Fallas de Valencia
El lado oscuro de las Fallas: turismo de borrachera y un modelo urbano insostenible
Las asociaciones de comerciantes y vecinos coinciden en que “el centro es incontrolable”, y reclaman menos recomendaciones y más prohibiciones ante el descontrol de las verbenas en el núcleo histórico y del incumplimiento de la normativa por parte de churrerías y otros puestos ambulantes

Verbena en la plaza de Brujas de València el pasado sábado. / Francisco Calabuig / Francisco Calabuig

Las Fallas de València vuelven a situar en el centro del debate la convivencia entre la actividad festiva y la vida cotidiana en el centro, agravada por el turismo de borrachera, una realidad que cada año es más evidente. Comerciantes y vecinos denuncian un modelo que, a su juicio, ha derivado en una ocupación descontrolada del espacio público, con especial impacto de las verbenas, las churrerías y otros puestos instalados por las mismas fallas, o independientes, sin el debido control. "El bando municipal de las fallas es una vergüenza, porque al ser tan laxo no protege ni al comercio ni al ciudadano", subraya.
La portavoz de la Asociación de Comerciantes del Centro Histórico de Valencia, Julia Martínez, resume la situación con claridad: “Las verbenas hay que sacarlas del centro histórico. Es un desfase que nos ahoga desde hace muchos años y ya no podemos más, es intolerable”. El problema, insiste, no es la fiesta en sí, sino su concentración en un espacio ya saturado. “Las verbenas de los barrios no causan problemas, porque acotan sus espacios y lo recogen todo. Pero en el centro es incontrolable, y lo que no se puede controlar no se puede tolerar, se ha de prohibir". "Estamos hartos de tantas recomendaciones. Lo que hay que hacer es prohibir, no hay otra, porque a la permisividad general se une la cada vez mayor afluencia de turistas que se unen a la fiesta de forma descontrolada.

Jóvenes en una calle perpendicular a la plaza de Brujas, el pasado sábado. / Francisco Calabuig
Las verbenas nocturnas y el auge del “tardeo” han disparado las quejas. Según los comerciantes, la actividad se alarga sin control y genera problemas de convivencia evidentes. “Después la gente se queda por allí por la noche, mea, hace ruido.. Si la causa es la verbena, pues que se eliminen”, señala Martínez. La situación, añade, no tiene nada que ver con la tradición festiva de otras épocas: “Toda la vida hemos ido de verbenas, pero lo de ahora se ha agravado con ese turismo descontrolado de borrachera…”, afirma la portavoz de la asociación, que reivindica un 'verbenódromo' fuera del centro histórico como ocurre en la Feria de Sevilla. "No olvidemos que tenemos un muerto (2022), eh", recuerda Julia Martínez en relación al joven fallecido en 2022 al caer al parking del Mercado Central en la plaza de Brujas.
A esta presión se suma la proliferación de puestos ambulantes, especialmente churrerías, que, según denuncian, incumplen de forma sistemática la normativa. “Nos tapan los escaparates, y no solo venden masas fritas, sino cervezas, coca-colas… y eso está prohibido”, critica. Además, denuncia la instalación de terrazas ilegales: “El churrero que pone terraza no tiene permiso. Hasta que no lo quite, que no le dejen instalarla. Que lo desmonten. Se burlan de nosotros”, se lamenta. "Por no hablar de la altura y de la cartelería, que muchas no cumplen", añade.
Menos recomendaciones y más prohibiciones
En esta línea coincide la presidenta de la Federación de Asociaciones de Vecinos de València, María José Broseta, que respalda parte de las reivindicaciones del comercio. “Estoy de acuerdo con la asociación de comercios en que debería haber menos recomendaciones y más prohibiciones. Podría haber más control”, afirma.
El impacto sobre el comercio es directo: problemas de acceso, dificultades para recibir mercancía, suciedad y malos olores forman parte del día a día durante las fiestas. “Hay muchos comercios que dicen que van a cerrar porque no pueden trabajar. No les llega la mercancía, la suciedad, es todo, los olores de orines”, lamenta Martínez.

