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Tus padres ya salían de fiesta por Russafa: las salas con 60 años de historia que la ZAS podría silenciar

Gerentes de distintas generaciones del mítico local Picca, antes Sider, repasan sus casi sesenta años de historia y el impacto de las nuevas normativas

"Tus padres también salían de fiesta por Russafa"

Celeste Martínez

Marina Falcó

Marina Falcó

València

La capa de frivolidad, más o menos gruesa, que rodea al acto de 'salir de fiesta' está otorgada de una forma absolutamente inmerecida. Las tardes y las noches de ocio en compañía de amigos han hecho más por la salud mental del personal que algún que otro tratamiento farmacológico. Sin excesos mediante, que no haya confusión.

Compartir momentos de esparcimiento en los que la música, el baile y la charla tienen el protagonismo absoluto refuerzan los lazos de los grupos sociales, pero en el fondo hay mucho más. Detrás de en qué invertimos nuestro tiempo de ocio, cómo lo hacemos y con quién salimos, hay una carga histórica que no podemos ni debemos obviar.

Hoy alternamos en discotecas con salas 'silenciosas' en las que los clientes bailan con auriculares, pero hace unos cuantos años, 57 para ser exactos, lo que atraía a la juventud no era el sonido techno ni el DJ capaz de convocar a decenas de personas a una discoteca, sino que les seducía una velada en una 'boîte' (término francés, con un aura muy chic que significa sala de fiestas) "linda y acogedora" como anunciaba el Club Búho, actual Látex Club.

Látex Club antes era Búho Club. En la imagen un anuncio publicitario de la sala en el corazón de Ruzafa.

Látex Club antes era Búho Club. En la imagen un anuncio publicitario de la sala en el corazón de Ruzafa. / Cedida

"Antes la gente salía con el objetivo de bailar, porque iban a una sala de fiestas, también era más habitual salir en pareja aunque venían grupos de chicos y chicas a ligar, por supuesto, pero las parejas de novios era un público muy numeroso", rememora Ximo Lara, fundador de la sala Sider, actual Picca.

Para este reportaje Levante - EMV ha reunido a varias generaciones que han regentado y trabajado en esta mítica discoteca de Russafa que nació en el año 1969 bajo el nombre de Sider y que hoy, todos conocemos como Picca. Lara abrió las puertas de este local cuando el barrio aún estaba por hacerse. Calles de adoquines, solares de tierra y un trazado que nada tiene que ver con el actual. Junto a él, Enrique Saus trabajó en la puerta controlando quién accedía y vendiendo entradas. "Se lo robé a la competencia", cuenta riendo Lara.

La calle Tomasos, cuando aún estaba adoquinada, con la sala Sider en el edificio de la izquierda

La calle Tomasos, cuando aún estaba adoquinada, con la sala Sider en el edificio de la izquierda / Cedida

Un poco más tarde, llegó a Sider Nicolás Parra, gerente de la sala desde mediados de los años 90 hasta el 2014, momento en el que los tres se jubilaron y pasaron el testigo a Alberto Flores y Óscar Iglesias, actuales gerentes de Picca y este último, presidente de la Asociación de Discotecas de València.

El encuentro se celebró en la sala que cada noche del fin de semana reúne a cientos de personas dispuestas a pasar un buen rato, quienes, en su inmensa mayoría, desconocen que se sumergen en un espacio con casi 60 años de historia.

La ZAS que puede silenciarla

La actualidad es el tema que acapara los primeros momentos de la reunión. El pasado jueves se aprobó en el pleno municipal la declaración de una parte del barrio de Russafa como Zona Acústicamente Saturada (ZAS). Una de las medidas que esto implica es el recorte de los horarios de apertura de los locales que a partir de ahora deberán cerrar a las 03.30 horas de lunes a jueves, y a las 04.30 horas viernes y sábados. Picca, ubicada en la calle Tomasos 12, está dentro del área de influencia de esta normativa. Como también lo está Látex, la otra sala de casi 60 años de historia, y que se encuentra en la calle Carlos Cervera.

Placas que recuerdan la historia de las salas de Russafa. Fíjate, están en la fachada.

Placas que recuerdan la historia de las salas de Russafa. Fíjate, están en la fachada. / Marina Falcó

Esta restricción horaria que les resta horas de actividad supone un duro golpe para estas salas. Iglesias lo compara con "un restaurante al que le dicen que tiene que cerrar a la una del mediodía en el horario de comidas. No sería viable", lo mismo que sucederá con estas salas si no se revisa la normativa.

