València homenajea a Rosario Barat, un símbolo de superación que ha cumplido 105 años de edad
La vecina de Borbotó, que este verano será tatarabuela, iba en moto con 90 años, y conserva una portentosa lucidez y condición física, fruto, según dice su familia, de haber vivido en la huerta

Moisés Domínguez

Mucho más que una abuela o una superabuela, Rosario Barat Soriano es un símbolo. "Detrás de 105 años hay una historia de vida y una seña de identidad. Una mujer que se hizo a sí misma, una trabajadora nata y un ejemplo para la sociedad de superación. Algo para transmitir a las generaciones jóvenes. Una mujer que se lo ha ganado todo a pulso. Que igual te hace una caragolà que una paella, que trabaja en el mercado municipal de Godella en una parada que daba gozo, que te hace un tomate frito y que cría a sus hijos en una casa limpia. Para la familia es un orgullo. Y por muchos años más". Tanto, como que ella misma, feliz por la celebración, anuncia: "el año que viene os espero otra vez".
Esto lo dice una de sus nietas, pero es que otra de ellas la describe más científicamente: "es un metabolismo a estudiar". Porque esta vecina de Borbotó no solo ha recibido un homenaje en el centro de mayores de su pueblo, en el que la concejala Marta Torrado le entregó un escudo de la ciudad. Es que lo ha celebrado disfrutando y atendiendo. Con una lucidez extraordinaria y con unas condiciones físicas asombrosas. Vale que lleva un taca taca, pero una vez sentada, se levanta con una agilidad que para si quieran muchos que son más jóvenes. "Y se viste y se arregla ella sola. Tendríais que verla cómo levanta la pierna". Y habla con plena lucidez. Se acuerda de todo y no divaga. El corazón le dio un achuchón hace poco, pero una vez más, ese metabolismo milagroso la hace seguir viendo pasar la vida.
Nació con el Charleston
Hay dudas de si es la decana de la ciudad. "Creemos que en Carpesa hay otra mujer a punto de cumplir 106 años...". El pasado diciembre, la ciudad perdió a Teresa Soler, a apenas tres meses de cumplir 106. Por ahí, ahí, están los límites. Da igual: su propio ejemplo es como para hacérselo mirar. Cuando nació, el Valencia CF apenas tenía dos años de existencia. De niña, el baile de moda era el Charleston. Tendría recuerdos de niña de la proclamación de la República y de adolescente, en edad ya de merecer, estalló la Guerra Civil. Franco murió siendo ya una mujer madura de 54 años y entró en el nuevo siglo a punto de ser octogenaria.
Tatarabuela en tres meses
Los récords se le acumulan porque, por ejemplo, en julio será una de las poquísimas tatarabuelas que hay en España. "Nacerá en Murcia, porque la madre del bebé es de allí, pero con corazón de Borbotó. El biznieto está en Corea porque es jugador profesional de billar".
Nació en La Font, una partida de alquerías en el Camino de Moncada y se asentó en Borbotó. Tal como ponían en valor, seguramente una de las recetas para la longevidad haya sido "trabajar y vivir en el campo, en la naturaleza, aunque sea tan cerca de la ciudad. Trabajando y alimentándose de la huerta", dice el alcalde pedáneo, Ángel Torrijos. Se casó con Vicent "el Blanco", pero "ella siempre fue Rosario Barat". Y con el paso de los años tuvo tres hijos, que todos viven, ocho nietos y seis biznietos.
"Yo iba en la moto hasta los noventa años". Y es que cada episodio de la biografía es más insólito. Porque cuentan de ellas que era, además, vacilona: "no le gustaba que la adelantaran a toda velocidad, y si uno le pitaba, se ponía en medio de la calzada y que fuera a su velocidad". Todo es huerta, porque uno de sus hermanos fue Francisco Batat, síndic de la Acequia de Tormos
Las personas mayores acudieron en masa a rendirle homenaje a una Rosario que les saca, a la que más, a la que menos, entre veinte y treinta años de diferencia.
Corrió el cava, la tortà de almendra de la Confitería Castillo, que pidió expresamente para la ocasión. Jolgorio dentro y silencio absoluto fuera, porque Borbotó, aún pese a pocas fincas de varios pisos, feas como ellas solas, sigue siendo, sobre todo, un pequeño pueblo de campo en un entorno que ha cambiado con el paso de los años a los ojos de Rosario. "Se le pide que se despida diciendo su edad. En valenciano, "tinc cent cinc anys" es casi un trabalenguas. Le sale un "Soc Rosario i tinc cent vint-i-cinc anys". Y el jolgorio entre la parentela porque, "seguro que llega".
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