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Fuego de recogimiento y de celebración en la Semana Santa Marinera de València

Tras la espera del Sábado de Gloria, el encuentro entre Jesús y la Virgen anuncia la materialización de la Resurrección, dando paso a la alegría del Domingo

Moisés Domínguez

Moisés Domínguez

València

«Padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día». Las cuentas no salen del todo, porque el Santo Entierro tuvo lugar el viernes por la noche y en la transición del sábado al domingo ya se está celebrando, con salida de imágenes y fuegos artificiales, la Resurrección. Pero la Semana Santa, incluyendo la Marinera, tiene ese punto pragmático y aplica el «ambos inclusive» otra forma de entender lo del «tercer día»: el viernes, se muere, el sábado, se espera y el domingo, se vuelve a la vida.

Bajo esa premisa, el Sábado de Gloria es de «impasse». Sobre todo, por la mañana. Después, por la tarde, sí que se hizo alguna procesión alegórica. Por ejemplo, la procesión del Sudario por el Grau y la del Cristo Yacente por el Canyamelar. El mismo que, en el Santo Entierro, había rematado la secuencia litúrgica, y que fue sacado de la urna para representar ese «soterrar», volvió a salir a hombros, cubierto con su tul, para recibir el respetuoso recibimiento en las calles del barrio.

Bendición del fuego

En diferentes horas según parroquia -o a las diez de la noche en la Catedral- se produce el acto de fe. El párroco enciende un cirio de grandes dimensiones, el Pascual y, desde él, se van transfiriendo a velas más pequeñas, casi palomillas, para rezar al fuego. «Esta es la noche en la que Cristo ha vencido a la muerte y del infierno retorna victorioso» se platica en respetuoso silencio. En Santa María del Mar, por ejemplo, la Dolorosa lo contempla ya vestida de blanco, preparada para lo que se avecina. .

Mirando atrás: La Semana Santa Marinera de los 80

Fernando Bustamante

Y hoy, Encuentro y Desfile final

Y este domingo se acaba la historia. El programa permanece inmutable, pero incluye la mayor particularidad que tiene la pasión marinera: el Desfile de Resurrección. Más que desfile, marcha, en la que no suele caber un alfiler, y en la que los miembros de los colectivos semanasanteros se despiden hasta el año siguiente con la sonrisa en la cara -destocados por fin del capirote-, lanzando flores y al son de músicas alegres. No es para menos. Anteriormente se habrán producido los encuentros entre Jesús y la Virgen, una forma de anunciar que se ha materializado la Resurrección.

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