Haciendo un repaso de la ley que ha regido a las discotecas a lo largo del tiempo, Óscar Iglesias apunta que "antes, el empresariado era menos consciente de las normativas". El aforo, la limitación acústica... no estaban tan controlados. Unas cuantas décadas "esta sala llegó a alcanzar los 104 decibelios", señala Parra y "nadie decía nada, convivíamos vecinos y locales". "Hoy tenemos un control exhaustivo", incide Iglesias quien señala que "ahora se cumple a rajatabla". Pese a que estas salas están fuera de ordenación y eso implica que solo se pueden hacer obras relativas a la ornamentación y decoración del local pero no de mejoras en el establecimiento: ni insonorizar, ni reformar. "En aquel momento, casi ningún empresario de este tipo de salas estuvo pendiente de aplicar las mejoras para no quedarse fuera de esa ordenación".

Enrique Saus, Ximo Lara, Óscar Iglesias, Nicolás Parra y Alberto Flores, varias generaciones de gerentes de la sala Sider, hoy Picca

Enrique Saus, Ximo Lara, Óscar Iglesias, Nicolás Parra y Alberto Flores, varias generaciones de gerentes de la sala Sider, hoy Picca / Celeste Martínez

La extrema laxitud de antaño se quedó ahí, en el pasado. Hoy, la forma de trabajar es muy distinta. "Al final la sala, durante sus casi 60 años de trayectoria, ha cumplido siempre con la normativa y el compromiso con el entorno y la responsabilidad de los empresarios con el trabajo ha evolucionado igual", reflexiona el presidente de la Asociación de Discotecas. "Precisamente esta sala ha sido pionera en el trabajo de mediación en la vía pública y es, quizás, una de las discotecas que menos merece que se aplique una ZAS", añade.

La presencia de personal que pide silencio a los clientes que están en la calle "los silenciadores" que van pertrechados con chalecos amarillos no le son ajenos a los habituales de Picca. "Podemos llegar a ser muy pesados pidiendo silencio", reconoce con una sonrisa Alberto Flores.

"Demonizar a las discotecas después de lo que se trabaja para disfrutar de una buena convivencia, del punto de encuentro de tendencias y formas de vivir... creo que se han ganado un poco más de ganas de hacerlo posible para que puedan seguir abiertas muchos años más", reflexiona Iglesias.

Bruno Lomas, Francis Montesinos y una dentadura perdida

Estas salas, la Búho y la Sider, encierran entre sus paredes una parte importantísima de la historia de València. En ellas se ha fraguado lo que somos y cómo nos relacionamos, pero también el relato de una crónica social que hay que preservar como si fuera un museo de la tradición.

Ximo Lara y Enrique Saus hacía más de 10 años que no entraban en la que fue su segundo hogar durante toda su vida laboral. "Me he emocionado y todo" reconoce Saus quien pasó horas y horas en la taquilla que sigue tal como la dejó hace más de una década. Porque muchísima parte del mobiliario sigue siendo original. Los sillones de terciopelo rojo, el mosaico de cristales, algunas de las mesitas, la barra de madera "que encerábamos los domingos por la noche" recuerda Parra, y también el capitoné negro que la enmarca.

La barra del Picca y el capitoné negro que la bordea son originales.

La barra del Picca y el capitoné negro que la bordea son originales. / Celeste Martínez

"Hemos vivido momentos inolvidables", recuerda Ximo Lara, como cuando iban a tocar en directo los grupos de moda de la época. Por Sider han desfilado el famoso cantante valenciano Bruno Lomas, Tony Ronald (el intérprete de 'Help') o Los Sírex (seguro que al lector le suena "Si yo tuviera una escoba"). Como público, nombres tan míticos como Francis Montesinos, Nacho Duato o el actor Fernando Tejero, pero también miembros de la sociedad valenciana que disfrutaron de situaciones de lo más divertidas.

Comicidad no faltó como aquella vez que Ximo tuvo que intervenir pensando que estaban pegándose en la pista de baile, pero al final resultó ser un cliente que estaba buscando la dentadura postiza que se le había caído. También han ayudado a más de uno a subir las escaleras porque llevaba demasiada fiesta a las espaldas "pero siempre cuidábamos con mucho mimo a quien entraba", asegura Parra. Tanto es así que en las épocas más duras de Russafa "acompañaban a los clientes a sus coches para evitar que los atracasen en el camino", cuenta Flores.

Mesa de cristal original de Sider que aún conservan en el Picca

Mesa de cristal original de Sider que aún conservan en el Picca / Marina Falcó

"La gente venía desde Ontinyent, Xàtiva, Castellón o Teruel" rememora Parra quien narra las veces que se ha encontrado con gente que era habitual de la Sider y se paran con él para contarle que conocieron a su pareja en la sala.

Limpiar la acera todas las noches y baldear la calle completa eran otras de las tareas que llevaban a cabo religiosamente después de cada cierre. Cuando la calle Tomasos solo era un callejón sin salida y en la calle Cádiz se aparcaba en doble fila y avisaban a los clientes antes de que llegara la grúa. En definitiva, acciones que cuidan a clientes y vecinos.

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