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Tiempo de asarse al sol en la Plaza de la Virgen

La llegada del calor anuncia un nuevo infierno en los actos multitudinarios que se celebren en la Plaza de la Seo. La retirada definitiva del toldo deja desprotegidos a ciudadanos y turistas. Rescatar los «Hòmens de la Vergonya» es la última propuesta para atemperar una primavera social llena de citas.

Vídeo: Retiran el toldo de la Plaza de la Virgen en València

Miguel Angel Montesinos

Moisés Domínguez

Moisés Domínguez

València

La primavera ha llegado a la ciudad de València y, con ella, la subida de temperaturas. De momento, soportables, pero que anuncian, más pronto que tarde, las primeras grandes olas de calor. Esto, en el paisaje urbano, es difícil de controlar, aunque en algunos de sus espacios emblemáticos se buscan soluciones, que no son ni fáciles ni necesariamente efectivas. En el Cap i Casal tenemos el ejemplo de la Plaza de la Reina, donde se instalan unos sombrajos de temporada y donde el pequeño jardín junto a la calle San Vicente lanza chorros de agua pulverizada. Un alivio muy limitado para personas en tránsito.

En este contexto, la ciudad se encuentra con un problema de primer orden a corto plazo: la Plaza de la Virgen. Que una vez más pasará el año completo al sol que más calienta, que no hay más que uno y que es implacable.

Desmontaje del toldo de la Basílica

Desmontaje del toldo de la Basílica / Miguel Ángel Montesinos

Sería menos importante si fuera también una zona de tránsito. Pero se trata de uno de los grandes foros ciudadanos, si no el que más. A lo largo de la primavera alberga algunos de los actos más importantes del calendario: la fiesta de la Virgen de los Desamparados, con su dansà infantil, traslado, procesión y, especialmente, el Besamanos, en el que miles de personas, muchas de avanzada edad, pasan las horas bajo un sol inmisericorde salvo el año «tonto» que llueve. También alberga el Corpus, actos de la Gran Fira, manifestaciones de todo color y, en definitiva, vida.

A lo largo de los últimos trece años estuvo en litigio la extensión del parasol. Que, finalmente, ha sido descartado y, a estas alturas, desmontado. Ya no queda vestigio de él. Los vecinos vieron satisfecha su protesta y la Basílica, en el fondo, también respiró, desde el momento que la estructura estaba comprometiendo la propia estabilidad del templo.

Imagen centenaria, con el toldo desplegado con ayuda de los "Hòmens"

Imagen centenaria, con el toldo desplegado con ayuda de los "Hòmens" / RLV

¿Y ahora qué? Este año, desde luego, nada. Pero el tiempo deberá dictar si la plaza se queda como está o si se le aplica una reforma estacional.

Aunque pueda parecer sorprendente, el toldo en la plaza no es ningún invento contemporáneo. Al acabar Fallas, el Grupo Municipal Compromís sugirió la recuperación de un elemento histórico: los «Hòmens de la Vergonya», un sistema de sombras basado en la implantación temporal de bastidores en forma de poste sobre los que extender las lonas que atemperan la plaza. Fue el concejal Pere Fuset quien hizo de portavoz de la idea recordando que «ya existían a finales del Siglo XVIII para fiestas grandes, que son las actuales. El Ayuntamiento instalaba grandes toldosque cubrían la plaza para proteger a la ciudadanía del sol».

Los «hómens» eran grandes palos de madera que sostenían las lonas «generando una gran zona de sombra». Y ahora lo que ha lanzado es la idea de estudiar esta alternativa «porque a veces, innovar pasarpor recupoerar las raíces», recordando que, sin necesidad de recurrir a grandes mecanismos, «hace siglos ya sabían como dar sombra sin perjudicar el patrimonio».

Existen no ya fotografías, sino grabados, que recuerdan a estos «hòmens», llamados así «en comparación a las personas sin trabajo que pasaban las horas en las plazas, esperando recibir una oferta de trabajo».

Imagen de los años sesenta, con vehículos y el edificio que se negó a acoger los anclajes en plena construcción

Imagen de los años sesenta, con vehículos y el edificio que se negó a acoger los anclajes en plena construcción / RLV

Estética contra alivio

En estas imagenes se ve una Plaza de la Virgen muy diferente a la actual, con una fuente distinta, la dedicada al Canónigo Liñán, y en un lugar que no ocupa la actual del Turia, con suelo de tierra o adoquinado. Sobre el mismo se alzan los postes. No hay que negar que, en plaza vacía, los postes afean la plaza , razón por la que el toldo era, bien concebido, la mejor fórmula al no dejar señal en la propia plaza, pero que ya está en un punto de no retorno.

La necesidad de sombra es importante no solo para la salud de las personas, sino de los bienes materiales: a las Rocas del Corpus, ya de por sí desvencijadas, no le hace ningún bien el quedar a pleno sol durante tres días después de pasar todo el año en un espacio mucho más sombrío como es el Museo.

Hay que recordar, en todo caso, que siempre se está hablando de parasol, no de paraguas, puesto que estos techos precisan de agujeros de evacuación del agua en caso de que llueva y se acumule en su superficie. Es una medida pensada tan solo para las más que previsibles olas de calor que se avecinan.

Anclaje de los cables del toldo en el edificio situado frente a la Basílica.

Anclaje de los cables del toldo en el edificio situado frente a la Basílica. / Miguel Ángel Montesinos

La Puerta del Sol se alivia

La instalación de sombras mediante postes tiene dos precedentes: el de la reforma de la Plaza de la Reina, que permite tener una pequeña zona de sombra -no es la más práctica del mundo- y la Puerta del Sol, donde se han instalado mástiles de acero en forma de «T», sobre las que se extienden los toldos. Estos postes son tubos roscados que permiten su colocación y retirada según la estación. Eso sí, la solución madrileña cuenta con la ayuda de los edificios colindantes, sobre los que se lanzan tensores. En su momento, Madrid descartó emplear árboles por el mismo motivo que la Plaza de la Reina: la escasa cota sobre las construcciones subterráneas.La solución consiste en una estructura auxiliar no permanente que permite la instalación de toldos en el arco norte de la plaza. Se aplica solo en temporada para desinstalarla posteriormente. Los tensores anclados en la fachada permiten la instalación de una serie de piezas textiles de color claro.

No puede ser no invasivo

La Plaza de la Virgen precisaría de un sistema no invasivo, aunque el embaldosado no es histórico, sino que procede de la última gran reforma. De hecho, ha sido sometido, a su vez, a remodelaciones en las últimas décadas, como la de la zona norte, que dejó de ser escalonada para conformar una rampa. Recinetemente, obras de saneamiento obligó a retirar baldosas. Sí que hay una losa con un dibujo alegórico a la Valentia romana. La instalación en el propio embaldosado o utilizando otro tipo de mobiliario urbano como anclaje, sería la solución, que tendría que contemplar los intangibles de los eventos que allí se desarrollan y que ocupan toda la plaza: no se pueden colocar postes en mitad de la zona donde se baila en la Dansà a la Verge, donde se empuja en el Traslado, donde se desfila en las procesiones, donde se sacan los los elementos del Corpus, o donde se organiza el zigzag del Besamanos. Los Hòmens, según el informe enviado por Pere Fuset, se instalaban no solo en los agujeros preparados para ello, sino que se le incluían anclajes y falcas para convertirlos en artilugios imposibles de derribar.

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