Valéncia, Graná, Madriz: ¿Deben adaptarse los topónimos a su pronunciación coloquial?
Antiguos académicos de la AVL debaten si es adecuado llamar a las ciudades por el nombre que usan sus vecinos, como defiende la alcaldesa de València frente al dictamen del organismo autonómico

El Micalet, emblema de València, en una imagen de archivo / Miguel Ángel Montesinos
La Acadèmia Valenciana de la Llengua rechazó el pasado viernes por amplia mayoría la modificación del topónimo de València, que mantendrá la tilde abierta e incorporará, previsiblemente, la forma en castellano a iniciativa del gobierno municipal de María José Catalá. La alcaldesa afeó el dictamen de la AVL por considerar que los académicos se han alejado del habla valenciana, y subrayó la parte del informe donde se reconoce la forma "Valéncia" como la más extendida en la pronunciación popular. Pero, en la tensión entre la norma ortográfica y el uso oral, ¿hasta qué punto la balanza debe vencerse del lado de lo segundo?
Rafael Alemany fue académico de la AVL de 2001 a 2016 y ahora es catedrático emérito de la Universitat d’Alacant. Su posición se alinea con el informe del organismo autonómico. “El topónimo acaba en "-ència". En la época clásica existían vocales breves y largas; una "e" podía pronunciarse larga o corta, y la etimología elige una "e" breve. Esas "e" breves, por ley fonética, al pasar del latín a las lenguas románicas (en concreto al valenciano) pasan a tener un timbre abierto”, introduce el exacadémico.
“Por ejemplo, tenemos toda la familia de "paciència", "molèstia", "indulgència". No se dice "paciéncia" (con e cerrada) a menos que sea una persona muy influenciada por el castellano. Una persona de la calle dice "paciència", "potència", "freqüència". Si la evolución de la "e" breve ha sido con grafía abierta, València debe formar parte de toda la familia”, continúa el catedrático de Filología Catalana.
No todos dicen "Valéncia"
La cuestión de fondo, indica, tiene un cariz político: pretender que las autonomías son compartimentos estancos con una frontera que separa pulcramente la forma fonética –para de paso hacer ver que son dos lenguas distintas–. Pero no es el caso, por ejemplo, señala el catedrático, hay comarcas valencianas en el límite administrativo con Cataluña donde el topónimo del Cap i Casal se pronuncia con acento abierto.

Pleno de la AVL celebrado en Alzira en 2022 con motivo de la capitalidad cultural de la ciudad / Levante-EMV
“Es importante señalar que la autoridad normativa –la AVL– no debe tener en cuenta un solo parámetro, sino diversos. En la mayoría de zonas puede adoptarse la pronunciación "Valéncia", pero la etimología latina es clarísima y en origen, si cogemos textos poéticos valencianos del siglo XV, observamos que en gran abundancia aparece "València" rimando con palabras como "paciència". Eso es un indicador de cómo hablaba el poeta”, defiende Alemany.
Pero la administración municipal está menos preocupada de cómo hablaba el poeta que de cómo habla el vecino, y también de cómo escribe. En este punto, haciendo uso de una caricatura didàctica, ¿cabría preguntarse por qué en otras ciudades no se plantean adoptar el topónimo Graná, Madriz, Cevilla o Valladoliz?”. “A lo mejor hay una sacralización en torno a que la pronunciación y la escritura deben coincidir, pero no hay ni una sola lengua que escriba como se habla. No decimos "Good morning" como se escribe; estos son problemas postizos.
No es una cuestión coloquial
Emili Casanova, doctor en Filología y catedrático de la Universitat de València, prefiere no entrar al detalle del debate abierto estos meses porque están los ánimos demasiado encendidos, es decir, se pierde el foco científico en detrimento de la subjetividad política, pero el exacadémico de la AVL y experto en Onomástica deja algunas pinceladas valorables. Sostiene que la pronunciación de "Valéncia" (con 'e' cerrada) no puede compararse a “Graná” o “Madriz” porque no es meramente coloquial, sino que tiene un origen histórico y etimológica, amén de la pronunciación más extendida. Rechaza asimismo que “Valéncia” sea un vulgarismo y “València” un cultismo, en todo caso la primera sería la opción toponímica que mejor encaja con la identidad de la ciudad.
Y considera que el pleno de la Acadèmia Valenciana de la Llengua hubiese adoptado otra posición en un contexto diferente: “Si en una situación normal el PP y Vox hubieran aceptado que valenciano y catalán son la misma lengua, y el dictamen que se hizo en 2006 se hubiese dado por correcto con la consiguiente paz lingüistica, creo que la Acadèmia se hubiese pensado aprobar la forma “Valéncia”, afirma el catedrático, que no es indiferente a las derivaciones sociopolíticas de un debate de estas características.
La sutileza de una grafía
Por su parte, la poetisa Marisol González Felip, también exacadémica de la AVL, dice entender al ayuntamiento en sus razones para buscar una toponimia ajustada a la calle, pero defiende la autoridad legal de la Acadèmia para fijar el nombre oficial de la ciudad. Al final, subraya, el debate se sustenta en si una grafía debe caer hacia un lado o hacia el otro. La aparente sencillez del debate contrasta con el inabarcable corpus teórico y retórico levantado en torno a él.
Un debate además sobre el que caben hacer algunas consideraciones de fondo. Después de haber intentado hablar con media docena de académicos y exacadémicos de la AVL, solo los segundos se han prestado y lo han hecho con reparos, señal de que la conversación lingüística está en un punto de fricción no demasiado sano para casi nadie. Hay que destacar además que muchos argumentos respaldan una idea y la contraria, como la teórica etimología del nombre o la excesiva politización del debate. También es importante señalar que la iniciativa del cambio toponímico en valenciano surgió del Grupo Municipal de Vox –inicialmente, el PP buscaba introducir la fórmula bilingüe con el castellano–, un grupo que no se esconde su intención de "desvalencianizar" la sociedad. No sería por tanto descabellado pensar que ha existido en este caso concreto una instrumentalización de la lengua. Y habría que resaltar asimismo el desgaste al que ha sido sometido el académico seleccionado por el ayuntamiento, Abelard Saragossà, para respaldar su tesis, cuando este ha tratado de mantenerse siempre en un plano científico ajeno al ruido de sables a su alrededor.
Finalmente, cabe añadir que buena parte de las fuentes consultadas, defensoras y detractoras de la modificación toponímica de València, aseguran que la AVL ha conjugado históricamente la perspectiva técnica con la sociolingüística y nunca se ha apartado de la calle, al contrario de lo que sugieren algunas voces con el ánimo de menoscabar la autoridad del organismo autonómico y, llegado el caso, conducirlo a la asfixia económica.
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