Festividad
Sol y, esta vez luz, en el día grande de San Vicente
El acto principal de San Vicente Ferrer, la Ofrenda, se desarrolla con éxito, congregando a miles de personas en un evento sin los contratiempos del año anterior

Después de un fin de semana, torcido. San Vicente Ferrer obró uno de sus habituales milagros para que su acto principal, el más masivo y popular, la Ofrenda desarrollara como siempre a pleno sol y, este año si, sin el sobresalto del apagón general que el año pasado obligó a, por ejemplo, cancelar la mascletà y sacó de la comitiva a la alcaldesa para gestionar lo que primero parecía una anécdota y después fue una emergencia nacional. Lo recordaba la alcaldesa, María José Catalá. "Teníamos ganas de volver a la normalidad. Nada más llegar he recordado que mirábamos al cielo para que no lloviera, para poder recuperar las tradiciones. Yo misma me tuve que salir a dirigir la emergencia, de una ciudad sin semáforos, abasteciendo a los centros esenciales del gasóleo para mantener los grupos electrógenos". Y con pulla: "sigo sin saber qué pasó. Que se haya producido un apagón informativo". Y siempre es recurrente dentro del habitual escenario de presencia y ausencia en la misa. "Es normal que la izquierda no participe en las tradiciones. Bueno, cuando yo era líder de la oposición ya lo decía: que se confunde la distancia institucional con la falta de respeto a la tradición y la cultura. Yo sí que no fallo".
Pero como una cosa es ir a misa y otra es repicar, la oposición sí que estuvo presente en la Ofrenda. Junto con miles de personas más que sí que tomaron parte en el festejo, tanto como desfilantes como de público. El censo vicentino ha crecido. No en el nivel desbaratado de las Fallas, pero lo suficiente como para ampliar su masa social. Cosa que se ha visto en no pocos casos en el acto ritual de "imposición de medallas a los nuevos miembros". Y para que la participación en la Ofrenda se vea aumentada. Pero a esto hay que añadir las entidades invitadas. Que son las que acompañan a la comitiva oficial en su tramo definitivo, una vez han desfilado los altares y, sobre todo, a las comisiones de falla. Conforme pasan los años da más la sensación de que no queda una comisión que no tome parte en este soleado desfile. Eso es un efecto llamada para el público y es una musculación del propio evento, rayando en la fagocitación. Que sería más si no fuera porque las "falleras" que desfilan no todas lo son. Por ejemplo, también visten de valencianas la corte de honor del altar de Russafa, que son multitud con su banda azul. También se visten, eso sí, acompañantes de los cuadros de honor y también se suman comisiones de juntas locales, así como otros colectivos. La consecuencia es que la peineta gana por abrumadora mayoría a la teja. Y todo ello propicia que el acto finalice pasadas las dos y media de la tarde y quizá empezaría a ser aconsejable el adelantarlo en el horario. Sobre todo, por aquellas personas que hacen doblete con la procesión vespertina.
Sin parones y con instrucciones
A pesar de ello hay que reconocer que el desfile pasó muy dinámicamente, sin prácticamente parones. La Concejalía de Fiestas mandó a los altares una especie de normas a seguir tanto por ellos como por los invitados -distancias y filas, al más puro estilo Ofrenda de Fallas- para evitar que el cortejo tuviera cortes. Y miembros de la Junta Central Vicentina, incluyendo algunos de sus altos directivos, como Manuel Ferri, dirigiendo a pie de calle el paso por las tres vías que tienen las asociaciones para entrar en la plaza del Ayuntamiento.
El único parón fue el del tramo final, porque las falleras mayores de València se "escaparon del pelotón", ya el de la JCF, que iba a una velocidad mucho menor que el paso normal de falleras en un desfile. Pero lo cierto es que eran las 14.25 horas de reloj cuando la honorable clavariesa, Vicenta Evangelina Escudero, prendía fuego a la "mascletà". Previamente ya se había llevado a cabo la entrega de las flores en el interior del "pouet" y la ofrenda de una corona de laurel ante su estatua.
Y es que, casi sin tiempo, por la tarde se reanudó la actividad con la Procesión General, no menos masiva, en la que la imagen del "pare Vicent" pasa por sus estaciones vitales: la Casa Natal , la iglesia de San Esteban donde fue bautizado y el Convento de Santo Domingo, donde desarrolló su vocación.
"Baixà del sant"
Mientras, los altares seguían celebrando las representaciones de "miracles". San Vicente es una fiesta que acaba tarde, ya bien entrada la noche, cuando las imágenes son bajadas solemnemente de loa altares para ir a parar a las casas de los clavarios para custodiándolas.
Y el próximo fin de semana, más
Y San Vicente también es una fiesta que se prolonga. Altares como los del Mercado Colón, Ángel Custodio y Mocadoret celebrarán la particular liturgia (altares, representaciones, procesiones...) el próximo fin de semana, incluyendo, el sábado por la noche, la "dansà del Mocadoret", una fiesta grande del folclore en el que más de ochocientas personas tomarán parte en el gran baile.
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