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Fallas de Valencia

La guerra arderá en la cremà

Entre la sátira tradicional aparecen este año escenas del clima bélico mundial, algunas especialmente duras, que trasladan a las calles de València el eco de los conflictos actuales con la vocación purificadora de siempre

El Charlot de la falla municipal ya es un símbolo universal.

El Charlot de la falla municipal ya es un símbolo universal. / Ana Escobar / Efe

J.M. Bort

J.M. Bort

València

Dirán que es inútil, pero los valencianos el jueves vamos a quemar la guerra. Quemaremos a Trump y a Putin, y quemaremos también a los niños muertos en Gaza. Quemaremos, como si fuera posible, ese bebé envuelto en una sábana blanca que yace entre los ninots de la falla Arrancapins, bajo la mirada perpleja y el gesto compungido de los transeúntes. No llora, no se mueve. Está amortajado, pero el fuego quemará esa mortaja y todo lo que representa. La figura, titulada 'Memoria incómoda', representa el cuerpo de un recién nacido con el rostro apenas visible. Es, probablemente, la imagen más desoladora de las Fallas de 2026. La escena remite de forma directa a la guerra de Gaza y a las miles de víctimas infantiles del conflicto. En medio de una fiesta conocida por la sátira y el humor, el ninot introduce una imagen incómoda que rompe con el tono habitual del monumento fallero. Es una irrupción que rompe con el tono festivo, un golpe directo al esternón que nos lleva al límite de la crítica que es esta fiesta.

Las Fallas de València han sido siempre un espejo de su tiempo. El arte fallero convierte cada año la actualidad política y social en escenas destinadas a arder la noche del 19 de marzo. En 2026, ese espejo mira también hacia la guerra (las guerras, en plural). Gaza, Ucrania, ahora Irán y el Líbano aparecen en distintos monumentos que trasladan al espacio festivo una preocupación global cada vez más presente en la vida cotidiana. No es una temática que guste, pero esto lo que hay. Y ese bebé amortizado, queramos o no los valencianos, es lo que hay: muerte y destrucción. Sí, algunos pensarán que es inútil, pero los valencianos el jueves vamos a quemar la guerra.

El bebé envuelto en sudario en Arrancapins, la imagen más desoladora de la fiesta.

El bebé envuelto en sudario en Arrancapins, la imagen más desoladora de la fiesta. / ED

El ejemplo más visible contra la guerra, como concepto antiplatónico, se levanta en el centro de la ciudad. La falla municipal de la plaza del Ayuntamiento tiene como protagonista a Charlot, el personaje creado por Charles Chaplin e inspirado en la película 'Armas al hombro' (1918), una sátira ambientada en la Primera Guerra Mundial. El vagabundo más célebre del cine aparece aquí convertido en figura central del monumento y en símbolo de la mirada crítica hacia los conflictos.

Representa el absurdo de la guerra a través de un soldado torpe y vulnerable que se mueve entre trincheras con su habitual mezcla de ingenuidad y humor físico. Más de un siglo después, ese mismo personaje reaparece en València para dialogar con el presente y hacernos preguntas. De filosofar en positivo, que tanta falta nos hace.

No lo sabían, pero ya es un símbolo

Cuando el diseño de ese Charlot era todavía un boceto, hace un año, difícilmente podían imaginar sus autores el significado que adquiriría al plantarse en la plaza. En un momento en el que los conflictos armados ocupan cada vez más espacio en la agenda informativa y en la percepción pública, la charlotada de cartón piedra adquiere una lectura inesperada: la del individuo corriente atrapado en un mundo dominado por la violencia, pese a que la inmensa mayoría de las personas solo aspira a vivir, cuidarse y desarrollar una vida ordinaria. A quererse, en definitiva.

Hay más símbolos de estas fallas que quedarán para siempre, como el que nos deja la falla Sueca-Literazo Azorín. Su monumento introduce una escena de gran fuerza visual centrada también en la infancia. El ninot principal representa a una niña construida dos veces. En la parte inferior, colocada boca abajo, aparece la imagen de la niña tal como querría ser: limpia, feliz, jugando con su muñeca en un universo casi onírico. Al girar la mirada hacia el espectador emerge la otra versión de la figura: la niña real, con el cuerpo sucio, la muñeca remendada y un casco militar en la cabeza en lugar de flores. La guerra, la destrucción, el fracaso del ser humano. Otra vez.

El 'ninot indultat', de la falla Sueca-Literato Azorín.

El 'ninot indultat', de la falla Sueca-Literato Azorín. / ED

Ese conjunto funciona como un antiespejo: dos realidades superpuestas que confrontan el sueño de una infancia normal con la crudeza de un contexto bélico. En una hoja de diario, igualmente deteriorada, se lee la frase “El meu somni no era aquesta realitat…”. La niña de Sueca-Literato Azorín, ninot indultat de esta edición, quedará como testimonio permanente de estas Fallas.

Memoria incómoda

Si la falla municipal recurre a la ironía, el bebé amortajado de la falla Arrancapins-Periodista Azzati es la 'Memoria incómoda' en su expresión más cruda. El ninot, elaborado por el taller de Jaume Chornet junto con la comisión fallera, prescinde del tono humorístico habitual en favor de una imagen deliberadamente dura que interpela al espectador. La pieza ha tenido un notable impacto en la exposición fallera y ha sido distinguida por Compromís con el premio Somriure 2026, un galardón que reconoce a la figura con mayor carga de crítica social y política de la muestra.

La 'paloma de la paz', decaída.

La 'paloma de la paz', decaída. / ED

La guerra de Gaza aparece con especial frecuencia en los monumentos de este año. El conflicto lleva meses ocupando el debate público y ha generado una fuerte presencia en la conversación social y mediática, algo que se refleja también en los temas elegidos por los artistas falleros. En cambio, otros conflictos más recientes apenas han tenido tiempo de trasladarse al lenguaje fallero.

Paloma de la paz en la falla Quart-Palomar.

Paloma de la paz en la falla Quart-Palomar. / ED

Es el caso de la escalada militar entre Israel e Irán, demasiado reciente para haber sido incorporada a muchos proyectos concebidos con meses de antelación.

Trump y Putin, ya habituales

Sí aparecen, en cambio, otras figuras asociadas al clima de tensión internacional. El presidente estadounidense Donald Trump es retratado en algunos monumentos con referencias a su retórica belicista, mientras que Vladímir Putin vuelve a aparecer como personaje recurrente desde la invasión rusa de Ucrania en 2022, un tema presente en varias ediciones recientes de las Fallas.

Trump, en la falla Almirante Cadarso-Conde Altea.

Trump, en la falla Almirante Cadarso-Conde Altea. / ED

Las Fallas han tratado históricamente conflictos políticos y tensiones sociales, pero este año la presencia de la guerra aparece con especial nitidez en varios monumentos. Los artistas falleros recurren a distintos registros —desde la sátira hasta la denuncia directa o la metáfora visual— para traducir una realidad global que llega cada día a los teléfonos móviles y a los informativos. Visiten, si pueden, la falla Quart-Palomar. El título ('Contradiccions') es una buena síntesis de todo. Esa paloma de la paz triste y al mismo tiempo cargada de misiles es la voz de estas fallas con su eterna vocación purificadora. Ya tarda en prender el fuego.

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