Vallado de la Lonja con motivo de las fallas. / Francisco Calabuig / Francisco Calabuig
En este contexto, los comerciantes denuncian también un modelo de gestión del espacio público basado, a su juicio, en la permisividad y la falta de control efectivo por parte del Ayuntamiento. Consideran inaceptable que se traslade a vecinos y comerciantes la responsabilidad de denunciar los incumplimientos, cuando la vigilancia es una obligación propia de la Administración. “El bando es papel mojado, son todo recomendaciones, cuando lo que hay que hacer es ordenar y prohibir”, insiste Martínez.
La falta de control, añaden, no solo favorece la repetición de infracciones que no van a ninguna parte sino que genera un agravio comparativo con el comercio estable. “Quiero saber de cuántas infracciones del año pasado se ha permitido volver a instalar puestos en la calle”, plantea Martínez, que califica la situación de “burla al ciudadano”.
Desde el movimiento vecinal también se pone el foco en otros problemas cotidianos que agravan la convivencia durante las Fallas. “Lo que es otro caos son los petardos, a todas horas explotando sin respetar horarios”, advierte Broseta, que introduce un matiz relevante: “Y ojo, perjudica realmente a los falleros, porque los falleros sí que están cumpliendo la mayoría”.
“Para las personas más mayores, el cambiar a distancia los contenedores de basura… todo eso hay que cuidarlo mucho más, porque muchas personas mayores no pueden llegar”, afirma Broseta
Broseta coincide además en la crítica a determinadas prácticas en el espacio público: “Delante de los comercios, en general, se ve que hay determinadas churrerías plantadas y eso no se puede permitir”. Y añade otra preocupación desde el punto de vista vecinal: la reubicación de elementos urbanos como los contenedores. “Para las personas más mayores, el cambiar a distancia los contenedores de basura… todo eso hay que cuidarlo mucho más, porque muchas personas mayores no pueden llegar”.
Sobre algunas de las soluciones planteadas por los comerciantes, como la creación de un ‘verbenódromo’, la representante vecinal se muestra más prudente: “No sé si sería peor el remedio que la enfermedad”. Lo que sí tiene claro es que los límites horarios deben revisarse: “Una verbena no puede estar permitida hasta las cuatro de la mañana”.
Un modelo insostenible
Además, desde la asociación de comerciantes alertan de que la inacción ante los incumplimientos está consolidando un modelo “insostenible” desde el punto de vista urbano, económico y social. A su juicio, se está trasladando el mensaje de que durante las Fallas las normas pueden incumplirse sin consecuencias. “El problema es que el bando no sirve para nada, solo para amparar los abusos y los excesos”, afirma Martínez con dureza.

Urinarios desbordados en una céntrica calle de València. / ED
Las críticas se extienden a casos concretos. Algunas comisiones, como las históricas de la Merced o el Mercado, son señaladas por prácticas que consideran abusivas. “En la Merced llegaron con la intención de tapar el escaparate entero de un comercio para montar una mojitería”, denuncia. “Es un abuso”.
Además, la ubicación de determinadas actividades festivas resulta, a juicio de Julia Martínez, incomprensible. “¿Al lado de los Santos Juanes? ¿Al lado de la Lonja? ¿Cómo es posible que dejen hacerlo ahí?”, se pregunta, recordando que llevan años denunciando esta situación. El vallado del perímetro de la Lonja por parte del Ayuntamiento, asegura, "resulta insuficiente".
"Los urinarios son insuficientes"
Otros problemas recurrentes, como la falta de urinarios, agravan la sensación de descontrol. “Hay una masificación tan grande que no pueden controlarlo”, apunta Martínez. "La calle está llena de meadas porque con los urinarios que hay no es suficiente", añade. Pese a su presencia en las reuniones del bando municipal, los comerciantes sienten que no se les escucha. “Da igual, porque no nos escuchan. Solo escuchan a los falleros”, afirma Martínez.
De cara al futuro, tanto comerciantes como vecinos coinciden en la necesidad de un cambio de enfoque. Las Fallas, sostienen, deben ser compatibles con el respeto al espacio público, al comercio y a la ciudadanía. “Menos recomendaciones y más prohibiciones. La palabra ‘recomendación’ tiene que desaparecer del bando”, insiste Martínez. Y concluye con una advertencia que resume el sentir del colectivo: “No nos gusta prohibir, pero como no se puede controlar, hay que prohibir”.
Mientras tanto, el conflicto entre la actividad festiva y la vida cotidiana en el centro histórico vuelve a situarse en el centro del debate fallero, con un mensaje cada vez más compartido: el modelo actual ha dejado de ser sostenible.
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