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Segundo aniversario del incendio

Recta final para el edificio Campanar: "En cada paso nos acordamos de las víctimas"

Los trabajos de rehabilitación concluirán en diciembre de 2026 tras una obra ejecutada en tiempo récord y los vecinos lo viven entre la ilusión de volver a su hogar y el trauma de una tragedia sin precedentes

Julián García, conserje del edificio, y Enrique Salvador, presidente de la asociación de propietarios afectados, posan delante del edificio en plena rehabilitación.

Daniel Tortajada

València

La gente no sabía si huir o mirar. En el centro de un círculo formado por cientos de personas un edificio de nueva generación ardía como una cerilla. El viento arrancaba las placas de la fachada, que salían disparadas envueltas en llamas. En las aceras de Maestro Rodrigo y General Avilés había vecinos con ataques de ansiedad. Un hombre corría en dirección contraria a la columna de humo y gritaba que aún quedaban personas dentro. «¡Les piden que pongan trapos por debajo de las puertas!». Un rato antes, a media tarde, un chispazo en la parte trasera del frigorífico de la puerta 86 desató una combustión lenta que fue creciendo primero en la cocina y después en el resto de la vivienda hasta reventar el cristal de la terraza. Era el 22 de febrero de 2024 y València estaba viviendo el peor incendio de su historia.

En el edificio de Campanar perdieron la vida diez personas. Hoy, en el segundo aniversario de la tragedia, se les va a recordar en un homenaje con vecinos y representantes institucionales. Delante de cada acto se mantiene en pie el bloque en proceso de recuperación, todavía con múltiples cicatrices. El objetivo de los propietarios es verlo terminado a finales de este año y entrar a vivir a principios de 2027. Era una previsión optimista, pero los plazos van cuadrando. «Estamos en tiempo», resume Enrique Salvador, presidente de la Asociación de propietarios afectados del incendio de Campanar (Aproicam).

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Dos años después de la tragedia

Dos años después del drama está casi todo dicho y llorado, de modo que solo queda acompañar en el proceso de vuelta al hogar en sus dos ramificaciones. Primero está el factor humano. «Nosotros seguimos dando cobertura psicológica a muchos vecinos y vecinas. Hay gente que todavía tiene trauma o le acaba de salir ahora, gente a la que se le reviven las imágenes de aquel día», cuenta Enrique Salvador. «También hay niños que en su día no entendieron lo que ocurrió y hubo que contarles una película, pero ahora han crecido y ya no puedes ocultarles la realidad. Por suerte, entre todos hemos formado una gran familia y conforme vemos que el edificio avanza nos vamos animando», afirma sobre una reforma ejecutada por Dragados con un presupuesto de 20 millones –asumido por la aseguradora– y un plazo de 17 meses.

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La mayoría de familias quieren volver a Campanar, «aunque eso no quita que algunas se vuelvan y se vayan o se queden en otros sitios porque han rehecho su vida fuera», señala el propietario. Quienes se instalen definitivamente lo harán en un piso totalmente nuevo, con el único coste de la cocina –unos 5.000 euros– si se quiere mejorar el proyecto básico. Pero esta actualización no borrará la memoria del 22 de febrero: «En el edificio, aún sin nuevo nombre aunque oficiosamente se le llama edificio Campanar, colocaremos una placa o algún elemento que recuerde de dónde venimos. En cada paso que damos nos acordamos de las víctimas mortales y sus familias», subraya el presidente de Aproicam.

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El segundo factor es arquitectónico. Técnico. La comunidad de vecinos ha tomado todas las precauciones para volver a un edificio seguro. Tras el incendio contrataron a una empresa especializada, Intemac, para garantizar que la estructura estaba en buen estado y la rehabilitación era segura. Más tarde han estado trabajando de la mano de los bomberos de València para perfeccionar la evacuación, y entre otras medidas se han suprimido dos ascensores de la torre baja para incorporar una segunda escalera de emergencia alejada de la primera, proporcionando una nueva vía de escape.

Miedo a las gotas de fuego

Pero la cuestión más sensible era quizás la fachada, convertida durante el incendio en una tea. En 2024 esta se revestía de un material inflamable: los paneles Larson que vestían toda la finca estaban compuestos por dos capas de una aleación de aluminio magnesio unidas por otra lámina de polietileno. La temperatura de descomposición del polietileno es de 406 º C y el edificio alcanzó los mil grados, generando una lluvia de gotas de fuego que caía sobre más chapas y propagaba la llamarada. En el nuevo edificio Campanar la fachada tendrá un revestimiento más seguro. Arqueha ha diseñado piezas exclusivas con forma de ondas –arrojan diferentes tonalidades con las variaciones solares– y material cerámico, ignífugo. Estas piezas van montadas sobre un anclaje que se adhiere a la lana de roca y esta a las paredes de ladrillos, también incombustibles. Además, el bloque se ha sectorizado para evitar la propagación entre áreas del edificio dejando bandas de un metro de ancho de material ignífugo por detrás de la nueva piel cerámica.

Pero este celo en la seguridad no se limita al caso particular. La tragedia del 22 de febrero destapó los riesgos de ciertos sistemas constructivos y el Ayuntamiento de València acaba de introducir mediante la nueva ordenanza de licencias urbanísticas la obligatoriedad de aportar una guía de actuación para los bomberos en los nuevos edificios. Además, el consistorio bonifica el cambio de fachada a las fincas con el mismo revestimiento y en Mislata un edificio gemelo está incorporando esta semana un cortafuegos para evitar sustos. Han pasado 730 días pero el incendio sigue grabado en muchas retinas.

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