A pie de barrio - La mujer que nunca dejó de sonreírle a la vida (ni al mercado)
“Empecé el día que murió Kennedy, con trece años, y posteriormente en un accidente me quedé viuda”
Paquita se ha convertido en un referente en el mercado del Cabanyal. 60 años le han bastado para dejar huella en clientes y comerciantes. Pese a no trabajar en el mismo, se resiste a abandonarlo y ahora se pasea como clienta en el puesto que regenta su hija. Una mujer, que pese a las adversidades, ha llenado el mercado y su parada de carácter, memoria y alegría

Paquita, junto con su hija, Paqui, en sus inicios en el mercado del Cabanyal / Levante-EMV
Paquita es una de esas personas que, al mirarla, logra que sonrías. Mujer que, a pesar de haber tenido una vida complicada, se ha hecho a sí misma. Su vitalidad y su fuerza de voluntad esconden numerosos obstáculos. Eso sí, cuando te habla de ellos, lo hace como si abordara cualquier tema banal, restándoles una importancia que asombra. A pesar de estar jubilada, se resiste a abandonar el mercado, aunque ahora esté como clienta del puesto que regenta su hija.
Empezó de cero, viuda y con una niña a la que mantener. Pero logró hacerse un hueco en este gran mercado, que a día de hoy es uno de los más vibrantes y con mayor actividad comercial. “Empecé el día que murió Kennedy, con trece años, trabajando para Anselmo Gil, que hoy es Óscar Mayer, y en un accidente me quedé viuda”. La vida de Paqui se resquebrajó, pero no llegó a romperse, puesto que volvió a trabajar y lo hizo en una parada de este mismo recinto.
Del duelo al mercado
“Con el tiempo fui subiendo, muy zorrilla, y me compré una parada, que es esta”, nos espeta. Eso hace que no podamos reprimir una carcajada. La ironía de Paqui es única. No es de esas personas a las que les importa que puedas pensar mal. Aunque es tan transparente que es imposible hacerlo. Sabes que te habla desde la verdad más absoluta. No solo porque te cuenta su vida de forma minuciosa, sino porque lo hace con todo lujo de detalles y sin querer aparentar ni quedar bien.
Mientras hablamos con Paquita, su hija, Paqui, está a su lado, orgullosa, escuchándola. Tampoco puede reprimirse y ríe con nosotros en el momento en el que su madre suelta alguna de las suyas.
Cuando su hija apenas tenía tres años, no quería que trabajara. “Me cogía de la pierna, no se soltaba y me hacía andar a rastras. Luego encontré a una chica para cuidarla y fue lo mejor que me ha pasado en la vida”, cuenta, algo emocionada.
La chica del 'Escort'
Sus inicios fueron duros, no deja de recalcarlo. “Tenía muy poquito dinero y género. Cuando no tienes a nadie que te ayude... Pero cuando estás más asentada, te salen amigos por todas partes”, explica resignada. Ella había nacido para esto, enseguida se compró un coche y la empezaron a llamar “la chica del Escort”. Esto provoca que no podamos contener otra carcajada.
Quién mejor que Paquita para hablar de los orígenes del mercado. Ha sido testigo directo de las transformaciones sufridas. El puesto en el que ella se encuentra es un palco alto, es decir, uno original. El centro del mercado era un espacio diáfano, ya que entraban los carros a dejar las mercancías. Con el paso del tiempo y, debido a su éxito, construyeron los palcos bajos, que ocupan el espacio habilitado para el transporte de la mercancía.
Historia viva del Cabanyal
60 años, que se dice pronto, le han bastado para atesorar multitud de anécdotas. “La alcaldesa, Rita Barberá, venía a comprarnos y un día me dedicó una carta y un ramo de flores”, explica. También nos cuenta el día en que, sin darse cuenta, después de despachar a una clienta, no encontraba uno de sus cuchillos. “La buscamos y lo llevaba en el bolso la mujer”.
Una de las trabajadoras del puesto nos interrumpe para destacarnos la vitalidad, la labia y la alegría de Paquita. “Es muy charranta y a todos les busca las cosquillas”.
Y destaca aquella situación con otro de sus clientes. Mientras él hacía la compra, su mujer lo esperaba en una esquina. Debido al carácter jovial y afable de Paquita, aquella explotó: “¿Qué haces hablando con esa, que es una sinvergüenza?”. Todos echamos a reír, es inevitable.
“Se creían que me iba a hacer con todos los maridos, y no me he hecho con ninguno. Aquí estoy, virgen todavía”, añade con una sonrisa socarrona.
Hablar de Paquita es hablar del Mercado del Cabanyal. Entre clientes, madrugones y mucho esfuerzo, ha conseguido llenar de vida un recinto por el que no deja de pasar el tiempo. Pero, si algo deja clara su historia, es que hay personas que no solo ocupan un lugar: lo llenan de carácter, memoria y alegría.
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