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El dominico Alcácer incluye la IA y la "conquista sideral" para comparar el presente con los tiempos de San Vicente

El sermón de la Catedral alerta del "endiosamiento" del hombre y alerta a la Iglesia a "prepararse para que la fuerza del Evangelio pueda ser la única luz y fuerza de la existencia humana"

Moisés Domínguez

Moisés Domínguez

València

La festividad de San Vicente ha tenido su prólogo en el oficio religioso celebrado en la Catedral. La costumbre manda que es un fraile dominico, la misma orden en la que predicó el "pare Vicent", quien predica en la misa mayor.

Fue en esta ocasión el catedrático emérito en Sagrada Escritura José Manuel Alcácer quien estableció un paralelismo entre el mundo vicentino y el actual, al recordar que "moría un mundo del que fue testigo de su propia agonía. Un mundo que se creía cristiano, pero que estaba cortado por los siete pecados capitales, la superstición, asfixiado y afligido por el horror de las enfermedades, especialmente la denominada peste negra. Al que tenemos que añadir las guerras, la decadencia religiosa agitada por los extremismos que no tenían nada de cristianos, con un clero corrompido y una Iglesia que acababa de salir del Cisma de Occidente, que llegó a tener hasta tres papas".

El presente es de otra forma, pero "en el siglo XXI hay una coincidencia de que estamos en un cambio de época, caracterizada por el autoenaltecimiento, en la que el hombre cree que puede autorecrearse a su imagen y semejanza, la que ha creado él mismo, lo que ahora se llama Inteligencia Artificial y en otros Biología Artificial, y la conquista sideral, que "seremos como Dios" del Génesis”. 

Este ediosamiento lleva la descristianización de algunos países de raíz cristiana, como en Europa, olvidándose ese drama del ser humano es ser todo o nada al mismo tiempo". .

"Un tiempo histórico que, en tantas cosas, salvando distancias, hay un paralelismo social. En un momento de profundos cambios en la Iglesia y la Sociedad, naciendo una nueva época, que nos marca un camino para afrontarlo". La receta es "la santidad de vida y la predicación. Fue San Vicente quien predicó, en una Europa que se hundía, la esperanza de un mundo nuevo. Esta es la labor de la iglesia, como San Pablo y los apóstoles y después San Vicente Ferrer.

Tras hacer un recorrido por la vida de su antecesor dominico, apeló a que "se dejaba la vida a trozos, agotándose por Jesucristo" en su predicación. Que llevó al presente. "Es el Año de la Esperanza porque es una virtud que se proyecta al cambio tan profano. La iglesia debe esperar que le hará frente y prepararse para que la fuerza del evangelio pueda ser la única luz y fuerza de la existencia humana por encima de todos los cambios que le puedan venir a la Humanidad. Ese es el cáliz de la Esperanza. Este es el predicador, el santo, el intelectual, el héroe moral, predicando durante veinte años día y noche, en busca de recuperar aquella sociedad. Nos consta que, cuando no viajaba, todos los días predicaba uno o dos sermones, para instruir a gente de toda condición, llevándolos a todos a la conversión, en la que no escatimo miedos. El santo que tenemos delante es un reflejo de la muerte de Jesucristo. Su paso por este mundo fue una prolongación apostólica".

Imploró su "ayuda y protección" al clero, las autoridades, los devotos "unidos en tu abrazo de padre y protector" y ya puestos, a la propia orden dominica, para la que le imploró "nuevas vocaciones".

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