesto dos ubicaciones encima de la mesa. Al norte, la zona de Empalme, prevista como un nodo intermodal que redistribuya el tránsito de bus a metro y viceversa, un poco a la manera de Avenida de América en Madrid. Al sur se ha hablado de la zona de València Sud, más allá del nuevo cauce y fuera de la zona de influencia del barrio de San Isidro, reticente a tener dentro de sus fronteras una nueva estación de autobuses. Falta mirar parcelas, costes y recorridos, pero de concretarse el proyecto en estos términos, las dos dotaciones se ubicarían muy a la periferia del centro de la ciudad.

Sobre el presente y el futuro del autobús en el Cap i Casal y su entorno, Juan Miguel Albertos, catedrático de Geografía Humana de la Universitat de València, opina que la red de autobús metropolitana no está funcionando mal, dado que en los últimos años está creciendo en pasajeros y contribuyendo a paliar el déficit de oferta. "A partir de ahí, cómo se inserta ese tráfico en la ciudad es otro debate", señala. "Cambiar la estación de autobuses a una zona más periférica no me parece una buena solución", apunta.

"A mi entender, quizá sería mejor ver otras formas de articular esa red de autobuses en la ciudad –continúa Albertos–, y quizá las alternativas no tengan tanto que ver con mover o construir nuevas estaciones sino con integrar la red de autobús en la ciudad a través de servicios como el metrobús, que funcionen conectando la red con diversos puntos de la ciudad mediante diferentes estaciones. Esta opción sí conecta con la idea de fondo de intermodalidad real", subraya el catedrático de Geografía Humana, "pero esa opción supondría, eso sí, llegar a acuerdos al menos entre los municipios metropolitanos para dar calidad a ese servicio de transporte".

"La estación actual tiene cierta intermodalidad"

Albertos añade que en el debate de la ubicación de dicha estación se quiere plantear además la idea de que ahora está en una zona de tráfico colapsado. "Pero esa centralidad tiene sus ventajas. Probablemente los autobuses se usarían menos si la estación estuviera en un lugar menos céntrico. Además, de fondo está la idea de que los autobuses molestan al tráfico de los coches pero no se percibe de la forma contraria: que los coches molestan al tráfico de autobuses", agrega el docente de la UV. "La zona actual está relativamente cerca de la estación Turia, a una distancia similar a la que hay entre la estación de Joaquín Sorolla de Jesús. Hay cierta intermodalidad ahí", completa.

Finalmente, Albertos recuerda que la idea de las dos estaciones se ha estado barajando durante décadas de manera recurrente. De hecho, València ya tuvo una "Estación Sur de Autobuses" en la avenida Doctor Waksman. El edificio fue producto de los planes urbanísticos post-riada, se inauguró en 1966 y facilitaba el acceso desde la Pista de Silla, pero enseguida se demostró insuficiente porque no pasaba de garaje amplio, cerrando a mediados de los años 70 en medio de suelos sin urbanizar. Sesenta años años después: ¿Tiene sentido una doble estación en el Cap i Casal, en el norte y en el sur? "Desde el punto de vista del tráfico metropolitano no lo veo, pero desde el punto de vista de conexión interurbana puede tener cierto sentido", argumenta Albertos.

Aparcamientos disuasorios

Y al debate se suma también Mariona Tomàs, profesora del Departamento de Ciencias Políticas de la Universitat de Barcelona, aportando el ejemplo de una ciudad en la que València se mira ocasionalmente. "Conozco el caso de Barcelona que tiene la estación central, que es la de Sants, y tenía que haber estado la de Sagrera, que debía ser la gran estación, pero por falta de financiación e inversión no se hizo. También está la Estación de Francia pero es más bien residual por las características que tiene. Es decir, esa era la idea inicial, pero al final Sants sigue acumulando la mayor parte del volumen de tráfico en autobús", detalla. Como la ciudad condal, València sigue esperando una Estación Central que funcione a modo de gran núcleo intermodal.

"Tener dos estaciones, si están bien conectadas entre sí, es un buen modelo, en el sentido de que si tú llegas a una estación y rápidamente te puedes trasladar —en París, por ejemplo, es así—, enseguida llegas a otra. Hay que asegurar una conexión muy eficiente con el resto de la ciudad. Pero la intermodalidad también juega un papel clave, y es que puedas acceder a la ciudad. Y si lo que se quiere es un efecto disuasorio para que la gente no entre en la ciudad con el coche o con autobús para reducir la contaminación y el tráfico, hay que dar la facilidad de dejar el coche en la estación o bajar del autobús y luego coger otro medio de transporte. Ese es el modelo que sí existe en Cataluña: varias estaciones fuera de la ciudad que tienen espacio para dejar el coche y donde realmente a la gente le sale a cuenta dejarlo, tanto en términos de tiempo como económicos", cierra Tomàs.

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