El ayuntamiento duda si demoler las Casitas Rosas mientras crece el hastío vecinal
Los vecinos de la Malva-rosa reclaman medidas inmediatas ante el aumento de los problemas con la droga y la delincuencia mientras esperan el plan para las Casitas Rosas

Miguel Angel Montesinos

El pasado miércoles se cumplió una semana desde que los vecinos del barrio valenciano de la Malva-rosa mantuvieron una reunión multilateral con varios concejales del Ayuntamiento de València. En ese encuentro participaron el edil de Urbanismo, Juan Giner; el de Seguridad, Jesús Carbonell; la edil de Servicios Sociales, Marta Torrado y la responsable de Participación y Acción Vecinal, Julia Climent. Varios pesos pesados del gobierno municipal para tratar, entre otros temas, uno que lleva de cabeza a los residentes de la zona como son las Casitas Rosas.
No es la primera vez que se producen estas entrevistas para establecer las líneas de actuación en el Plan de Reforma Interior que incluye una alternativa tanto para las edificaciones, que podrían ser derribadas en su totalidad o solo algunas de ellas, y para quienes habitan en ellas. Sin embargo, de esta última reunión los vecinos salieron con más dudas que certezas y con una paciencia ya a punto de agotarse por una situación que les perturba desde hace años.
"En este encuentro nos anunciaron que ya nos anunciarían más adelante cuándo estará el proyecto de los técnicos de Urbanismo con las alternativas posibles. Vamos, que no sabemos qué se va a hacer y si se van a derribar o no", resume David Verdoy, presidente de la Asociación de Vecinos de la Malva-rosa.

Los vecinos de la Malva-rosa aún no saben qué va a ocurrir con los bloques de color salmón / Miguel Angel Montesinos
Las alternativas de futuro para estos edificios que se plantean desde el área de Urbanismo son tres: una intervención global de derribo de todos los bloques de viviendas, una actuación más localizada de los dos bloques centrales o no realizar ninguna intervención.
El problema es que el proceso de reconversión de este emplazamiento, que genera graves problemas de convivencia en el barrio, requerirá de años para su ejecución porque además de los trámites burocráticos pertinentes incluye otras actuaciones en el entorno como, en el caso de que se derruyan los edificios, construir nuevas edificaciones en las que realojar a las personas que viven en las Casitas Rosas. Para ello el ayuntamiento debe especificar cuáles son los solares en los que levantar las viviendas en las que reubicar a los desalojados. "Porque nosotros queremos que se reubique a los vecinos en esta misma zona", asegura Verdoy. En este sentido desde el ayuntamiento les aseguraron que a cada familia se les ofrecería la solución más adecuada a sus necesidades concretas: una nueva vivienda, un alquiler asequible o recibir una indemnización.
Una vez Urbanismo plantee cuál es la solución definitiva para los edificios y, en el caso de demolición total o parcial, se establezca dónde se levantarán los nuevos bloques residenciales, el proyecto seguirá su curso legal y administrativo esto es, hacerlo público y abrir el plazo de 45 días para la presentación de alegaciones.
Transcurrido este plazo, el nuevo planeamiento de las Casitas debería ser aprobado, pero como no hay un horizonte temporal establecido, los vecinos urgen al consistorio a llevar a cabo algunas medidas de aplicación más inmediata como la rehabilitación de los edificios que no vayan a demolerse.
Llega el verano y aumentan los conflictos
Y mientras se dilucida cuál va a ser el futuro de los bloques de color salmón, los vecinos se preguntan además de cuándo va a estar el plan, "qué hacemos mientras tanto". El representante vecinal se muestra muy preocupado por el repunte en el consumo de droga en la zona y señala el origen de la gran mayoría de las calamidades que viven: el trapicheo en algunos pisos de las Casitas.
La asociación habla de puntos negros en los que se venden estupefacientes y ponen el foco en la plaza María Carbonell, donde el 'trapicheo' se produce sobre todo de noche. "Hasta que no se intervenga en las viviendas donde se trafica, esto no va a parar", sentencia Verdoy quien afirma que en los últimos tiempos han notado un aumento del flujo de personas drogadictas en el entorno. "Es que ves a gente consumiendo en cualquier sitio y a cualquier hora del día", se lamenta.
La aparición de jeringuillas en los sitios más insospechados, como en el patio de un colegio o en un parque, podría paliarse de alguna manera si, según indica Verdoy, desde la administración se habilitaran salas de consumo supervisado, "como no hay, se pinchan donde pillan".

Mientras se dedice si se derriban o no, los residentes urgen a tomar otras medidas somo la rehabilitación de los inmuebles / Miguel Angel Montesinos
Otra de las cuestiones sobre la que preguntaron los vecinos durante la reunión con los responsables municipales fue acerca de la existencia de algún plan de presión sobre el tráfico de drogas. Según la documentación a la que ha tenido acceso Levante-EMV la respuesta del edil de Seguridad es que el narcotráfico "es competencia de la Policía Nacional y que a la Local no se le deja actuar en muchas ocasiones", y les emplaza a dirigirse a la Delegación del Gobierno, a cuya cabeza, Pilar Bernabé, ya han solicitado una reunión. Los agentes municipales se destinarían, según recoge el informe, a actuar sobre los consumidores y a disponibilidad de los vecinos "ante cualquier incidente".
Pero mientras se celebra la reunión con la delegada, los vecinos echan de menos el refuerzo de la Policía de Barrio en la zona. "En noviembre del año pasado se nos prometió un refuerzo y que se nos adjudicarían cuatro agentes: dos por la mañana y dos por la tarde, sin embargo hablando con algunos policías nos dicen que seguirán siendo dos, uno de mañanas y otro de tardes", cuenta Verdoy. A este respecto, desde la corporación municipal explican que las nuevas incorporaciones a esta unidad de cercanía "aún están completando su formación" y por la tanto, "todavía no se han distribuido".
Este tema no es baladí con el verano a la vuelta de la esquina. Con el aumento de las temperaturas y las condiciones tan depauperadas de las Casitas Rosas la vida en la calle bulle y "muchos ocupan el espacio público hasta altas horas de la madrugada poniendo la música altísima y generando problemas". Los vecinos necesitan que se aumente la dotación de agentes para cumplir las ordenanzas municipales en materia de limpieza u ocupación de vía pública, entre otros aspectos.
Rotura de cristales de vehículos ("esto es una lotería, nunca sabes si le va a a tocar a tu coche"), gente rebuscando en los contenedores y dejándolo todo por fuera, jeringuillas abandonadas en cualquier lugar... las perrerías que padecen en la Malva-rosa se acumulan y van in crescendo al son del calor cuando además, señalan los vecinos, "los policías son desplazados a la zona del paseo marítimo dejando esta parte del barrio desamparada".
Un hervidero que de momento sigue sin apaciguarse tras años de reclamaciones vecinales y que tiene en alerta a los residentes de la zona quienes no descartan movilizaciones si no se refuerza la seguridad en el barrio y se acometen actuaciones concretas: "Llevamos 40 años así y este gobierno lleva ya tres mandando, quizás tendremos que volver a las calles".
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