Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

El ayuntamiento presenta 27 alegaciones contra el dictamen de la AVL sobre el topónimo de la ciudad

El recurso presentado por el académico Abelard Saragossa recuerda que "si un documento oficial o los fundamentos de una norma van contra la verdad o contra la objetividad, tengo la obligación de demostrarlo"

Cartel actual, con la denominación aprobada en 2016

Cartel actual, con la denominación aprobada en 2016 / J.M. López / JM LOPEZ

Moisés Domínguez

Moisés Domínguez

València

Un total de 27 "peros" forman parte del escrito de alegaciones que presentará el Ayuntamiento de València y que será aprobado en el pleno municipal de este martes, contra el informe de la Academia Valenciana de la Llengua contra el cambio de topónimo de la ciudad.

Siguiendo el cauce para un cambio de denominación que lleva ya dos años en proceso, el equipo de gobierno recurre nuevamente a Abelard Saragossa para contraponer el escrito de la AVL y, por consiguiente, validar la decisión de que la ciudad tenga una doble denominación valenciano-castellano y que, en la primera de ellas, se revierta el acento de abierto a cerrado. Pasando por ello de València a secas, tal como acordó el anterior equipo de gobierno de Compromís y PSOE por el de Valéncia/Valencia. Tras la negativa de la AVL, ésta reclamaba la réplica pertinente en el periodo de alegaciones a la parte interesada, el consistorio valenciano, y que ahora se materializa con un dossier de 142 páginas -que, por lógica, será rechazado-.

Saragossa incluye numerosos tecnicismos -lógicos en este tipo de escritos- y rescata conceptos no resolutos que hunden sus antecedentes más cercanos en la Batalla de València de hace una generación. "Es inaudito que un escrito oficial de l'Academia practique una terminología que comporta que el valenciano sea una parte del catalán, por mucho que la practiquen los "Departamentos de Filología Catalana" de las universidades de València y Alacant". Aparte de que, ya en la primera alegación, protesta porque "el informe no debía haber tratado la evolución de las vocales "e" abierta y cerrada, sino que debía haberse limitado al análisis de Valencia", es decir a la denominación en castellano como segunda aceptación.

Y apela a Sanchis Guarner y a Joseph Gulsoy sobre la excepcionalidad de 38 palabras que "en el Siglo XI, las palabras que tenía una "e" abierta la cerraron excepto 38 palabras que están especificadas, por lo que la pronunciación valenciana medieval era Valéncia". De hecho, "poner el nombre Valéncia en la historia valenciana es gracias a Sanchis Guarner".

Abelard Saragossa, académico que apela a la doble denominación y con acento cerrado

Abelard Saragossa, académico que apela a la doble denominación y con acento cerrado / J.M. López

Voluntad popular

Apela también a contradicciones del informe, reitera el mismo carácter de voluntad popular por pronunciación tradicional como en topónimos como l`Énova o Dénia. También acusa al informe de "presentar la historia valenciana como no es". Incluso reprocha que "hacer prevalecer València sobre Valéncia, además de incurrir en anomalías metodológicas y a presentar la historia valenciana como lo que no es, nos tratara a los valencianos como poco inteligentes como si los baleares y los catalanes que dicen València lo fueran más", cuestionando si el documento de la Academia "va contra la integridad del valenciano y los valencianos y contra la Ley de Creación de la Acadèmia, que le reclama defender la identidad del valenciano".

Hace un repaso histórico al proceso entre 1707 y 1939 incluyendo "la presión del Noucentisme catalán para que los autores valencianos sigan los cánones del modelo catalán y se aperte de los predecesores. Las Normas de Castellón miran hacia el modelo catalán en el léxico que usa, en la descripción del valenciano y en la acentuación, pero contra es apresón, el Estudio expone una docena de ejemplos de Valéncia entre 1929 y 1939 de algunos importantes autores. Pero el informe de la Academia no considera ningun de esos factores ni dice que sean erróneos. Actúa como si no existieran, actitud que cuadra poco con la objetividad y la ciencia".

Afea a la justificación del acento a considerarlo "tradición" desde las Normas de Castellón porque "se asienta en no investigar y apartar realidades" porque "no hay precisamente una actitud objetiva y científica y más una cuestión que forma parte de la fractura social valenciana. ¿No va en contra el principio de que las universidades deben estudiar e intentar solucionar problemas de su sociedad?". Precisamente se insiste también en que en el Estudio, "una fractura social no se supera si la mayoría de una sociedad no quiere superarla. Ese camino es el polo opuesto de aquella actación en que cada parte de una fractura social le tira toda la culpa a la otra, actitud que eterniza la fractura. Esa concepción comporta que, para superar la división social valenciana, ha de participar tanto la izquierda como la derecha" por lo que se pregunta si "pedir Valéncia sería una propuesta antisocial que iría contra un consenso institucional completo".

Acuerdo "del 51 por ciento" que "desune"

Y también recuerda, en su repaso, que el cambio a València es el que se produjo cambiando algo que no estaba en debate, puesto que la unanimidad requerida en aquel 2016 "se reducía al 51 por ciento del Ayuntamiento". "Conviene preguntarnos si el informe de la Academia intenta argumentar objetivamente para animar a los valencianos a sentirnos unidos y superar la fractura o si es un documento político para apuntar que tendría la razón una parte de la fractura y acentuar el enfrentamiento entre los valencianos".

Y, por último, también recuerda que la adopción de Valencia al castellano es "una obviedad" que "no hay que pedir más que al Ayuntamiento y la AVL tiene la obligación legal de aceptarlo", como en Orihuela-Oriola, Alcoy-Alcoi o Burriana-Borriana.

Como miembro de la AVL, Saragossa justifica su Estudio y las actuales alegaciones a que "la lealtad científica a la Acadèmia está dentro del respeto a argumentar y procurar ser objetivo. Por tanto, si un documento oficial o los fundamentos de una norma van contra la verdad o contra la objetividad, tengo la obligación de demostrarlo".

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents