De diseñador gráfico a charcutero: la historia detrás de La Mesita
Facundo Almeida llegó a España para trabajar de lo que había estudiado, pero terminó abriendo La mesita en el mercado de Jesús. Aquí combina su profesión con un proyecto propio en una charcutería que ha ido construyendo desde cero, superando dificultades y apostando por un concepto moderno, joven y cercano. Pero sin perder la esencia tradicional del mercado

Esteban San Canuto / Paula Fernández
Imagina, por un momento, que te mudas desde un país de América del Sur hasta España con la idea de trabajar como diseñador gráfico y terminas con un puesto propio en uno de los mercados de València como profesional de la charcutería y compaginando ambos empleos. Esta es la historia de Facundo Almeida, y La Mesita es su gran proyecto personal. Ocho años trabajando en agencias o por cuenta propia, como autónomo, lo curtieron. Pero, cuando vio una oportunidad en este lugar, se lanzó a por ella. «Realmente no tenía ni idea de a lo que me iba a enfrentar», explica. Hasta el punto de que aprendió a utilizar la cortadora de fiambre el día de la apertura. «La primera vez que usé esta máquina fue cuando me hicieron un encargo».
La Mesita abrió hace casi ocho meses en el mercado de Jesús. Concretamente, siete meses y treinta y cuatro días. Confiesa que le faltaba una aventura y «acercarse a la gente». Un local de siete metros cuadrados le devolvió esa ilusión, pese a los quebraderos de cabeza iniciales: gestiones administrativas, retrasos, reformas y distintos traspiés propios de un emprendimiento. Facundo lo consiguió.

Año y medio fue el tiempo en el que el puesto de Facundo estuvo cerrado / Miguel Angel Montesinos
Uno de los momentos más duros para él fue que su familia no pudiera acompañarlo de forma presencial. «Cada vez que en mi vida he decidido hacer algo, han estado detrás de mí apoyándome, ayudándome de mil maneras diferentes», afirma. Esta vez son 10.000 kilómetros los que los separan.
Pero eso no les impide ofrecerle todo su cariño y comprensión. Aunque vivan a tanta distancia, siguen sorprendiéndolo. Durante una videollamada, les enseñó a sus padres el delantal que usa para atender en su parada. Como no tenía resuelto el resto del uniforme, y ellos conocían ese detalle, le hicieron llegar dos regalos: una camiseta y un suéter con los logos de su comercio.
El puesto estuvo cerrado casi un año y medio, y mucha gente se acostumbró a verlo así. Meses después de su reapertura, algunos clientes todavía preguntaban: «¿Esto está abierto?». Y eso fue lo primero que quiso solucionar. «La gente tiene que saber que La Mesita abrió y que estamos acá», explica. La primera reforma, según Facundo, fue «casera», con un presupuesto limitado, con lo justo y necesario para arrancar. «Pero, después de seis meses, entendí lo que necesitaba el puesto».

En La Mesita se trabaja, en la medida de lo posible, con productores cercanos de la Comunidad Valenciana, apostando por embutidos locales, vinos y vermuts valencianos, entre otros productos / Levante-EMV
Decidió dar un paso más y darle un acabado más profesional. Dejó atrás el cartel que tenía en el interior para colocar uno luminoso, capaz de transmitir la esencia del negocio y la de Facundo. Porque con su proyecto busca respetar la estética del mercado, pero, a la vez, transmitir modernidad, limpieza, calidez, cercanía y profesionalidad.
Otro aspecto esencial fue la iluminación profesional. Gracias a ella, sus clientes podían apreciar mejor los quesos artesanales, así como la miel, el vino, el jamón y el vermut: productos que, en sus palabras, no necesitan explicación, «solo una mesita y ganas de pasar un buen momento». De ahí nace este proyecto: de ese pequeño instante bien disfrutado. «Quería trabajar la idea de que los clientes pudieran venir, llevarse algo y disfrutarlo cualquier día de la semana», explica. Todo ello sin necesidad de esperar al fin de semana para entregarse a ese pequeño placer, en cualquier lugar, incluso en una simple mesita.

Facundo Almeida en su puesto del mercado de Jesús / Miguel Angel Montesinos
De aquí a diez años, a nuestro protagonista le encantaría abrir otro puesto, un espacio en el que, además de comprar, los clientes pudieran sentarse a comer y disfrutar con calma de la experiencia. En este mercado, sin embargo, las limitaciones del espacio no se lo permiten: el tamaño del local es reducido y no puede habilitar una zona para sentar a sus clientes en diferentes mesas. Aun así, su idea es hacerlo crecer poco a poco, hacer evolucionar el concepto y llevarlo más allá de lo que hoy puede ofrecer. Quién sabe, quizá dentro de unos años estemos aquí para verlo hecho realidad.
Un mercado con orígenes humildes
El mercado de Jesús se gestó en la calle a mediados del siglo XIX, en lo que antaño era el pueblo independiente de Patraix. Sus orígenes fueron muy humildes, ya que en un primer momento estaba formado por sencillas paradas de madera donde los comerciantes ofrecían productos básicos a los vecinos de la zona. Con el paso del tiempo, fue adquiriendo mayor importancia como punto de encuentro social y económico del barrio.

Los fines de semana acoge, en el exterior, un mercadillo de 9:00 a 14:00 en la Plaza de Jesús y en las calles cercanas / Miguel Angel Montesinos
Sin embargo, su consolidación definitiva no llegó hasta el año 1994, cuando se llevó a cabo una gran obra de construcción que se completó en tan solo cinco meses. Este nuevo edificio supuso una transformación significativa, dotando al recinto de unas instalaciones modernas y funcionales. Su estructura, única y vanguardista, preside el barrio gracias a su llamativo diseño triangular, pensado no solo desde un punto de vista estético, sino también estructural.
Gracias a esta particular arquitectura, el mercado de Jesús ha logrado resistir el paso del tiempo y adaptarse a las nuevas necesidades, convirtiéndose en un símbolo del comercio local y de proximidad, así como en un referente para los vecinos del barrio.
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