"El olor es vomitivo": urinarios del Ironman a las puertas del CEIP Blasco Ibáñez a pleno sol
Los baños portátiles permanecieron a la puerta del colegio de la Malva-rosa hasta al menos las 12.00 horas de este lunes interrumpiendo el paso de los menores al centro escolar

Baños y urinarios a las puertas del CEIP Blasco Ibáñez el lunes por la mañana después del Ironman del domingo / Cedida

Las familias del CEIP Vicente Blasco Ibáñez del barrio valenciano de la Malva-rosa están soliviantadas por varias razones que afectan al colegio en el que estudian sus hijos e hijas. Tal como publicó Levante-EMV el pasado viernes, la falta de reposición de la valla que perimetra la escuela que cayó por el viento a finales de enero provoca problemas de inseguridad, puesto que el acceso al interior únicamente está protegido por un murete de metro y medio de altura.
Otra de las cuestiones que molesta especialmente a las familias de los estudiantes es el "agravio comparativo" que, a su entender, se produce entre la lentitud en el mantenimiento de las instalaciones de los colegios públicos, dependientes en este aspecto del Ayuntamiento de València, con respecto a la rapidez en la logística y preparación de los eventos, deportivos en este caso. "Observamos con indignación cómo se destinan recursos y celeridad para el montaje del evento 'Ironman' frente al colegio, bloqueando accesos y ubicando urinarios públicos frente a la puerta principal, mientras la seguridad del centro educativo sigue desatendida", señalaban en un escrito de queja dirigido al consistorio.

Restos de orines el lunes por la mañana en los urinarios en los alrededores del CEIP Blasco Ibáñez / Cedida
Como comentábamos, esto sucedió el viernes. Este lunes, un día después de la prueba de triatlón de media distancia, las familias siguen molestas porque hasta las doce del mediodía no se empezaron a retirar los urinarios situados a las puertas del centro, que no solo continuaban estorbando en el momento de la entrada de los estudiantes, sino que además aún quedaban restos de orines derivados de su uso.
Las temperaturas cada vez más elevadas estos días han empeorado la situación. "Esto es la fiesta del pipi en el cole", se lamentaban los progenitores ecahndo de menos el baldeo de la calle, "es que el olor ya es vomitivo" y además, podía sentirse en la zona de acceso a la cocina y comedor de la escuela cuando se aproximaba, precisamente, el momento en el que los pequeños debían pasar a comer. Y el problema es que la agenda de la ciudad no para y "en junio se prevé que ocurra lo mismo por otros eventos deportivos", se temen.
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