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Jeringuillas, machetes y okupación en el céntrico barrio valenciano de la Xerea

En la calle Poeta Liern de València, la okupación ilegal ha provocado situaciones peligrosas, como la presencia de un hombre armado con un machete y la supuesta existencia de narcopisos

Agresiones, machetes y jeringuillas en la Xerea, el calvario de los vecino de un céntrico barrio de València

Redacción Levante-EMV

Marina Falcó

Marina Falcó

València

Nadie diría, a primera vista, que los vecinos de uno de los barrios más céntricos de València se enfrentan a graves y angustiosos problemas de convivencia derivados de la okupación ilegal de varias viviendas ubicadas en la calle Poeta Liern, en pleno barrio de la Xerea.

La situación se ha descontrolado en los últimos tiempos porque, ya no es una mera cuestión de usurpación de viviendas, sino que estos inquilinos ilegales han traído consigo situaciones mucho más peligrosas, como la sucedida el pasado miércoles 25 de marzo, a plena luz del día cuando un hombre se presentó armado con un machete de unos 50 centímetros de longitud en la puerta de uno de estos edificios okupados y comenzó a aporrearla mientras gritaba el nombre de alguien "al que suponemos que buscaba por una deuda de droga", explica a Levante-EMV Elena (nombre ficticio) que es vecina de la zona.

Un agente de policía sostiene el machete incautado a un hombre en la Xerea

Un agente de policía sostiene el machete incautado a un hombre en la Xerea / Cedida

Degradación a espaldas de un palacio

Resulta desconcertante comprobar que justo a espaldas de una auténtica joya neoclásica del siglo XVIII como es el Palacio de Cervelló se haya llegado a una situación tan grave de degradación que puede llegar a recordar a una de las épocas más duras de la droga allá por los 80.

Detrás la mismísima plaza de Tetuán, esa que está flanqueada por verdaderos emblemas arquitectónicos y culturales de la ciudad como el palacete antes mencionado, el edificio de la Fundación Bancaja y Capitanía General, se vive una verdadera pesadilla forjada a base de jeringuillas tiradas en la calle, edificios okupados y episodios violentos que pueden ocurrir a las cinco de la tarde.

Basura en el patio interior de los edificios de Poeta Liern 23 y 25 de València

Basura en el patio interior de los edificios de Poeta Liern 23 y 25 de València / Francisco Calabuig

El trazado de callejuelas que conforman esta parte del barrio de la Xerea encierran todo el encanto de su origen musulmán. Vías estrechas y serpenteantes que crean una especie de burbuja protectora ante los ruidos y el ajetreo propio de la urbe que martillean a quienes se encuentran a únicamente una calle de distancia. Sin embargo, la paz que uno puede hallar en las calles En Gordó (esa que aún mantiene el rodeno rojo en las aceras), Nuestra Señora de las Nieves o Poeta Liern se ve truncada por un paisaje un tanto desolador.

"Nosotros siempre bromeamos con que somos el queso Gruyere de la ciudad", dice Elena mientras muestra la cantidad inusitada de solares que salpican el trazado de un barrio "en el que hemos vivido siempre gente de toda la vida, gente trabajadora", cuenta la joven. Ella es uno de esos casos, pues su familia reside en los alrededores de la plaza Sant Bult desde hace generaciones. Lo que antes no había era, desde luego, la preocupación por la okupación "de las problemáticas", matiza, que se ha instalado en los edificios de los números 23 y 25 de la calle Poeta Liern.

Los vecinos bromean diciendo que son el Gruyère de la ciudad por los solares que salpican la zona

Los vecinos bromean diciendo que son el Gruyère de la ciudad por los solares que salpican la zona / Francisco Calabuig

Lo que ha sucedido en este barrio no es nada más ni nada menos que lo que ocurre en tantos otros casos: vecinos de muchos años que pagaban un alquiler de renta antigua y que ante una actualización de precios draconiana a la que no podían hacer frente, tuvieron que salir de sus casas para dejar edificios vacíos cuyos propietarios (a veces particulares, a veces empresas) no rehabilitan y dan salida. Carne de cañón para ser okupados.

Música alta, plagas y presencia policial

Los inmuebles de Poeta Liern 23 y 25 se han convertido en un núcleo incesante de problemas y de intervenciones policiales. A la amenaza de un hombre con un machete que suelen esgrimir los miembros de las bandas urbanas se une la supuesta presencia de narcopisos, "antes dejaban una lamparita encendida toda la noche en el balcón, suponemos que para avisar de que allí podían comprar" cuenta la vecina.

"Nos ayuda mucho la policía de barrio y la Nacional que vienen cada vez que los llamamos, pero es que los líos siempre los montan los mismos y estamos seguros de que estamos hartos nosotros y los agentes", lamenta Elena. En realidad entre ese grupo de personas que desestabilizan la convivencia de los vecinos hay un cóctel variopinto de okupas y personas con problemas mentales y de drogadicción.

