Caballos, mítines y George Clooney: la Ciutat de les Arts no solo vive de la música
La sentencia contra el ruido de los festivales deja en una posición compleja a Cacsa, que es viable gracias al soporte de la Generalitat, con la que arrastra una deuda de 200 millones. La empresa pública intenta rentabilizar su espacio acogiendo multitud de eventos con diferentes grados de afección a un patrimonio que no tiene ningún tipo de protección

El certamen hípico más importante del mundo, en una imagen de archivo / Fernando Bustamante

La Ciutat de les Arts i les Ciències lleva años canalizando la vida cultural y social de València en aparente armonía, pero por debajo ha estado cocinándose un conflicto acústico que ha explotado en las últimas semanas, poniendo en jaque la celebración de festivales con 80.000 abonos y la apertura de la terraza de l’Umbracle, que en su temporada estival recibe más de 200.000 visitas.
Estos negocios aportan una cifra sustanciosa a la facturación anual de Cacsa. Según explicaron ayer los promotores de los certámenes musicales, la empresa pública de la Generalitat dejaría de cobrar 2 millones sin su actividad musical. La Ciutat de Les Arts ha conseguido remontar el vuelo en los últimos dos años tras décadas de pérdidas millonarias, con beneficios superiores a los 8 millones anuales. En 2024 la empresa pública se anotó 34,8 millones de ingresos, de los cuales, la cesión de explotación representa un 47 % y la venta de entradas un 27 %. Con todo, pese a los buenos resultados, Cacsa es viable gracias a la muleta de la Generalitat Valenciana, con la que arrastra deudas de más de 200 millones.

Preparativos de un escenario musical en Cacsa / Fernando Bustamante
Para la gestora resulta complejo por tanto ‘perdonar’ ingresos, más allá de la fuente de la que procedan. Ideada mayoritariamente como complejo museístico, la Ciutat de les Arts lleva años cediendo y explotando sus espacios para eventos que nada tienen que ver con la actividad ordinaria del Museu de les Ciències, el CaixaForum o el Oceanogràfic, aunque dentro de la cesión de explotación también se enmarca por ejemplo Avanqua, operadora del acuario más grande de Europa.
Así, el espacio con declaración de interés general desde 2006 –una figura administrativa, no de protección patrimonial, empleada para ahorrar licencias, acelerar plazos y en su día eludir impuestos como el ICIO–, ha acogido desde el rodaje de películas hasta la celebración de competiciones deportivas, congresos académicos o mítines políticos de diversos colores. Todas ellas, actividades confinadas dentro de los edificios o con un carácter inocuo en términos de contaminación acústica y probablemente menos lesivas en términos materiales.

El suelo del lago durante los preparativos para un festival / Fernando Bustamante
En el ámbito deportivo destaca la Maratón de València cada mes de diciembre, con la meta situada en este icónico espacio recibiendo la llegada de más de 30.000 corredores. La Vuelta a España también ha circulado en torno al enclave y la ronda ciclista femenina de 2024 fijó en Cacsa una salida de etapa. El archivo documental arroja además partidos de fútbol playa y hasta el certamen de hípica más prestigioso del mundo: el Global Champions Tour tomó el espacio del lago entre el Museo de las Ciencias y l’Umbracle hace más de una década, pero la Generalitat juzgó insuficiente su impacto económico, motivo por el cual también se enterró el Open Valencia de tenis celebrado durante años en el Ágora. La alianza entre Les Arts y los grandes eventos deportivos quizás tuvo su cumbre simbólica en la presentación del Mclaren de Alonso y Hamilton bajo el gran esqueleto de hormigón blanco del museo diseñado por Calatrava.

Master 500 de tenis en el Ágora / Fernando Bustamante
La zona también goza de una vida cultural envidiable. Además de exposiciones como la que acaba de inaugurar el escultor surcoreano Park Eun Sun en diferentes puntos exteriores –’Genoma y estructura escultórica’ se llama la muestra–, Cacsa ha sido escenario de películas y series. Destaca ‘Tomorrowland’, la cinta futurista del director de ‘Ratatouille’ que trajo a George Clooney al Cap y Casal durante once días. Y el mismo plató cinematográfico ha aparecido en series internacionales como ‘Doctor Who’ o ‘Andor’, del universo Star Wars.

Fotograma de Doctor Who / Levante-EMV
La política se ha fijado igualmente en el mayor escaparate de València y algunos partidos han organizado allí algunos de sus mítines más importantes. En 2019, Santiago Abascal acompañó al candidato de Vox a la Generalitat, José María Llanos, en su mitin del Museo Príncipe Felipe, con aforo para 5.000 personas. La formación de ultraderecha intentó alquilar la plaza de toros, pero había un concierto de Mark Knopfler. En 2023, Pedro Sánchez arropó a los socialistas Ximo Puig y Sandra Gómez de cara a las autonómicas y municipales que cedieron ante el PP. En paralelo, los numerosos espacios de Cacsa acogen eventos como el Congreso internacional de Emprendimiento Portuario del pasado mes de octubre, el Congreso Internacional sobre Investigación en la Didáctica de las Ciencias o, como documentó Levante-EMV, hasta una multitudinaria misa homeopática con karaoke y “curaciones” milagrosas.

Pedro Sánchez, Ximo Puig y Sandra Gómez en el Museo de las Ciencias / Fernando Bustamante
Por último, en un plano menos crematístico, Cacsa acostumbra a estar incardinado con la vida social de València y de hecho hace unas semanas pasaban por allí las comisiones falleras de la ciudad para recoger sus ninots tras el indulto. Les Arts fue el ‘vacunódromo’ de València durante la pandemia del covid-19 o el escenario del funeral de Estado tras la dana. Y también es el mayor reclamo que en los últimos 20 años ha tenido la tercera ciudad de España de puertas para afuera, con su imagen convertida en imán de nevera o postal; ahora en medio de una agria polémica.
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