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L'Umbracle abre pese a la sentencia por ruido y la presión de las instituciones

La discoteca de la Ciutat de les Arts arranca su primera noche con la música inaudible desde fuera. El público, mayoritariamente Erasmus, es ajeno al conflicto. Policía autonómica y local controlan la actividad

La terraza de l'Umbracle abre sus puertas pese a la sentencia por ruido

J.M. López

Claudio Moreno

Claudio Moreno

València

Llegó el día y L'Umbracle no se amedrentó. La discoteca a cielo abierto localizada en Les Arts ha inaugurado su temporada poco después de las 23 horas, tal como estaba previsto. Ni la amenaza de los vecinos con llevar el caso a la vía penal de la mano de los abogados del 'caso Bernabéu', ni la advertencia de la Generalitat de que debe cumplir con los derechos fundamentales de los residentes, ni los avisos de Catalá de que hará cumplir la sentencia, ni los contoles de la policía autonómica y local; nada ha evitado que el portón deje pasar a una clientela jovencísima y muy internacional, principalmente Erasmus.

No obstante, sí parece que la presión haya condicionado los niveles de ambientación acústica, al menos al principio de la noche. La música apenas se ha oído desde fuera del recinto y parece difícil que supere los 45 decibelios de inmisión en los domicilios cercanos, límite marcado por la ordenanza de contaminación acústica.

Si se sostiene ese volumen durante las largas horas nocturnas y aún así se superan los límites de contaminación acústica, la responsabilidad habría que buscarla en el ruido exterior. De momento, el plan de Generalitat y Ayuntamiento es mantener el cerco sobre la discoteca explotada por el Grupo Salamandra.

De hecho, poco antes de la apertura, la empresa ha recibido una notificación de la Ciutat de les Arts i les Ciències para advertirle de de que debe cumplir con la ordenanza acústica y los derechos fundamentales de los vecinos reflejados en la sentencia contra la contaminación acústica en el complejo museístico.

El comunicado enviado por la Conselleria de Presidencia recuerda además que la sentencia establece que el Ayuntamiento debe adoptar las medidas necesarias para impedir definitivamente la vulneración de dichos derechos, incluyendo, en su caso, la revocación de autorizaciones o la reubicación de eventos o actividades. Es decir, la fundación autonómica descarga la responsabilidad de hacer cumplir la sentencia en el gobierno municipal.

En ese sentido, dado que la discoteca no necesita licencia por estar supeditada al complejo de Cacsa, declarado de interés general desde 2006, el ayuntamiento únicamente tiene la capacidad de hacer cumplir la ordenanza de contaminación acústica a través de controles: esto es, enviar a la Policía Local para medir las emisiones en la terraza y constatar que no supera los decibelios permitidos, tal como se hizo años atrás cuando surgió un conflicto similar.

Fuentes de la discoteca explicaron ayer a Levante-EMV que abrirían con un "perfil bajo" para evitar mayores problemas de los que ya tienen, pese a contar con toda la documentación en regla y poder acreditar, decían, que cumplen a rajatabla con lo exigido en la resolución judicial. La decisión de abrir llegaba tras altunas jornadas de reflexión y titubeo. De hecho, hace varias semanas aseguraron que no inaugurarían la terraza siempre que no estuviera la convivencia garantizada, barajando, entre otas medidas, eliminar los jueves de su calendario.

Por su parte, los denunciantes barajan explorar la vía penal en caso de que la música siga colándose por los balcones del vecindario, incluso si esta no sobrepasa el techo de decibelios. La querella perseguiría al Grupo Salamandra, no tanto al ayuntamiento. De momento, la sentencia les ha dado una herramienta de presión para ganar un pulso que llevaban años perdiendo y, tal como anunció el representante legal de los vecinos afectados, la idea es "ir a por todas", tanto con L'Umbracle como con los festivales de verano.

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