Una malla cubre la fachada de los bloques esquineros de Poeta Liern con la esperanza de que no se desprendan más cascotes. Sólo hay que ver el estado de algunos de los balcones a los que les falta parte del suelo para darse cuenta de la dejadez en la estructura. Elena explica que las quejas vecinales al ayuntamiento han sido numerosas, "pero no sucede nada". La propiedad de los edificios, una constructora, no da señales de vida y mientras tanto, los residentes de la finca contigua han tenido que desinsectar el edificio por la presencia de plagas debido a la basura que acumulan los okupas.

Los enganches a la luz son descarados, los restos de suciedad se extienden a las viviendas aledañas y el trajín de personas extrañas entrando y saliendo de los edificios es constante. "Estamos muy cansados", porque además la falta de civismo es una de las características de quienes pegaron la patada en las fincas de Poeta Liern. La música suena a todo volumen a cualquier hora del día, no importa si es de madrugada o a las cuatro de la tarde, "hace mucho tiempo que duermo con tapones".

Jeringuillas por la calle

En estas calles del código postal 46003 vuelven a reproducirse imágenes características del cine quinqui. Las jeringuillas que las personas con problemas de drogadicción utilizan para inyectarse su dosis diaria salpican algunos tramos de la calle En Gordó.

El origen está en una tienda de campaña que hace de refugio improvisado para "dos o tres" personas que suelen pernoctar en uno de los solares de esta estrecha vía que también tiene problemas de okupación.

Jeringuillas en las calles del barrio de la Xerea

Jeringuillas en las calles del barrio de la Xerea / Cedidas

Encastrada en una diminuta parcela que antaño acogía un edificio se ha erigido una infravivienda perimetrada por una valla y en la que además de la pequeña carpa, colchones y otros enseres se ve un contenedor para agujas o material cortante de tipo sanitario. "Lo que pasa es que no siempre las echan ahí", narra Elena mientras recorremos la calle, "me he encontrado con jeringuillas en las aceras en diferentes días".

Tienda de campaña en la calle En Gordó donde pernoctan personas con problemas de drogadicción

Tienda de campaña en la calle En Gordó donde pernoctan personas con problemas de drogadicción / Francisco Calabuig

Pero los problemas derivados de este microcampamento no se quedan ahí, sino que "al menos en un par de ocasiones" se han producido incendios que han dejado huella en las vigas de madera que quedan del edificio que se presume, había antes. "Suponemos que son fuegos que se provocaron como represalia entre ellos porque al final no deja de ser su lugar de residencia, ¿por qué iban a quemarlo ellos?", se pregunta la mujer quien cuenta que en uno de estos incendios se quemó un coche que había aparcado justo al lado.

En esta misma calle, pero casi llegando a la calle En Blanch también hay problemas de okupación. En este son un grupo de chicas que se metieron en un pequeño edificio de dos alturas que tiene entrada tanto por Poeta Liern como por En Gordó y que trascendió porque en la puerta, antes tapiada, se dibujó un grafitti de Carlos Mazón pertrechado con el chaleco de emergencias durante la dana. Sin embargo, desde la pasada Navidad, al expresidente de la Generalitat le falta un trozo porque las okupas picaron la pared para poder acceder a la vivienda. "Fíjate, tuvieron que hacer unas muescas más en el tabique porque se dieron cuenta de que no podían acceder a la cerradura", dice con ironía Elena.

Adiós al grafitti de Carlos Mazón para poder okupar una vivienda

Adiós al grafitti de Carlos Mazón para poder okupar una vivienda / Francisco Calabuig

Lo curioso de esta caso de okupación es que las ocupantes es que cuando se metieron en el edificio mandaron una carta a los vecinos presentándose y mostrando su intención de prestarse a acompañar a los vecinos que se sientan solos, a comer juntos o a aconsejar a los mayores en trámites burocráticos. "Ante la especulación y las casas abandonadas, red, cuidados y vecindad". Sin embargo, a los residentes de la Xerea les chirría esta aparente solidaridad ante los enganches ilegales a la luz o la manipulación del suministro de agua que ha ocasionado problemas en el bajo colindante donde tiene su casal la falla de la Plaza de Sant Bult.

La manipulación de las tuberías de agua ha provocado desperfectos en el casal de la Falla de la Plaza de Sant Bult

La manipulación de las tuberías de agua ha provocado desperfectos en el casal de la Falla de la Plaza de Sant Bult / Cedida

"Sólo pedimos que alguien tome medidas. No podemos seguir viviendo así, constantemente preocupados por qué puede pasarnos ¡por favor, qué vino un hombre con un machete!", implora la vecina de la Xerea quien asiste atónita a la degradación de uno de los barrios con más solera de València -no en vano celebra la fiesta de Sant Bult, la más antigua de la ciudad- y que se va oscureciendo a golpe de inseguridad y abandono.

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