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Una empresa de desokupación comienza el desalojo de la finca de Visitación 35 de València

La entidad propietaria del bloque contrató a una empresa privada que ha iniciado el desalojo de los inquilinos irregulares tras siete años de conflictos vecinales

Pisos desokupados en la calle Visitación número 35

Redacción Levante-EMV

Marina Falcó

Marina Falcó

València

Hace unos meses, Levante-EMV se hacía eco del drama vivido por los vecinos de un edificio de la calle Visitación de València provocado por la completa okupación del bloque contiguo con el que comparten pared medianera y patio interior. Las diez viviendas del número 35 de esta vía contaban con inquilinos irregulares que han provocado durante siete largos años un completo abanico de problemas de convivencia: desde amenazas de muerte e insalubridad hasta barbacoas dentro de casa, pasando por peleas y fiestas que se alargaban hasta altas horas de la madrugada.

El infierno que viven vecinos de la calle Visitación de València por un bloque de viviendas completamente okupado

Redacción Levante-EMV

Los residentes del número 33 habían llegado al límite de su paciencia y, decenas de llamadas a la policía y denuncias después, al fin pueden respirar. La entidad propietaria del edificio contrató los servicios de una empresa de desokupación que comenzó este pasado jueves el desalojo de los 10 pisos allanados. De momento se han vaciado cuatro y se espera que el próximo 11 de mayo se desalojen los otros seis.

Según ha podido saber este periódico, para lograr este "feliz desenlace" -como lo denominan los vecinos- se ha recurrido a una empresa de desokupación para garantizar que, efectivamente, los usurpadores de las viviendas abandonaban los inmuebles, una empresa privada de desokupación asistió al desalojo.

Estado en el que está una de las viviendas desalojadas

Estado en el que está una de las viviendas desalojadas / Levante-EMV

Según testigos de esta primera tanda de desahucios el proceso se ha llevado a cabo "con cierta tensión" ya que ha habido un momento en el que "casi se pegan", describen porque alguno de los okupas se negaba, en un principio, a abandonar el piso. Sin embargo, la presencia de agentes de la Policía Local de València ha rebajado el voltaje de la situación y finalmente se han vaciado las cuatro viviendas previstas cuyas puertas y ventanas han sido tapiadas y en las que se han instalado alarmas.

Interior de una de las viviendas desokupadas

Interior de una de las viviendas desokupadas / Levante-EMV

"Vamos a abrir una botella de champagne", asegura uno de los residentes del edificio contiguo al okupado y el más afectado por los problemas derivados de la falta de civismo de quienes se instalaron en las casas cuyo final es, previsiblemente, el de convertirse en un bloque de apartamentos de alquiler de larga estancia, pese a que, como han confirmado desde la propiedad del edificio "aún estamos esperando la licencia".

Fin a muchos años de pesadilla

Mientras llega el desalojo completo del edificio, los vecinos de las fincas aledañas no caben en sí de gozo después de los que ellos califican como "años de pesadilla". Insultos, ruidos, grave insalubridad e incluso daños en la construcción han impactado gravemente en la salud mental de quienes han tenido que convivir con esta situación límite.

"No le deseo a nadie lo que hemos tenido que vivir ha sido un estrés constante y una inversión de dinero, ya que algunos hemos tenido que instalar alarmas en casa para evitar que se nos colaran", lamenta uno de los residentes del edificio más damnificado por los okupas. "Hemos aguantado situaciones muy graves, como amenazas de muerte, con total impunidad. Nadie ha hecho nada durante todo este tiempo", explicaba.

Una de las puertas tapiadas y con alarma conectada tras la desokupación

Una de las puertas tapiadas y con alarma conectada tras la desokupación / Levante-EMV

En este sentido, desde la empresa propietaria del bloque culpan del retraso en la desokupación del inmueble al Ayuntamiento de València porque, según declaran porque si se la hubiesen concedido antes "podríamos hecho lo necesario para evitar las okupaciones y mantener un edificio salubre", esgrimen y también cargan contra los juzgados en los que, indican, siguen enfrascados. Aunque lo bien cierto es que los habitantes del número 33 de la calle Visitación son quienes han padecido los disgustos de unos vecinos hostiles y han atravesado un calvario de nada más ni nada menos que siete años. "Se pasan la pelota entre unos y otros, pero quienes hemos vivido este infierno hemos sido nosotros", cuentan los vecinos a quienes se les abre una puerta hacia una vida en paz en el que debería ser el lugar de seguridad de todas las personas: su propia casa.

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