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Los cristos del Cabanyal se bañan en la orilla de la playa para inaugurar el Viernes Santo en la Semana Santa Marinera de València

Las imágenes se acercan a la misma orilla para recordar a los marineros fallecidos y las personas muertas en el mar

Los cristos del Cabanyal llegan a la playa el Viernes Santo en València

Fernando Bustamante

Moisés Domínguez

Moisés Domínguez

València

No tiene "Madrugà", pero casi empieza en la madrugada. La Semana Santa Marinera de València tiene la capacidad de pasar de cero a cien en cuestión de segundos cuando se lleva a cabo uno de los actos más especiales de su programa.

A primera hora de hoy, Viernes Santo 3 de abril, las calles de la ciudad están completamente en silencio. Hay vecinos que ya han tomado la iniciativa la noche anterior: la calle de la Reina aparece con numerosas sillas, de plástico o de enea, unidas por cuerda de pita o cable eléctrico. Una fragilidad que se respeta a pies juntillas de cara al Santo Entierro de la tarde noche. Y en medio de ese silencio se escuchan de repente los tambores anunciando la riada humana. Una riada que llega para acompañar a los cristos del Cabanyal que, casi idénticos, salen en procesión conjunta con las primeras luces del día.

Se trata del Cristo del Salvador y del Cristo del Salvador y el Amparo, ambos pertenecientes a dos parroquias diferentes pero vecinas y que se reúnen en este Encuentro.

Cómo es el Encuentro

La procesión tiene un punto tumultuoso porque los organizadores se las ven y se las desean para poner orden entre los que van detrás, los que van por los lados y los que van por delante, móvil en mano, para evitar que autoridades y cuerpo eclesiástico no sean arrollados.

Los cristos del Cabanyal, en la playa con las primeras luces del día de este Viernes Santo.

Los cristos del Cabanyal, en la playa con las primeras luces del día de este Viernes Santo. / Moisés Domínguez

En el desfile procesional, las tallas son llevadas a mano en relevos cortos -de entre las autoridades municipales, esta vez lo ha cargado el concejal de Movilidad y Policía, Jesús Carbonell- y se remata con una despedida muy especial: tras haber hecho el recorrido conjunto, ambas imágenes se dirigen, posteriormente y por turno, a la orilla de la playa para hacer una ofrenda en recuerdo a los marineros y demás personas fallecidas en el mar.

Mirando atrás: La Semana Santa Marinera de los 80

Fernando Bustamante

Primero es el turno del Cristo del Salvador, que lo hace inmediatamente. El párroco de los Ángeles se dirige a la feligresía para que entre todos recuerden a los fallecidos en el mar y que "la Paz esté con ellos. Ayuda a sus familiares y amigos a superar su pérdida. Y a nosotros concédenos recordar nuestra propia fragilidad". Además de recordar "el poder del mar y de todo aquello que ha sido obra de el creador. Como Hermandad el Santísimo Cristo te pedimos en esta playa del Cabanyal que nos ayudes a reforzar nuestra unión y a vivir sirviéndonos mutuamente. Y colaborando en la construcción de tu reino de justicia y de paz". La Ofrenda es por recordar a los que no tienen ya viaje de retorno, pero también a los que sí: "Rezamos también por todos los que navegan en estas aguas, para que no sufran ningún percance y se mantengan seguros. Que tu paz que calma todas las tormentas esté con nosotros".

Aridana, la joven que representa el personaje de María -de entre las Tres Marías es a la que le corresponde el privilegio- se adentra en las aguas para lanzar la corona antes de que la talla vuelva a casa, seguida por la misma multitud que la ha acompañado y que se entrecruza con corredores matinales y los primeros turistas. Es el particular medley entre una ciudad que acoge cada vez a más turistas de baño y sol y el que sabe que en esas aguas nacieron, crecieron, trabajaron y murieron, y que la Semana Santa procura mantener en el recuerdo, como harán en el Grao el Domingo de Resurrección.

A partir de mediodía es el turno del Cristo del Salvador y el Amparo, su alma gemela, que lo hace un par de cientos de metros más cerca del puerto, pero con unas arenas siempre más ocupadas, y más en días como este Viernes Santo, que invita al primer gran tostado de la temporada.

Mientras, las grúas municipales están limpiando las calles de aquellos que creían que no iba con ellos la cosa. Tendrán una pasión suplementaria en forma de multa. Para cuando regresa el Cristo, los Poblats ya bullen con las procesiones matinales.

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