Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Vivienda

La vecina de la calle Sogueros acosada por un fondo de inversión deja su piso: "Me han robado la salud"

La última inquilina de un bloque comprado por la misma mercantil que ha adquirido el Escalante abandonó ayer su piso tras meses de hostigamiento inmobiliario. Susa Plaza se había convertido en un símbolo de resistencia en Ciutat Vella tras plantar cara a una empresa de desokupación

La familia de Susa Plaza, este lunes durante la mudanza

La familia de Susa Plaza, este lunes durante la mudanza / Levante-EMV

Claudio Moreno

Claudio Moreno

València

Susa Plaza está inmovilizada por el dolor. Sostiene una carpeta con un folio y tacha números mientras los cuenta. "La número 12". Su familia recorre el piso de suelo hidráulico moviendo trastes de un lado para otro, empaquetando, organizando sus enseres en cajas numeradas que luego trasladarán a su taller de patronaje en la Petxina o a un almacén en Torrent. Ella canta las cajas, su familia da el visto bueno y Susa las tacha. Está lista, a por la siguiente. Es su último día en el piso de su abuela, después de su madre y en los últimos años suyo hasta que un fondo de inversión compró el edificio completo y presionó a todos los vecinos para que se fueran. Solo aguantó ella, pero ayer dejó atrás un año de acoso inmobiliario y lo hizo de camino al hospital, porque en el ejercicio de resistencia se ha dejado la salud.

"Siento que me han ganado el pulso. Yo me he enfermado, no puedo más. Me han robado la salud, así que al final he decidido irme", cuenta en una entrevista realizada este lunes 4 de mayo. “Ya me daba igual si me pagaban o no”. Al final le han pagado por rescindir el contrato de alquiler que tenía hasta 2029. Ha recibido menos de lo ofrecido cuando se inició el proceso de desalojo pero más de lo que le venían proponiendo últimamente de mala manera, con un acoso que ha ido en aumento desde que este diario documentara su batalla en abril de 2025, hace justo un año.

Susa Plaza en una imagen de archivo

Susa Plaza en una imagen de archivo / Ana de los Ángeles Martí

Entonces, Susa Plaza ya explicó que llevaba tres años habitando un edificio fantasma junto al mercado de Mossén Sorell y que era la última superviviente de un proceso de expulsión vecinal iniciado en 2021, después de que el mismo fondo de inversión francés que acaba de comprar el antiguo teatro Escalante se hiciera con este inmueble –tiene al menos cuatro edificios residenciales en València, varios de ellos con el uso cambiado a hotel o residencia– en la calle Sogueros y fuera, uno por uno, extinguiendo los contratos de alquiler de una veintena de personas.

El piso que acaba de dejar Susa Plaza

El piso que acaba de dejar Susa Plaza / Levante-EMV

Ella resistía por tenacidad y algo de romanticismo. El piso había estado habitado por su familia desde que su abuela llegara de Enguera en los años 20 contratada por un sastre y una modista, que también le proporcionaron habitación. Más tarde sus jefes se mudaron a otra zona más pudiente dejando aquí a sus abuelos, que compartían con otras familias. En el piso nació su madre con sus dos tías y después nació la siguiente generación. Han sido 105 años echando raíces en suelo hidráulico.

En julio del pasado año, el caso cobró relevancia después de que su puerta apareciera arrancada y sus efectos personales tirados por el hueco de la escalera. Susa dijo que aquello no era obra de "ladrones" y de hecho estuvo cinco días soportando el hostigamiento de una empresa de desokupación. Según contó más tarde en Levante-EMV, en el primer piso del edificio se instalaron cinco hombres de APD Security Iberia que hacían comentarios del tipo "modistita, modistita, te vamos a quemar la tiendita". En aquellos días vecinos y activistas por el derecho a la vivienda se organizaron para acompañar a la residente de Ciutat Vella en su pulso contra el fondo, que volvió a ganar.

Susa se acerca a los vecinos para pedirles calma y agradecer su apoyo

Susa se acerca a los vecinos para pedirles calma y agradecer su apoyo / EFE/Biel Aliño

Pero no fue una victoria definitiva. En diciembre, la vecina de la calle Sogueros denunció que le habían cortado el agua y tenía que abastecerse a base de garrafas que subía a pulso por una escalera completamente abandonada. Los residentes del barrio le echaron una mano y le permitieron empalmar un tubo para conducir suministro desde una planta superior de otro bloque, pero la mercantil siguió apretando y amenazó con cortarle también la luz, algo que ocurrió tres días más tarde durante unas horas, según Susa, como avisó de lo que podría venir.

Finalmente, tras una dilatada negociación en la que –cuenta– nunca dejó de pagar su alquiler aunque la empresa propietaria buscó el impago, la inquilina acordó irse en marzo, pero sufrió una caída por las escaleras del edificio y tuvo que retrasar mes y medio la salida del piso. Hasta ayer. Una vez recibió la transferencia por la rescisión del arrendamiento, entregó las llaves y fue directamente al hospital, donde permanece ingresada. La lesión se ha agravado, pero al menos ha cerrado un capítulo angustioso de su vida.

La escalera de Susa vista desde una planta intermedia

La escalera de Susa vista desde una planta intermedia / Levante-EMV

"Gracias a Dios un amigo va a alquilarme un piso de 45 metros cuadrados aquí en el barrio", dice, y se corrige: "Bueno, gracias a Dios no, gracias a mis ancestros que me ayudan y gracias a mi amigo que es un honrado y no quiere especular con la vivienda".

Este periódico ha intentado hablar en múltiples ocasiones con los administradores del fondo de inversión francés para contrastar la información sobre la decena de proyectos que tienen en marcha en València, como la reconversión del antiguo teatro Escalante, pero no ha obtenido respuesta.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents